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¿Por qué se festeja el día de la bandera? (Argentina)

Hace 81 años, en una casa de Barrio Norte, un grupo de jóvenes se propuso regalarle a Buenos Aires una gran bandera, como homenaje a Manuel Belgrano

MARTES 20 DE JUNIO DE 2017 • 18:05
Alrededor del obelisco, que se había inaugurado pocas semanas antes, los estudiantes formaron los rayos del sol. El acto se inició a las tres de la tarde, coincidiendo con la hora de la muerte del prócer
Alrededor del obelisco, que se había inaugurado pocas semanas antes, los estudiantes formaron los rayos del sol. El acto se inició a las tres de la tarde, coincidiendo con la hora de la muerte del prócer. Foto: Archivo
En mayo de 1936, en tiempos en que la construcción del obelisco avanzaba en el centro de la ciudad, la avenida Corrientes se ensanchaba y se iniciaban las obras para la formación de la avenida 9 de Julio, diez hombres se reunieron en Ecuador 1250, entre Charcas y Mansilla. Nos referimos a los integrantes del Comité de la Juventud: Luis Agote Robertson (hijo del doctor Luis Agote), Gervasio y Daniel Videla Dorna, Raúl y Alfredo Etcheverry, Ricardo Alberdi (el dueño de casa), Luis María Ferraro, Ramón Oscar Castilla, Carlos Rojas Torres y Jorge Seré.

La convocatoria se relacionaba con una molestia general debido a un enfrentamiento que había ocurrido en el centro de la ciudad entre dos bandos que portaban la bandera argentina. Como las cuestiones que se dirimían eran de política extranjera, la enseña creada por Manuel Belgrano terminó siendo protagonista de hechos ajenos a nuestra soberanía.

Los convocados deseaban realizar un homenaje de desagravio al pabellón. Con ese fin, resolvieron encargar una gran bandera (de quince metros de largo) a la Casa Vaca, ubicada en Pellegrini entre Santa Fe y Arenales. Asimismo, consiguieron que el Arsenal de Guerra del Ejército les armara un cofre cuadrado de 2,30 metros por lado, cuyas manijas de bronce se hicieron con cañones que usó Belgrano en el Alto Perú. Para pagar la bandera y el cofre organizaron una colecta entre amigos. El entusiasmo de todos superó las expectativas. Una vez que recibieron la bandera y el cofre, los entregaron a la Municipalidad.

El intendente Mariano de Vedia y Mitre dispuso que se llevara a la Catedral y se depositara en el mausoleo del general San Martín, custodiada por los granaderos. El viernes 19 de junio fue trasladada en una cureña a la basílica de Nuestra Señora del Rosario y convento de Santo Domingo, en Belgrano y Defensa. Allí, en un acto solemne y multitudinario, recibió la bendición por parte del arzobispo primado de Buenos Aires, cardenal Santiago Luis Copello. Luego, fue restituida a la Catedral.

A las 6:40 del sábado 20 de junio (aniversario de la muerte de Manuel Belgrano), fue transportada en la cureña hasta la Plaza de la República, junto al obelisco. Cuando el reloj marcó las 7:06, hora de la salida del sol, se izó la bandera donada por los jóvenes. Allí quedó flameando, a la espera del acto central.

Los estudiantes se dispusieron en filas que convergían en el obelisco, simulando treinta y un rayos para formar un sol viviente. Sobre la avenida Corrientes y la Diagonal Norte, hacia el Palacio de Tribunales, se ubicaron más jóvenes. Portaban pañuelos: celeste los varones y blancos las mujeres.

Asistieron el presidente Agustín P. Justo y la primera dama, Ana Bernal; los ministros, el intendente porteño y demás autoridades. Actuaron como padrinos María Beatriz Videla (alumna de la Escuela de Comercio Manuel Belgrano) y José V. Victorica (del Colegio Nacional Belgrano). A las tres de la tarde se inició el acto con repique de campanas. Luego de los discursos, se arrió la bandera y quedó depositada en custodia, en el Palacio Municipal.

Al año siguiente, el domingo 20 de junio, se repitió la ceremonia. Pero esta vez, en el mástil de la Plaza de Mayo. La novedad de la jornada fue que el presidente Justo izó la bandera donada. Al día siguiente, el Poder Ejecutivo envió al Congreso un proyecto de ley para que se declarara al 20 de junio, “Día de la Bandera”. Por lo tanto, ya llevamos 79 años, a partir de 1938, celebrando el día de uno de nuestros preciados símbolos nacionales.

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1º de Mayo: Dia Internacional del Trabajador ¿que decían los diarios anarquistas?

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Hoy se recuerda un nuevo aniversario de la lucha de los mártires de Chicago, pero más allá de acercarnos al proceso de una efeméride, ¿que decía un diario anarquista tucumano sobre este día?. Les traemos una publicación realizada por José Saravia en su página Anarquistas en Tucumán en facebook. Aquí el epigrafe

Llamado publicado en el periódico El Trabajo, órgano de la Agrupación Armonía (los anarco-bolcheviques tucumanos vinculados a la Alianza Libertaria Argentina), en el mes de Abril de 1924, con motivo el venidero Día Internacional de l@s Trabajador@s.

A 35 años de Malvinas, las historias de los 23 tucumanos que fallecieron

Sus rastros quedaron desperdigado por la geografía tucumana y por otros rincones del país. A 35 años del inicio de la guerra, es tiempo de rescatar esa memoria.

Pasan los años y los recuerdos van borrándose. Ya son 35 desde que se abrió la herida de Malvinas, guerra que se cobró 649 vidas argentinas. Entre esos caídos había 23 tucumanos. Las preguntas se acumulan: ¿quiénes eran? ¿En qué rincón de la provincia nacieron? ¿Qué fue de su infancia, de su adolescencia, de su juventud? ¿Cuáles eran sus ideas, sus aspiraciones sus sueños? Esos tucumanos eran hijos, hermanos, amigos, en varios casos esposos, y también padres. ¿Quién los recuerda? ¿Cómo? ¿Cuál es su legado?

El primer dato es sorprendente: los 23 murieron a bordo del Crucero Belgrano. No hubo tucumanos caídos en las islas. Ninguno fue víctima de las balas inglesas, no hay tumbas en el cementerio de Darwin que remitan a Tucumán; todos sucumbieron ante los misiles del submarino aquella madrugada de horror y tragedia. Por eso no hay cuerpos, los muertos se hundieron junto con el Belgrano. Salvo, quizás, el de Miguel González. El féretro que reposa en Monteagudo puede entregar alguna sorpresa. Jamás lo abrieron.

El desafío periodístico, irresistible, quedó planteado: investigar caso por caso, rastrear a los 23, encontrar a sus familias. Muchas quedaron enraizadas en el interior -profundo y rural- de la provincia. Otras levantaron vuelo y se radicaron muy lejos. La tecnología ayudó a acelerar los contactos, pero la naturaleza del tema, tan delicada, impuso el cara a cara. Por medio de esos diálogos, pausados y reflexivos, las memorias empezaron a fluir. Primero con datos, después con anécdotas, al final con aperturas absolutas de los corazones. Aparecieron las fotos, las medallas, los objetos y las preciadas cartas.

Narrar las 23 historias demandó sumergirse en el clima de la época y traerla a este presente, tan distante, tan diferente. Para conocer, para descubrir, para comprender. Y, sobre todo, para mantener viva la memoria.

Los 23: sus hogares natales, sus historias

Víctor Antonio Nieva / AGUILARES

Juan Carlos Reguera /TARUCA PAMPA – BURRUYACU

Oscar Quipildor / TAFÍ VIEJO

Miguel González / MONTEAGUDO – SIMOCA

Francisco Alfredo Gálvez / CAPITAL

Claudio Nieve Condorí / RODEO GRANDE – TRANCAS

José Alberto Romero / BELLA VISTA

Juan Edelmiro Barrionuevo / MONTAÑITA – FAMAILLÁ

Juan Rolando Galván / RÍO SECO

José del Carmen Orellana / SAUCE HUACHO – GRANEROS

Marcelino Guerrero / TALA POZO – BURRUYACU

Jorge Luis Vélez / SIN DATOS

René Antonio Escobar / LAS TALITAS

Manuel Alberto Medina / SIN DATOS

Enrique Maciel Talavera / FAMAILLÁ

Omar Madrid / SIN DATOS

Ángel Ricardo Juárez / LA FAVORINA – CRUZ ALTA

Néstor Corbalán / LA POSTA – LA COCHA

Mario Luis González / ATAHONA – SIMOCA

Roque Ramón Quintana / SANTA ROSA DE LEALES

Miguel Roberto Paz
/ CAPITAL

Mario Enrique Flores / CÓRDOBA

José Humberto Rodríguez / TRANCAS

Los hechos

– La guerra entre Argentina y Gran Bretaña se desarrolló del 2 de abril al 14 de junio de 1982. Murieron 649 argentinos.

– El 2 de mayo de 1982, dos misiles disparados por el submarino nuclear Conqueror hundieron al Crucero ARA General Belgrano en el Atlántico sur. Murieron 323 tripulantes.

– El Belgrano había servido en la Armada de EEUU durante la Segunda Guerra Mundial con el nombre de Phoenix. Adquirido por Argentina, se incorporó a la Marina el 9 de abril de 1951.

http://www.lagaceta.com.ar/nota/724283/actualidad/destino-heroes-historias-23-tucumanos-murieron-malvinas.html

¿De que murió San Martín?

Hoy 17 de Agosto, se celebra un nuevo aniversario de la muerte del gral. San Martín, y ante noticias de distinto porte que implican la política y algunos yerros importantes en el recordatorio de esta fecha, nos decidimos a compartir con ustedes la que van a leer a continuación:

De qué murió San Martín

Mucho se ha hablado de las enfermedades del Libertador y, en los años de la Campaña de los Andes, varios amigos temieron por su vida. Pero el general murió mucho después, a los 72 años, edad bastante avanzada para la época

Esta es la única fotografía de San Martín, un daguerrotipo tomado en 1848, cuando tenía 70 años
Esta es la única fotografía de San Martín, un daguerrotipo tomado en 1848, cuando tenía 70 años

Fue el 17 de agosto de 1850, a las tres de la tarde. Aunque la salud de San Martín estaba resentida en los últimos tiempos, para su médico personal, su hija Mercedes y su yerno Mariano Balcarce su fallecimiento fue sorpresivo. Esa misma mañana se había levantado y hasta había almorzado con ellos. Pero repentinamente se sintió muy mal. El desenlace fue muy rápido.

¿Qué había pasado? El certificado de defunción nada dice de las causas de su fallecimiento; tampoco se han conservado constancias médicas de los profesionales que lo atendieron a lo largo de su vida, en América y en Europa.

Por otra parte, el estado de la ciencia médica en aquellos tiempos hace que las deducciones sobre las enfermedades que padeció deban basarse en los testimonios –los del propio San Martín y los de terceros- sobre sus síntomas. No existía la radiografía ni el estudio bacteriológico. El estetoscopio fue inventado por Laennec recién en 1817.

San Martín padeció tres dolencias crónicas: asma, gota y úlcera

Lo que se expone a continuación son las conclusiones del doctor Mario S. Dreyer, volcadas en el libro Las enfermedades del general don José de San Martín (Academia Nacional de Ciencias, 1982).

Mario Dreyer, médico del hospital de Clínicas y profesor en la UBA, reconstruyó la historia clínica de San Martín
Mario Dreyer, médico del hospital de Clínicas y profesor en la UBA, reconstruyó la historia clínica de San Martín

San Martín padeció varias dolencias crónicas, graves por sus síntomas –en especial dolores agudos, por momentos invalidantes-, pero que no implicaban riesgo inmediato de vida. Básicamente fueron tres: asma, gota y úlcera, siendo esta última la más probable causa de su muerte.

Es interesante notar que en las tres afecciones citadas tienen una fuerte incidencia los factores psicosomáticos: son todas dolencias que se ven agravadas, cuando no directamente desencadenadas, por el estrés; no hace falta abundar en los muchos motivos que tuvo San Martín a lo largo de su vida para hacerse “mala sangre”.

Pese a ello, no puede decirse que fuese una persona de mala salud. Sirvió en el ejército español desde la temprana edad de 12 años, hizo vida de militar durante mucho tiempo -con las incomodidades y rigores que ello implica-, estuvo en el campo de batalla en varias ocasiones, y sólo en una ocasión tuvo que solicitar unos días de reposo, posiblemente por las primeras manifestaciones del asma. En otra ocasión, haciendo de correo, fue atacado por salteadores de caminos de los que debió defenderse con la espada y que lo hirieron en el brazo y en el pecho.

Todo ello fue superado y, a su llegada al Río de la Plata, con 34 años y una larga carrera a cuestas, su activismo no disminuyó; todo lo contrario.

No es casual que la primera manifestación de la úlcera –el vómito de sangre- haya tenido lugar en Tucumán, en abril de 1814, cuando San Martín estaba a cargo del Ejército del Norte, un puesto que había aceptado por disciplina pero que no deseaba y que creía inconducente a los fines de concluir la guerra de Independencia.

Rubén Stella interpreta a San Martín en “El general y la fiebre” (1992), film que reconstruye la estadía del futuro Libertador en Saldán
Rubén Stella interpreta a San Martín en “El general y la fiebre” (1992), film que reconstruye la estadía del futuro Libertador en Saldán

Fue en aquella oportunidad que San Martín se retiró a una estancia en Saldán (Córdoba) para recuperarse de aquel primer ataque (que por entonces no era diagnosticado como úlcera, sino que se hablaba de “ataques de sangre”) y allí es donde recibe a Juan Martín de Pueyrredón –futuro Director Supremo- y termina de coordinar con él el plan para instalarse en Mendoza y desde allí organizar la Campaña de los Andes. Es por eso que muchos historiadores pusieron en duda la gravedad de su dolencia; y su existencia misma.

El padecimiento existió  –y en lo sucesivo se manifestará una y otra vez en crisis recurrentes, alternadas con períodos de remisión, sin síntomas, como sucede con la úlcera-, lo que no obsta que el general se haya servido de eso para acelerar su salida del Ejército del Norte y su pase a Cuyo.

Preveo muy pronto el término de la vida apreciada de nuestro general (Zapata, cirujano del Ejército de los Andes)

En enero de 1816, San Martín le escribía a Tomás Godoy Cruz, diputado al Congreso de Tucumán: “Un furioso ataque de sangre y en su consecuencia una extrema debilidad me han tenido 19 días postrado…”

Uno de los médicos que lo atendía, el cirujano del Ejército de los Andes,Juan Isidro Zapata, llegó a escribirle en julio de 1817 a Tomás Guido, amigo de San Martín, una carta alarmante: “Preveo muy pronto el término de la vida apreciada de nuestro general, si no se distrae de las atenciones que diariamente le agitan, a lo menos el tiempo necesario para reparar su salud, atacada ya por el sistema nervioso”.

“El cerebro –sigue diciendo Zapata-, viciado con las continuas imaginaciones y trabajos comunica la irritabilidad al pulmón, al estómago y a la tecla cerebral, de donde resulta la hematoe o la sangre en la boca, que si antes fue traumática o por causa externa, hoy es por lo que he dicho. El mismo origen tienen sus dispepsias y vómitos, sus desvelos e insomnios y la consunción que va reduciendo su máquina. Empeñe usted toda su amistad para que este hombre todo del público se acuerde alguna vez de sí mismo y que dejando de existir no serviría ya a esa patria para quien debe vivir (…)”

Como se ve, aunque Zapata se hace eco de la versión de que las hemorragias de San Martín se debían a las heridas de aquella pelea en España –algo que varios testigos repiten-, también se muestra consciente del peso del factor emocional.

La casa de San Martín en Boulogne-sur-Mer, donde murió el 17 de agosto de 1850
La casa de San Martín en Boulogne-sur-Mer, donde murió el 17 de agosto de 1850

Dreyer, por su parte, descarta que los vómitos de sangre de San Martín hayan tenido origen pulmonar. La falta de diagnóstico preciso, llevó incluso a muchos autores a avanzar la hipótesis de que el vómito de sangre pudo deberse a una tuberculosis, la misma enfermedad que se llevó prematuramente a la tumba a su esposa, Remedios de Escalada.

Pero Dreyer sostiene que, en el caso de la úlcera, la hemorragia empieza y termina en forma brusca; y así son los ataques de San Martín. Por otra parte, no tuvo los otros síntomas de la tuberculosis –adelgazamiento extremo, por ejemplo-, y su rápida recuperación luego de los ataques así como su longevidad son incompatibles con esa enfermedad.

Yo me hallaba batallando con mi periódico dolor de estómago (San Martín)

El diagnóstico de la úlcera lo basa Dreyer en el hecho de que esta enfermedad tiene tres períodos: uno, de reposo, en el que no hay síntomas; un segundo, de actividad, con acidez y dolores cíclicos en la región superior del abdomen (pueden producirse cierto tiempo después de las comidas, a veces se alivian con la ingesta de nuevos alimentos, o bien son dolores ultratardíos, es decir varias horas después de comer, con frecuencia en medio de la noche); los períodos de gastralgia se alternan otros sin dolor; por último, la tercera etapa de la úlcera es la de complicación: cuando se produce la hemorragia o la perforación, lo que puede ser letal para el paciente.

En San Martín aparecen todas estas etapas, según el testimonio propio y de terceros. En correspondencia a Guido, en 1847, San Martín dice: “Yo me hallaba batallando con mi periódico dolor de estómago”.

Dreyer cree que la localización de la úlcera de San Martín era duodenal y no gástrica, por el hecho de que en la primera la incidencia del sistema nervioso es mayor, por el largo tiempo que la padeció (36 años) antes de que se presentasen las complicaciones fatales, y por los dolores ultratardíos (nocturnos); todas características de la primera localización.

La “fatiga de pecho”

Desde Mendoza, en medio de las agitaciones de la preparación del Ejército de los Andes, escribe a las autoridades: “…Hace tres meses, para poder dormir, debo estar sentado en una silla”. Aparecen así las referencias a la “fatiga de pecho”.

Dreyer afirma que efectivamente padeció asma. En el caso de San Martín, dice, es difícil identificar cuál era el origen y el alérgeno que la desencadenaba. Pero sí considera que era de origen exógeno. “Es más frecuente –escribe- que la otra forma clínica, el asma intrínseco, en que los alérgenos están cantonados en el mismo organismo”. Esto explica que los accesos de asma de San Martín, se hayan ido espaciando y que en Europa haya pasado mucho tiempo sin padecerla.

Sufría de vez en cuando ataques agudísimos de gota. Su médico lo inducía a un uso desmedido del opio (Guido)

Por entonces empieza también a manifestarse su tercera enfermedad crónica, que muchos testigos llaman reumatismo (el mismo San Martín usa esa palabra). En cambio, su íntimo amigo Tomás Guido, a quien Dreyer da la razón, es el único que habla de gota. En sus memorias, escribe: “A más de la dolencia casi crónica que diariamente lo mortificaba [se refiere a los trastornos digestivos], sufría de vez en cuando ataques agudísimos de gota, que, entorpeciendo la articulación de la muñeca de la mano derecha, lo inhabilitaban para el uso de la pluma. Su médico, el doctor Zapata, lo cuidaba con incesante esmero, induciéndolo no obstante, por desgracia, a un uso desmedido del opio, a punto de que, convirtiéndose esta droga, a juicio del paciente, en una condición de su existencia, cerraba el oído a las instancias de sus amigos para que abandonase el narcótico (de que muchas veces le sustraje los pomitos que lo contenían) y se desentendía del nocivo efecto con que lenta pero continuadamente minaba su físico y amenazaba su moral”.

En agosto de 1819, San Martín le escribía a Guido: “Ya estaría en Buenos Aires de no haber sido un diabólico ataque de reumatismo inflamatorio que me ha tenido once días postrado de pies y manos y sufriendo dolores agudos: ayer me levanté algo más aliviado”.

Esta enfermedad articular se le manifestó a partir de los 39 años; los factores desencadenantes fueron el frío, la fatiga y –una vez más- las preocupaciones. Los motivos para hablar de gota y no de reumatismo son las localizaciones del dolor: habitualmente las muñecas, las manos y los pies. También el hecho de que, luego de los ataques, recuperaba la movilidad articular y no había deformaciones. En la única fotografía de San Martín –el daguerrotipo tomado dos años antes de su muerte- se ve una de sus manos, sin deformidad.

En este daguerrotipo puede verse que San Martín no tenia deformidades en la mano
En este daguerrotipo puede verse que San Martín no tenia deformidades en la mano

Los intensos dolores que esta enfermedad le causaba en las articulaciones hacen que, a fines del año 1819, luego de enviar la célebre proclama -“Mi sable no saldrá jamás de la vaina por opiniones políticas”- por la cual se niega a obedecer las órdenes de reprimir con su Ejército a los caudillos federales, debe cruzar los Andes en camilla, ya que no puede montar. Sin embargo, poco tiempo después, recuperado y sin secuelas, partirá hacia el Perú.

En Europa, San Martín se hace asiduo de los baños termales, para aplacar los síntomas de la gota, una de las formas de artritis más dolorosas que se produce cuando se acumula demasiado ácido úrico en el cuerpo, lo que causa dolor, hinchazón y rigidez en la articulación. Más allá del estrés, otro factor era la dieta de los tiempos posvirreinales, ya que la carne roja, los frijoles y lentejas, por ejemplo, están entre los alimentos que contienen más purinas, de cuya descomposición surge el ácido úrico.

En Europa

En el año 1833, San Martín le escribía a un amigo: “He estado afectado de agudos ataques nerviosos al estómago en el otoño de 1833, he tenido tres o cuatro ataques inflamatorios del mismo que han desaparecido con cama y dieta”.

Dormitorio de San Martín, reconstruido en el Museo Histórico Nacional
Dormitorio de San Martín, reconstruido en el Museo Histórico Nacional

A partir de 1841, los ataques serán anuales. Y en enero de 1844, se siente tan mal que redacta su testamento.

Al año siguiente, le escribe a su fiel Guido y le cuenta: “(He pasado) cerca de cuatro meses de continuos padecimientos, en que no podía tomar el menor alimento sin que a la hora me atacasen cólicos sumamente violentos y a esto agregue Ud. un sueño constantemente agitado e interrumpido y la consecuencia fue una debilidad extraordinaria”.

En 1847, nuevamente a Guido, le dice “estar atacado desde hace más de un mes de dolores nerviosos en el estómago casi sin la menor interrupción”.

Por ese entonces, empezará a perder la vista debido a las cataratas. Signo de lo mucho que esta limitación lo afectó es que se arriesgó a una operación –en esos tiempos sin anestesia-, pero que no tuvo los resultados esperados. Esto, según sus allegados, lo sumió en una gran melancolía, pues ya no podía leer ni escribir.

Quienes visitaron a San Martín a partir de 1846, dan fe de que lo encuentran achacoso, pero no postrado y además conservando su lucidez intelectual.

Todavía en julio de 1850, un mes antes de su deceso, el médico lo había enviado a las aguas termales de Enghien, en las afueras de París. Regresó a Boulogne a comienzos de agosto. El día 6 hizo su último paseo, en carruaje.

Nada anunciaba en su semblante ni en sus palabras el próximo fin de su existencia

El argentino Félix Frías, corresponsal de El Mercurio en Francia, llegó a Boulogne pocas horas después de la muerte de San Martín y dejó un relato detallado de lo que pasó aquel día. “El 17 (de agosto), el general se levantó sereno y con las fuerzas suficientes para pasar a la habitación de su hija, donde pidió que le leyeran los diarios (…). Hizo poner rapé en su caja para convidar al médico que debía venir más tarde, y tomó algún alimento. Nada anunciaba en su semblante ni en sus palabras el próximo fin de su existencia. El médico le había aconsejado que trajera a su lado una hermana de caridad a fin de ahorrar a su hija las fatigas ya tan prolongadas de sus cuidados. [Pero ella] no quería ceder a nadie el privilegio, tan grato para su amor filial y del que disfrutó hasta el último instante, de asistir a su padre en su penosa enfermedad. El señor Balcarce salió a la mañana del mismo día a hacer esa diligencia, acompañado por don Javier Rosales, a quien comunicó las esperanzas que abrigaba en el restablecimiento del general y su proyecto de hacerle viajar; tan lejos estaba de prever la desgracia que le amenazaba. (…) Después de las dos de la tarde, el general San Martín se sintió atacado por sus agudos dolores nerviosos de estómago. El doctor Jardon, su médico, y sus hijos estaban a su lado. El primero no se alarmó y dijo que aquel ataque pasaría como los precedentes. En efecto, los dolores calmaron, pero, repentinamente, el general, que había pasado al lecho de su hija, hizo un movimiento convulsivo, indicando al señor Balcarce con palabras entrecortadas que la alejara, y expiró casi sin agonía”.

Monumento a San Martín en Boulogne-sur-Mer
Monumento a San Martín en Boulogne-sur-Mer

El relato del yerno, Mariano Balcarce, difiere un poco del anterior, pero no en lo esencial: “Conservó hasta el último instante la lucidez de su ánimo y la energía moral de que estaba dotado en tan alto grado. Aunque débil, nada podía anunciarnos que su existencia estuviese tan próximamente amenazada. El 17 se levantó, se vistió y pasó la mañana recostado sobre un sofá en el cuarto de Merceditas; almorzó sin repugnancia, estuvo conversando con nosotros. Poco antes de la una nos dijo que se sentía algo agitado de los nervios, y viendo que no se calmaban con la prontitud que otras veces, mandamos llamar a su médico a quien quería y apreciaba mucho. Este facultativo, de mucha experiencia y saber, tampoco se alarmó, y pensó que era uno de los ataques nerviosos que experimentaba con frecuencia, y que pasaría pronto. En efecto, nuestro buen padre se había clamado, y nos dijo que se sentía más aliviado; pronunció estas palabras: “Llévenme, hijos, a mi cuarto” y recostando su cabeza sobre el almohadón expiró como si hubiera caído en el sueño más apacible, dejando al médico consternado y afligido y a nosotros con el más profundo dolor, no pudiendo persuadirnos que el Todopoderoso acababa de llamar a su lado a nuestro querido padre”.

A partir de estos testimonios, Dreyer descarta una falla pulmonar, ya que no se habla de asfixia; solo de debilidad. Y, sumado al hecho de que otros testimonios mencionan que San Martín sintió “frío” en los instantes previos a la muerte, concluye que se trató de un shock hemorrágico causado por la úlcera. Así lo describe: “Bruscamente ha disminuido el volumen de sangre circulante; por lo tanto, sufre una hipovolemia por una hemorragia; la sangre es derivada al cerebro y al corazón, no llega a la periferia, el enfermo siente el frío glacial, pero está lúcido (…) Un instante más tarde, cuando ya la pérdida sanguínea es muy crítica, comienza el padecimiento del órgano más jerarquizado: el cerebro, y pierde el conocimiento, pero antes de morir tiene un movimiento convulsivo, que no es sino la expresión de la anemia cerebral; sufren todas las células del encéfalo pero la exteriorización queda limitada solamente a aquellas áreas capaces de manifestar el sufrimiento, en este caso las células piramidales de los centros de la motilidad, que responden con el movimiento convulsivo”.

Acta de defunción del registro de Boulogne-sur-Mer

“El año 1850 y 18 de agosto a las 11 de la mañana, delante de nosotros abajo firmantes (…), han comparecido Francisco Javier Rosales, Encargado de Negocios de Chile en Francia, residente en Paris, de cuarenta y nueve años de edad, amigo del citado más adelante, y Adolfo Gérard, abogado de cuarenta y cinco años de edad, igualmente amigo del citado más adelante, los cuales nos han declarado que José de San Martín, Brigadier de la Confederación Argentina, Capitán General de la República de Chile, Generalísimo y fundador de la libertad del Perú, residente en Boulogne, nacido en Yapeyú, provincia de Misiones (Confederación Argentina) de setenta y dos años, cinco meses y veintitrés días, viudo de Remedios de Escalada, hijo del Coronel Juan de San Martín, Gobernador de la susodicha provincia de misiones, y de Gregoria de Matorras, ambos fallecidos, ha muerto ayer a las tres horas de la tarde en su domicilio, Grande Rue 105, como así nosotros nos hemos asegurado”.

1 de julio: Dia del Historiador (Argentina)

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Hoy en Argentina celebramos el “Día del Historiador”, y por esa razón desde Revista Historia para Todos queremos desearles a todos los investigadores, sean historiadores titulados o no, tengan papeles o no, sean de oficio o no, que tengan un excelente día, que la historia como muestra de nuestra realidad, la historia como problema y el gusto por la curiosidad nos persigan por muchísimos años más. Feliz día!

Ley 25.566
Declárase Día del Historiador el 1° de julio de cada año.
Sancionada: Marzo 14 de 2002.
Promulgada: Abril 4 de 2002.
El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos en Congreso, etc. sancionan con fuerza de Ley:
ARTICULO 1º — Declarar Día del Historiador el 1º de julio de cada año a los efectos de recordar y homenajear el esfuerzo que han realizado y realizan los escritores, investigadores, profesores y aficionados dedicados al estudio, propagación y análisis de los acontecimientos de carácter histórico.

20 de junio Día de la bandera Argentina

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Hoy, en Argentina, es un día festivo ya que se celebra el Día de la Bandera, en conmemoración del fallecimiento de su creador: Manuel Belgrano. Daniel Balmaceda contó hoy al diario La Nación algunas anécdotas acerca de la creación de este día y la replicamos aquí

En mayo de 1936, en tiempos en que la construcción del obelisco avanzaba en el centro de la ciudad, diez hombres se reunieron en Ecuador 1250, entre Charcas y Mansilla. Estos hombres fueron Luis Agote Robertson (hijo del doctor Luis Agote), Gervasio y Daniel Videla Dorna, Raúl y Alfredo Etcheverry, Ricardo Alberti (el dueño de casa), Luis María Ferraro, Ramón Oscar Castilla, Carlos Rojas Torres y Jorge Seré.

La convocatoria tenía que ver con una molestia general: el 1 de mayo chocaron en el centro de la ciudad los dos bandos de inmigrantes que se enfrentaban por la Guerra Civil española. Como las dos columnas portaban la bandera argentina, el pabellón terminó siendo protagonista de estos hechos ajenos a nuestra soberanía.

Los convocados deseaban realizar un homenaje de desagravio al pabellón. Resolvieron encargar una gran bandera (de 15 metros de largo) a la Casa Vaca, ubicada en Pellegrini entre Santa Fe y Arenales. Consiguieron que el Arsenal de Guerra les armara un cofre cuadrado de 2,30 metros por lado, cuyas manijas de bronce se hicieron con cañones que usó Belgrano en el Alto Perú. Para pagar la bandera y el cofre, realizaron una colecta entre amigos.

Donaron la bandera a la Municipalidad. La recibió el intendente Mariano de Vedia y Mitre y se dispuso izarla el sábado 20 de junio (aniversario de la muerte de Belgrano) en la Plaza de la República, junto al ya concluido obelisco. Del acto participó el presidente Agustín P. Justo. Al año siguiente se repitió la ceremonia en la Plaza de Mayo (ver foto) y el presidente Justo fue quien izó la bandera donada.

En 1938 se estableció, por ley del Congreso, el feriado del 20 de junio, denominado:“Día de la Bandera”.

Aquel pabellón que encargaron los promotores de la idea pasó a Rosario, al Monumento a la Bandera, en octubre de 1971.

Post original publicado en el blog “Historias inesperadas”, de Daniel Balmaceda.

Efemerides: 12 de octubre

Un día tan trascendente a la historia, tan lleno de significaciones decidimos rememorarlo con unos versos del Chilam Balam

“Entonces todo era bueno, y ellos (los dioses) fueron abatidos.
Había sabiduría en ellos… no había pecado
Entonces…había una santa devoción en ellos.
Sanos vivían. No había enfermedad entonces;
no había dolores de huesos, no había fiebres,
no había viruela, no había ardor de pecho,
no había dolor de vientre, no había enflaquecimiento.
Sus cuerpos estaban entonces rectamente erguidos.

No es esto lo que han hecho los colonos cuando llegaron aquí.
Han enseñado el miedo y han venido a mancillar las flores.
para que viviese su flor, han hundido y agotado la flor de otros”

Imagen y versos extraidos de HISTORIA GLOBAL ONLINE FACEBOOK

El Trauma de la Conquista / Nathan Wachtel / Fragmento…EXTRAIDO DE http://berrocal21.blogspot.com.ar/2009/08/el-trauma-de-la-conquista-nathan.html
El traumatismo de la conquista * Por Nathan WachtelEn nuestra memoria colectiva, la aventura de los conquistadores evoca imágenes de triunfo, de riqueza y de gloria, y aparece como una epopeya. La historiografía occidental asocia el «descubrimiento de América» a los conceptos de «Renacimiento» y de «tiempos modernos»; la expedición de Colón coincide con la imagen de una nueva era. Pero se trata de una nueva era para Europa. Desde la perspectiva de los indios vencidos, la Conquista significa un final: la ruina de sus civilizaciones. Para «descubrir» realmente América, el historiador nacido en la sociedad de los vencedores debe despojarse de sus hábitos mentales y, en cierto modo, salirse de sí mismo. Preguntemos directamente entonces a las fuentes indígenas. Derrotados, el choque psicológico sufrido por los indios no se reduce a la irrupción de lo desconocido; lo extraño de los españoles se manifiesta de acuerdo con una modalidad particular: la violencia. La derrota significa en todas partes la ruina de las antiguas tradiciones. Incluso los indios que prestaron su ayuda a los españoles con el fin de utilizarlos como instrumento al servicio de sus intereses políticos, vieron cómo en última instancia sus aliados se volvían contra ellos y les imponían la ley cristiana. Por tanto, los dioses mueren en todas partes.
El traumatismo de la Conquista se define por una especie de «desposesión», un hundimiento del universo tradicional. 1. La violencia Saqueos, masacres, incendios, es la experiencia del fin de un mundo. Pero se trata de un fin sangriento, de un mundo asesinado. Ningún comentario sabría expresar mejor el asombro de los indios que los propios textos indígenas. Escuchemos este canto nahuatl que con una asombrosa intensidad dramática evoca la caída de México. En los caminos yacen dardos rotos, los cabellos están esparcidos. Destechadas están las casas, Enrojecidos tienen sus muros. Gusanos pululan por calles y plazas, y en las paredes están salpicados los sesos. Rojas están las aguas, están como teñidas, y cuando las bebimos, es como si bebiéramos agua de salitre. La obsesión de la muerte, presente a lo largo de todo este canto, se profundiza a través del sentimiento de que un hecho irremediable ha herido a los indios en su destino colectivo; es su civilización lo que desaparece entre las lágrimas y la humareda: El llanto se extiende, las lágrimas gotean allí en Tlatelolco … ¿A dónde vamos?, ¡oh amigos! Luego ¿fue verdad? Ya abandonan la ciudad de México: el humo se está levantando; la niebla se está extendiendo… Llorad, amigos míos, tened entendido que con estos hechos hemos perdido la nación mexicana. 2. La muerte de los dioses En efecto, la derrota posee un alcance religioso y cósmico para los vencidos; significa que los dioses antiguos perdieron su potencia sobrenatural. Los aztecas se consideraban como el pueblo elegido de Huizilopochtli, dios solar de la guerra; tenían por destino someter a su ley a todos los pueblos que rodeaban México en las cuatro direcciones.
En consecuencia, la caída de la ciudad implica algo infinitamente más grave que una derrota militar; con ella se cierra el reino del Sol. A partir de entonces la vida terrestre pierde todo sentido, y ya que los dioses están muertos, sólo les resta a los indios morir también: ¡Déjennos pues ya morir, déjennos ya perecer, puesto que ya nuestros dioses han muerto! La evidencia de la muerte de los dioses aparece confirmada, después de la derrota, por la enseñanza que imparten los españoles.
Estos pretenden llevar consigo el conocimiento del verdadero dios, destruyen impunemente templos y estatuas y revelan a los vencidos que hasta entonces se han limitado a adorar falsos ídolos. Toda la cultura azteca se encuentra repentinamente aniquilada. De ahí un sentimiento de confusión y como un grito de incredulidad: Dijisteis que no eran verdaderos nuestros dioses. Nueva palabra es ésta, la que habláis, por ella estamos perturbados, por ella estamos molestos. Porque nuestros progenitores, los que han sido, los que han vivido sobre la tierra, no solían hablar así… Y ahora, nosotros ¿destruiremos la antigua regla de vida?… No podemos estar tranquilos, y ciertamente no creemos aún, no lo tomamos por verdad, (aun cuando) os ofendamos. Los mayas conocen el mismo hundimiento del universo tradicional.
El Chilam Balam, aunque caracterizado por fuertes influencias cristianas, afirma, sin embargo, que los antiguos dioses han existido realmente. Pero añade que eran mortales. Los antepasados los adoraron, pero la revelación de la verdadera fe ha puesto fin a su reino: Aunque los antiguos dioses fuesen perecederos, eran dioses. Ha caducado ya el tiempo de su adoración. Han sido disipados por la bendición del señor del cielo, cuando se cumplió la redención del mundo, cuando resucitó el verdadero Dios, cuando bendijo los cielos y la tierra. ¡Vuestros dioses se han derrumbado, hombres mayas! ¡Los habéis adorado sin esperanza!.
El reino de los dioses se encuentra, por tanto, limitado en la duración. Los mayas elaboran una notable racionalización de la Conquista, fundada sobre la representación cíclica del tiempo. Es bien conocido el grado de exactitud del calendario maya. Las crónicas de la Conquista ejemplifican el mismo cuidado por la precisión temporal y anotan meticulosamente la fecha exacta de los acontecimientos. La llegada de los blancos marca el fin de un ciclo, mientras que por el mismo movimiento se abre un ciclo nuevo: destino ineluctable, inscrito en la sucesión de los Katun. En el mismo instante se confunden la muerte de los dioses antiguos y el nacimiento del Dios cristiano. El Chilam Balam asocia en una misma profecía el tema del comienzo y el del crepúsculo: Onze Abau, primera fundación de la tierra por los blancos. El onze Ahau es el comienzo de la cuenta de los katuns… ¡Será para nosotros el crepúsculo cuando llegue!… Amenazador es el aspecto del rostro de su Dios. Todo cuanto enseña, todo cuanto dice, es: «Vais a morir!». La Conquista, «carga del Katun», aparece así grabada en el tiempo, contenida de alguna manera en el curso de los siglos. Ahora bien, esta interpretación temporal se duplica con imágenes espaciales, cuya figura nuclear resulta encarnada por el sol, divinidad esencial de la religión maya. La teoría de la Conquista se amplifica en una visión dramática que engloba el destino del universo: Este es el rostro del katun, del trece Ahau. La faz del sol se romperá.
Caerá desintegrándose sobre los dioses de ahora. El sol será mordido cinco días y esto será visto. He aquí la representación del trece Ahau. Un signo que da Dios es el de que sucederá que muera el rey de este país. Esto está en el origen de la Silla del segundo tiempo, del reino del segundo tiempo. Y es también la causa de nuestra muerte… …¡Castrar al Sol! Esto es lo que han venido a hacer los extranjeros. Imágenes de la caída y de la rotura del sol, fuente de toda la vida; temas de la agresión y de la castración; pruebas de la muerte, de los dioses y de los indios: la «revolución» del tiempo es vivida como una catástrofe absoluta. En este sentido, podemos decir que la Conquista provoca un verdadero traumatismo colectivo. Sólo sobrevive el recuerdo de la civilización perdida; el traumatismo se prolonga después de la Conquista, en la nostalgia referida a las costumbres abandonadas. Esta nostalgia se experimenta cotidianamente al nivel elemental, tan importante entre los mayas, de la medida del tiempo. Es sorprendente observar cómo el Chilam Balam o el Memorial de Sololá insisten en conservar la antigua cronología de los katun, mientras la crónica de Chak Xulub Chen adopta el calendario cristiano; pero precisamente este último texto evoca con tristeza la tradición ya muerta, aquella que ordenaba erigir una estela cada veinte años para determinar el comienzo de cada katun: Este año se terminó de nevar el katun; a saber, se terminó de poner en Pie la piedra pública que por cada veinte tunes que venían, se ponía en pie la Piedra pública antes de que llegaran los señores extranjeros, los españoles aquí, a la comarca.
Desde que vinieron los españoles fue que no se hizo nunca más. Con los katun desaparecen los puntos de referencia tanto materiales como espirituales, las representaciones espaciales y temporales. Hundimiento de una visión del mundo que llega incluso a sus categorías mentales más íntimas. El Perú ejemplifica hechos análogos: la derrota se experimenta como una catástrofe de amplitud igualmente cósmica, pero con un matiz particular: aquí el choque coincide con la muerte del hijo del Sol, el Inca. Este asegura la mediación entre los dioses y los hombres, y es adorado como un dios: representa de alguna manera el centro carnal del universo, cuya armonía garantiza. Una vez asesinado este centro, desaparece el punto de referencia viviente del mundo, y es ese orden universal lo que resulta brutalmente destruido. He ahí la causa de que la elegía por la muerte de Atahualpa cante la participación de la naturaleza en el drama de la Conquista; la tierra se niega a devorar el cadáver del Inca, los precipicios y las rocas tiemblan y entonan cantos fúnebres; las lágrimas se reúnen en torrentes; el sol se oscurece; la luna, enferma, se encoge, y el tiempo mismo se reduce a un parpadeo. Y todo y todos se esconden, desaparecen padeciendo.
Lo que la elegía describe es, entonces, el nacimiento de una especie de caos. Los elementos se rebelan y lloran; el mundo se retuerce sobre sí mismo; la duración se constriñe en un instante casi nulo; la noche se extiende, y una ausencia infinita envuelve a todas las cosas. Es como un vacío que se hace más profundo cada vez, como una nada que se abre y donde el universo se sume. Sólo resta el dolor. 3. Duelo y locura Después de la muerte de los dioses, los españoles imponen su dominación a los indios. ¿Cómo interpretan éstos la nueva era que así comienza? Los incas viven la dominación española —la ausencia del emperador— a la vez como martirio y como soledad. La elegía a la. muerte de Atahualpa los describe llorando y delirando, sin saber hada qué volverse. Porque la sombra que les protegía ha muerto se ven abrumados por el sentimiento de una falta que ninguna cosa puede colmar. Privados del padre que los guiaba, llevan ahora una :vida errante y dispersa, pisoteados por los extranjeros. Literalmente, ahora son sólo huérfanos oprimidos. De ahí el estado de duelo y frustración: Con el martirio de la separación infinita el corazón se rompe. Los indios suplican al Inca muerto que abra nuevamente sus ojos, que extienda nuevamente hacia ellos sus «manos magnánimas», a fin de restablecer entre ellos y el mundo la armonía perdida.
Entre los mayas, el recuerdo transmuta la época de la antigua civilización en una verdadera Edad de Oro, mientras que la dominación española se concibe como desencadenamiento de todos los males; el tiempo de los blancos es la inversión simétrica del tiempo de los antepasados. Este tiempo representaba el orden y la medida; una vez destruido, el presente sólo puede ser «tiempo loco». Cuando pensamos en el papel fundamental del calendario en la cultura maya, el tema de la locura del tiempo reviste una fuerza asombrosa y no puede designar sino un caos absoluto. Por lo mismo, el Dios cristiano, aunque «verdadero», debe ser negado, pues enseña la mentira y el pecado; los españoles oprimen a los indios bajo el peso del tributo y los reducen a esclavitud; es la era del sufrimiento y la miseria, de la discordia y la guerra, de la enfermedad y de la muerte.
En términos generales, no se trata tanto de una falta o de una ausencia —como entre los incas—, sino de una acumulación de elementos negativos. En la descripción de este mundo absurdo, los conceptos se encadenan con arreglo a parejas antinómicas, de manera que la oposición tiempo de la locura/tiempo de los antepasados recubre fisuras en todos los niveles: intelectuales, morales, sociales y biológicos. Con todo, escapa a este análisis (como sucede con toda abstracción) la cualidad particular e insustituible de la historicidad concreta; hay un estilo original, una singularidad de lo vivido, que ninguna formulación puede explicitar completamente.
Comprender la visión de los vencidos exige que nos impregnemos de toda la poesía y también de toda la violencia de los testimonios indígenas. Dejemos, pues, que los documentos sigan hablando; escuchemos la voz emocionante del Chilam Balam: Entonces todo era bueno, y ellos (los dioses) fueron abatidos. Había sabiduría en ellos… no había pecado entonces… había una santa devoción en ellos. Sanos vivían. No había enfermedad entonces; no había dolores de huesos, no había fiebres, no había viruela, no había ardor de pecho, no había dolor de vientre, no había enflaquecimiento. Sus cuerpos estaban entonces rectamente erguidos. No es esto lo que han hecho los señores blancos cuando llegaron aquí. Han enseñado el miedo y han venido a mancillar las flores. Para que viviese su flor, han hundido y agotado la flor de los otros. …Mancillada está la vida, y muere el corazón de las flores … falsos son Sus reyes, tiranos sobre sus tronos, avaros de sus flores… ¡Asaltantes de los días, ofensores de la noche, verdugos del mundo!… No hay verdad en la palabra de los extranjeros. Es solamente por causa del tiempo loco y por causa de los sacerdotes locos que la tristeza ha entrado en nosotros, que ha entrado en nosotros el cristianismo.
Porque los muy cristianos han venido aquí con el dios verdadero; pero fue el comienzo de nuestra miseria, el comienzo del tributo, el comienzo del ayuno, la causa de la miseria de la cual ha surgido la discordia oculta, el comienzo de la expoliación, el comienzo de la esclavitud por deudas, el comienzo de las deudas colgadas a las espaldas, el comienzo de la disputa continua, el comienzo del sufrimiento. Hemos descrito el traumatismo sufrido por los indios a través de los textos, es decir, de un modo bastante empírico. Sin duda, ese traumatismo podría ser definido en términos más rigurosamente psicoanalíticos. Los temas de la castración del Sol, del abandono por el padre, del duelo y la soledad nos llevan por esa vía. Sin embargo, no podemos aventurarnos a seguirla, al menos en este estadio del trabajo, por dos razones. Por una parte, la aplicación de los métodos psicoanalíticos a la historia, a pesar de las investigaciones actuales, se encuentra en un estadio embrionario, cuyos resultados son poco seguros. Por otra parte, una empresa semejante exigiría un análisis más detallado de las estructuras mentales propias de cada sociedad, cuando nosotros nos hemos limitado a sobrevolar la literatura indígena relativa a la Conquista en áreas culturales muy alejadas, desde México al Perú.
Por tanto, en este capítulo nos proponíamos solamente una especie de toma de contacto con el problema, un descentramiento mental indispensable para comprender la visión de los vencidos. Nos bastará, pues, por el momento, haber evidenciado el hecho mismo del traumatismo, así como sus consecuencias. Los indios tienen la sensación de que su cultura ha muerto y experimentan una frustración particular, que corresponde a una verdadera «desposesión del mundo». Este traumatismo se perpetúa durante el período colonial, y hasta nuestros días, en la medida en que los indios continúan viviendo la dominación española como un estado inferior de sentimiento y humillación. * Los vencidos: los indios del Perú frente a la conquista española, Alianza editorial /* */

Efemerides: Hace 45 años fallecía el guitarrista Jimi Hendrix

Un día como hoy fallecía el guitarrista de rock James Marshall Hendrix mejor conocido como Jimi Hendrix. Ese hombre que supo hacerle, como dice Pete Townshend, el amor a la guitarra. Con movimientos brutales sobre el escenario, sumamente tímido fuera de él, este maestro de la guitarra sigue estando tan vigente en el mundo de la cultura musical bajo el legado de sus incendiarias seis cuerdas que interpretaron canciones como Purple Haze

Efemerides: Un día como hoy nació Juan Bautista Alberdi

Un día como hoy, pero de 1810, nacía Juan Bautista Alberdi, considerado como elgran pensador del SXIX. Se eligió esta fecha para celebrar el Día del Abogado.

La conmemoración resalta la labor de los hombres y mujeres dedicados a las leyes y se celebra en homenaje a Juan Bautista Alberdi , quien fuera el autor intelectual de la Constitución Nacional de 1853.

El jurista, economista, político y estadista elaboró “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”, el copioso volumen en el que se fundamentó la redacción de la Carta Magna. Según los estudiosos de su obra, con ese extraordinario trabajo el autor “esclareció los problemas del país”.

Consagrado intelectual de la época, fue también autor de “El crimen de la guerra” y de “Grandes y pequeños hombres del Plata”, entre otros; e integró el Salón Literario, fundado por Marcos Sastre y animado por Esteban Echeverría (“El matadero”) y Miguel Cané (“Juvenilia”).

Fue parte de la “Generación del 37”, un grupo de jóvenes intelectuales universitarios argentinos durante el año 1837 que se consideraban “hijos” de la Revolución de Mayo porque habían nacido poco después de su estallido.

Luego de que el Congreso no apruebe su cargo, decidió exiliarse del país. El 19 de junio de 1884, a los 73 años, murió en Neuilly-sur-Seine, un suburbio de París.

EL INTRANSIGENTE

Efemerides: 165º aniversario del fallecimiento de Jose de San Martín

“La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene. La tropa debe ser tanto más virtuosa y honesta, cuanto es creada para conservar el orden, afianzar el poder de las leyes y dar fuerza al gobierno para ejecutarlas y hacerse respetar de los malvados que serían más insolentes con el mal ejemplo de los militares. La Patria no es abrigadora de crímenes.” (General José de San Martín, fallecido el 17 de Agosto de 1850)

Furor por San Martín: el sable corvo disparó las visitas al museo

En el 165° aniversario de la muerte del prócer.Unas 22.500 personas pasaron a conocer el arma del Libertador desde que se mudó de Palermo a San Telmo.

Si pudiera trazarse un ranking de los próceres argentinos más populares, seguramente José de San Martín lo encabezaría por amplia ventaja. Basta con reparar en el fenómeno desatado en el Museo Histórico Nacional tras la llegada de su sable corvo: la cantidad de visitas mensuales se quintuplicó desde el 24 de mayo, cuando los granaderos escoltaron el traslado del sable desde el Regimiento de Granaderos a Caballo de Palermo hasta el Museo, donde lo recibió la presidenta Cristina Kirchner.

Desde ese día, más de 22.500 personas pasaron por el Museo, ubicado en Defensa 1600, en San Telmo: un promedio de 11.000 visitas mensuales, contra las 2.000 que solía recibir. El sable corvo es la estrella de la muestra permanente, titulada “San Martín de puño y letra”, que incluye también la recreación de la habitación del prócer en Boulogne sur Mer, Francia –donde murió el 17 de agosto de 1850, hace 165 años–; así como objetos personales y pinturas que retratan sus principales hazañas.

Además se pueden ver varios retratos del Libertador –incluyendo el único daguerrotipo original, de 1848, que inmortalizó a un San Martín anciano y canoso– y fragmentos ampliados de sus cartas. Estos elementos funcionan como prólogo para el gran atractivo del Museo: la sala –similar a una capilla, con un vitral en el techo– donde se exhibe el sable corvo, encerrado en una vitrina iluminada y custodiado por los granaderos. Lo rodean las armas de otros héroes del panteón nacional: Manuel Belgrano, Manuel Dorrego, Juan Manuel de Rosas y Guillermo Brown.

La historia del sable corvo es conocida: San Martín lo compró en Londres, lo empuñó en las guerras de Independencia y, antes de morir, lo legó a Juan Manuel de Rosas en homenaje a su defensa del honor de la República “contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”. Ya en el siglo XX, la espada fue robada dos veces del Museo Histórico por la Juventud Peronista, que con ese gesto buscó unir, en una misma línea histórica, a San Martín, Rosas y Perón. En 1967 el dictador Juan Carlos Onganía decidió trasladarlo al Regimiento de Granaderos a Caballo, donde permaneció hasta este año.

El recorrido de la muestra se completa con la sección “San Martín interactivo”, una instalación que le permite al público entablar un diálogo virtual con el prócer, y con un rincón para chicos donde se proyectan capítulos de Zamba, la tira animada del canal Paka Paka.

Los textos seleccionados en la exhibición perfilan a un San Martín comprometido con la causa americana y obstinado en mantenerse al margen de las luchas internas en el país. Así lo expresa su carta al general peruano Ramón Castilla, reproducida en varias salas: “En el período de diez años de mi carrera pública, en diferentes mandos y estados, la política que me propuse seguir fue invariable en dos solos puntos: (…) no mezclarme en los partidos que alternativamente dominaron en aquella época en Buenos Aires. (…) El segundo punto fue el de mirar a todos los Estados americanos en que las fuerzas de mi mando penetraron, como Estados hermanos interesados todos en un santo y mismo fin”.

9 – 8 – 1914 Fallece el presidente Roque Sáenz Peña

Hoy, 9 de agosto y en correlación con la votación de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) de la República Argentina, bien vale recordar esta efeméride. Un día como hoy fallecía el presidente Roque Sáenz Peña, mandatario electo en 1910, impulsor de la ley que llevará su nombre.

El siguiente párrafo corresponde a mi tesis de licenciatura y sirve para graficar su figura brevemente

Su elección en 1910 implicará que la década sea de cambios, entre ellos por la reforma electoral de 1912 impulsada por el presidente Roque Sáenz Peña que estableció el voto secreto y obligatorio para los ciudadanos varones, introduciendo así la representación de la minoría en el ámbito parlamentario y conduciendo a una modificación en el sistema político. El Presidente “buscaba terminar con la apatía del electorado a través de la modernización de las organizaciones políticas que debían evolucionar para transformarse en partidos “orgánicos” e “impersonales”.[1] Esta reforma otorgó significación a la Unión Cívica Radical (UCR) bajo la figura de Hipólito Yrigoyen, quien se erigiría como Presidente en las siguientes elecciones. Con su llegada a la presidencia, en 1916, se pondrían en práctica una serie de cambios en el funcionamiento institucional y electoral.

[1] Bravo, María Celia, Campesinos, azúcar y política: cañeros, acción corporativa y vida política en Tucumán (1895 – 1930), Prohistoria Ediciones, Rosario, 2008, p. 187.

Haro, Agustín, Andrés Bazan Frías: imaginarios, realidades y mito, tesis de licenciatura, Universidad Nacional de Tucumán, 2015

Efemerides: Un día como hoy nació Manuel Dorrego

Actor político en plenos conflictos civiles en el territorio argentino, miembro activo del federalismo, dos veces gobernador de la provincia de Buenos Aires. Fue fusilado el 13 de diciembre 1828.

Hoy en día es rescatado por la historiografía revisionista como un actor crucial en la construcción histórica del país

Mas info: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/dorrego.htm

CLAVES PARA ENTENDER NUESTRO TIEMPO