Herramientas: Le Goff – El Orden de la Memoria

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El concepto de memoria es un concepto crucial. Si bien este artículo está dedicado exclusivamente a la memoria como partícipe de las ciencias humanas (y sustancialmente de la historia y de la antropología) —tomando por eso en consideración sobre todo la memoria colectiva más que la individual— tiene en cuenta describir sumariamente la nebulosa memoria dentro de la esfera científica en su conjunto. La memoria, como capacidad de conservar determinadas informaciones, remite ante todo a un complejo de funciones psíquicas, con el auxilio de las cuales el hombre está en condiciones de actualizar impresiones o informaciones pasadas, que él se imagina como pasadas. Bajo este aspecto, el estudio de la memoria penetra en la psicología, en la parapsicología, en la neurofisiología, en la biología y, para las perturbaciones de la memoria —en las que la principal es la amnesia—, en la psiquiatría. Algunos aspectos del estudio de la memoria, dentro de una u otra de esas ciencias, pueden denunciar, ya de modo metafórico, ya de modo concreto, aspectos y problemas de la memoria histórica y de la memoria social. El concepto de conocimiento, importante para el período de adquisición de la memoria, lleva a interesarse por variados sistemas de educación de la memoria existentes en las diferentes sociedades y en épocas diversas: la mnemotécnica. Todas las teorías que, cual más cual menos, apuntan a la idea de una actualización más o menos mecánica de las huellas mnésicas, han sido abandonadas en favor de concepciones más complejas de la actividad mnemónica del cerebro y del sistema nervioso: «El proceso de la memoria en el hombre hace intervenir no sólo la preparación de recorridos, sino también la relectura de tales recorridos», y «los procesos de relectura pueden hacer intervenir centros nerviosos complicadísimos y gran parte de la corteza cerebral », con la condición de que exista «un cierto número de centros cerebrales especializados en fijar el recorrido mnésico». En particular, el estudio de la adquisición de la memoria en el niño ha dado un modo de constatar la gran función que tiene la inteligencia. Én la línea de esta tesis, Scandia de Schonen afirma: «La característica de los comportamientos perceptivo-cognoscitivos que nos parece fundamental es el aspecto activo, constructivo de tales comportamientos»; y agrega: «He aquí por qué podemos concluir auspiciando que tuvieron lugar ulteriores investigaciones que tienen por objeto el problema de la actividad mnésica, que se dirigen hacia el problema de las actividades perceptivo-cognoscitivas, en el ámbito de las actividades dirigidas ya para organizarse de modo nuevo dentro de una misma situación, ya para adaptarse a situaciones nuevas. Quizá sólo pagando este tributo lograremos un día captar la naturaleza del recuerdo humano, que tan admirablemente pone en situación difícil nuestra problemática». De aquí derivan varias concepciones recientes de la memoria, que ponen el acento sobre los aspectos de estructuración, sobre las actividades de autoorganización. Los fenómenos de la memoria, ya en sus aspectos biológicos, ya en los psicológicos, no son más que los resultados de sistemas dinámicos de organización, y existen sólo en cuanto la organización los conserva o los reconstituye. De ese modo algunos estudiosos han sido inducidos a apoyar la memoria en los fenómenos que ingresan directamente en la esfera de las ciencias humanas y sociales. Pierre Janet, por ejemplo, «sostiene que el acto mnemotécnico fundamental es el “comportamiento narrativo”, que él caracteriza ante todo basándose en su función social puesto que es una comunicación de una información, hecha por otros a falta de acontecimiento o del objeto que constituye el motivo de éste». Aquí interviene el «lenguaje, también producto social». Así Atlan, estudiando los sistemas autoorganizadores, pone en contacto «lenguajes y memorias». «El empleo de un lenguaje hablado, y luego escrito, representa en efecto una extensión formidable de las posibilidades de alcance de nuestra memoria, la cual, gracias a eso, está en condiciones de salir fuera de los límites físicos de nuestro cuerpo para depositarse ya en otras memorias, ya en las bibliotecas. Esto significa que, antes de haber hablado o escrito, un dato lingüístico existe bajo forma de alarma de la información en nuestra memoria». Aún más evidente es que después de las turbaciones de la memoria que, junto a la amnesia, pueden manifestarse también a nivel del lenguaje con la afasia, en muchos casos deben explicarse también a la luz de las ciencias sociales. Por otra parte, a nivel metafórico pero significativo, la amnesia no es sólo una perturbación en el individuo, sino que determina perturbaciones más o menos graves de la personalidad y, del mismo modo, la ausencia o la pérdida, voluntaria o involuntaria de memoria colectiva en los pueblos y en las naciones, puede determinar perturbaciones graves de la identidad colectiva. Los lazos entre las diversas formas de memoria pueden, por lo demás, presentar caracteres no metafóricos, sino reales. Goody, por ejemplo, observa: «En todas las sociedades, los individuos retienen un gran número de informaciones en su patrimonio genético, en la memoria a largo alcance y, al mismo tiempo, en la memoria activa». Leroi-Gourhan considera la memoria en sentido muy lato, distinguiendo de ésta tres tipos: memoria específica, memoria étnica y memoria artificial: «La memoria, en esta obra, está entendida en un sentido muy amplio. No es una propiedad de la inteligencia, sino la base, cualquiera que sea, sobre la que se registran las concatenaciones de los actos. Podemos a este respecto hablar de una “memoria específica” para definir la fijación de los comportamientos de las especies animales, de una memoria “étnica”, que asegura la reproducción de las comportamientos en las sociedades humanas, y, del mismo modo, de una memoria “artificial”, electrónica, en su forma más reciente, que procura, sin deber recurrir al instinto o a la reflexión, la reproducción de actos mecánicos concatenados». En época muy reciente, los desarrollos de la cibernética y de la biología han enriquecido considerablemente, sobre todo metafóricamente, en conexión con la memoria humana consciente, el concepto de memoria. Se habla de memoria central de las calculadoras, y el código genético es presentado como una memoria de la herencia biológica. Pero esta extensión de la memoria a la máquina y a la vida, y paradójicamente a la una y a la otra en conjunto, ha tenido una repercusión directa sobre las investigaciones llevadas a cabo por los psicólogos en torno a la memoria, haciéndolas pasar de un estadio eminentemente empírico a un estadio más teórico: «A partir de 1950, los intereses giraron radicalmente, en parte por la influencia de ciencias nuevas como la cibernética y la lingüística, para desembocar en un camino más decididamente teórico». Por último, los psicólogos y los psicoanalistas han insistido, ya a propósito del recuerdo, ya a propósito del olvido (en particular sobre la guía de los estudios de Ebbinghaus), sobre las manipulaciones, conscientes o inconscientes, ejercitadas sobre la memoria individual por los intereses de la afectividad, de la inhibición, de la censura. Análogamente, la memoria colectiva ha constituido un hito importante en la lucha por el poder conducida por las fuerzas sociales. Apoderarse de la memoria y del olvido es una de las máximas preocupaciones de las clases, de los grupos, de los individuos que han dominado y dominan las sociedades históricas. Los olvidos, los silencios de la historia son reveladores de estos mecanismos de manipulación de la memoria colectiva. El estudio de la memoria social es uno de los modos fundamentales para afrontar los problemas del tiempo y de la historia, en relación con lo cual la memoria se encuentra ya hacia atrás y ya más adelante. En el estudio histórico de la memoria histórica es necesario atribuir una importancia particular a las diferencias entre sociedad de memoria esencialmente oral y sociedad de memoria esencialmente escrita, y a períodos de transición de la oralidad a la escritura, eso que Jack Goody llama «la domesticación del pensamiento salvaje». Por lo tanto, serán estudiadas en orden: 1) la memoria étnica en las sociedades sin escritura, denominadas «salvajes»; 2) el desarrollo de la memoria de la oralidad a la escritura, de la prehistoria a la antigüedad; 3) la memoria medieval, el equilibrio entre lo oral y lo escrito; 4) los progresos de la memoria escrita, desde el siglo XVI a nuestros días; 5) las mutaciones actuales de la memoria. Esta impostación se inspira en la de André Leroi-Gourhan: «La historia de la memoria colectiva se puede dividir en cinco períodos; el de la transmisión oral, el de la transmisión escrita mediante tablas o índices, el de las simples esquelas, el de la mecanografía y el de la clasificación electrónica por serie». Se cree preferible, a fin de poner mejor en relieve los lazos entre historia y memoria que constituyen el horizonte principal del presente capítulo, mencionar aparte la memoria en las sociedades sin escrituras antiguas o modernas, distinguiendo en la historia de la memoria, en aquellas sociedades que disponen al mismo tiempo de la memoria oral y de la escrita, la fase antigua de predominio de la memoria oral en la que la memoria escrita o figurada tiene funciones particulares, la fase medieval de equilibrio entre las dos memorias en la que se verifican transformaciones importantes en las funciones de entrambas, la fase moderna de progresos decisivos de la memoria escrita ligada a la impresión y a la alfabetización, reagrupando en compensación las mutaciones, acaecidas en el último siglo, de aquello que Leroi-Gourhan llama «la memoria en expansión».

[Jacques LE GOFF. El orden de la memoria. El tiempo como imaginario. Barcelona: Paidós, 1991, Segunda Parte, § I “Memoria”, pp. 131-135]

NOTA BENE. Recordemos que los textos que conforman esta obra de Jacques Le Goff fueron publicados por primera vez en italiano entre 1977 y 1979 en forma de entradas para los distintos volúmenes de la notable Enciclopedia Einaudi, dirigida por el historiador Ruggiero Romano. Aquí consignamos los capítulos en castellano de la obra y, entre paréntesis, el número del volumen en que apareció junto con la paginación y el año de publicación de cada uno: “Edades míticas” (V, pp. 886-914, 1978); “Escatología” (V, pp. 712-746, 1978); “Decadencia” (IV, pp. 389-420, 1978); “Memoria” (VIII, pp. 1068-1109, 1979); “Calendario” (II, pp. 501-534, 1977) y “Documento/monumento” (V, pp. 38-48, 1978).

https://introduccionalahistoriajvg.wordpress.com/2013/07/22/%E2%9C%8D-el-orden-de-la-memoria-el-tiempo-como-imaginario-1977-1979/

EL LIBRO

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Herramientas Le Goff, Jacques – Hacer Historia (Tomo I, Nuevos Problemas)

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Desde el comienzo de los años 1970, una pléyade de historiadores entre los cuales se encontraban los miembros de la redacción de la revista Annales (Jacques Le Goff, Emmanuel Le Roy Ladurie, André Burguière, Jacques Revel) esclareció y teorizó una nueva corriente historiográfica: la Nueva Historia. En 1974, Jacques Le Goff y Pierre Nora habían dirigido ya una serie de ensayos, “Hacer la historia”, verdadero manifiesto epistemológico y metodológico sobre los nuevos enfoques, los nuevos problemas y los nuevos objetos de la historia: era la gran época de la “historia de las mentalidades”. Estructurada alrededor de la revista Annales y de la École des Hautes Études en Sciences Sociales, la nueva corriente deseaba que esta revolución historiográfica se propagara más allá del círculo de los profesionales de la historia. Dos proyectos se llevaron cabo en 1978 para tal fin: el lanzamiento de la revista L’Histoire y la publicación en la editorial Retz de una enciclopedia, “La Nueva Historia”, bajo la dirección de Jacques Le Goff, Roger Chartier y Jacques Revel. Esta enciclopedia estaba compuesta por varias entradas de diccionario que remitían a nociones, instrumentos, campos, métodos y actores de esta Nueva historia y por diez artículos más amplios que vertebraban su arquitectura. La reedición en formato de bolsillo en la editorial belga Complexe (2006) sólo recupera esos últimos diez ensayos y los dos prefacios escritos por Jacques Le Goff en 1978 y en 1988. Se trata, en suma, de una simple reimpresión del texto original, sin ninguna actualización bibliográfica desde 1988 y en una tipografía anticuada donde la organización de los títulos y subtítulos no resulta del todo clara. Es de lamentar que, tras haber pasado treinta años, no se incluya un tercer prefacio de Jacques Le Goff. Con todo, la elección de estos diez artículos está completamente justificada puesto que conforman un conjunto coherente, un verdadero manifiesto sinfónico en diez tiempos de una corriente historiográfica que por entonces estaba en su apogeo: una obra que se quiere recapitulativa del movimiento de Annales y entusiasta de su propia fecundidad.  Jacques Le Goff inaugura la obra con un ensayo general e histórico de una corriente que hunde sus raíces en Voltaire y Chateaubriand. Luego, Michel Vovelle, en un artículo denso y sintético, analiza la larga duración dado que la Nueva historia es aún una historia del tiempo largo, hija de Fernand Braudel y Ernest Labrousse. Vovelle recapitula la obra socio-económica de estos dos historiadores junto con los aportes de la historia serial y los articula con el tiempo de las mentalidades y del acontecimiento a partir de un todo que permanece fiel al materialismo histórico marxista: se intenta evitar así una historia inmóvil mientras se conserva lo esencial de una historia total que iría “de la bodega al granero”. Michel Vovelle señala de este modo los peligros de una nueva historia que corre el riesgo de negar el acontecimiento y de interpretar la evolución de las sociedades a partir de un colectivo no-consciente tal como lo definió Philippe Ariès: una historia que podría llevar a olvidar la dialéctica histórica de la lucha de clases y del materialismo. Pero la inquietud no sólo es política, sino también epistemológica: una historia que, al borrar lo social, lo económico, lo político y al acontecimiento podría convertirse en una historia etnologizante de las sociedades frías. Este temor es compartido también por François Furet y por Pierre Nora cuyas ausencias en este volumen son particularmente elocuentes. La obra en su conjunto reconoce la influencia de Marx como central en la elaboración de la Nueva historia: “Marx es, desde varios puntos de vista, uno de los maestros de una historia nueva, problemática, interdisciplinaria, anclada en la larga duración y en un alcance global” (Michel Vovelle). Pero “si la adhesión del historiador marxista a las técnicas y métodos que ésta preconiza es indispensable para la sustancia científica del materialismo histórico”, señala Guy Bois, la evolución de esta última impone un estado de alerta. Guy Bois, en un verdadero artículo de guerra fría, titulado “Marxismo y Nueva Historia”, señala “las múltiples trampas que allí se tienden” y confiesa su “temor ante la invasión de las ciencias sociales norteamericanas”. Del mismo modo, celebra un “juicio soviético” en torno del gran historiador marxista Pierre Vilar a quien le reprocha un historicismo demasiado amplio y su prescindencia del modo de producción. Todos los autores son conscientes del riesgo que entraña una historia inmóvil y la transformación51j4MgvXhFL._SL500_ de las sociedades en sociedades frías frente a lo cual todos insisten en la necesidad de no ignorar el acontecimiento y la revolución, y de articular una dialéctica de los diferentes tiempos de la historia (Le Goff, Pomian, Vovelle y Pesez). También son conscientes de la problemática de la memoria que atraviesan las sociedades contemporáneas. Jacques Le Goff entiende que la Nueva historia es también una respuesta, por parte del hombre contemporáneo, a la angustiante búsqueda de su memoria y su identidad pasadas. Philippe Ariès también observa esta presión social: “comenzamos a intuir que el hombre de hoy le exige a cierta historia lo que siempre le ha exigido a la metafísica y hasta hace poco a las ciencias sociales: una historia que retome los temas de la reflexión filosófica, pero situándolos en la duración y el obstinado reinicio de las empresas humanas”. Lo mismo ocurre al explicar el éxito de la historia de las mentalidades cuando lo hace a través de un presentismo que teorizará más tarde François Hartog: “¿no es acaso el encuentro reciente entre el presente y el pasado la verdadera razón de la historia de las mentalidades?”. Los directores del diccionario explicitan esta conciencia de la tenue relación entre demanda social y Nueva historia a través del artículo de Jean Lacouture sobre la historia inmediata. La presencia de un célebre periodista en medio de profesionales y universitarios de la historia (Philippe Ariès terminará por ser elegido en la EHESS) no es en absoluto anodina. Algunos verán en esa decisión el símbolo de esta escuela histórica a la cual se le reprochará, no obstante, el acercarse demasiado a los medios de comunicación. En todo caso, puesto que hay historiadores que también son periodistas (François Furet, Jacques Julliard), ¿no es posible que se dé el camino inverso? Jean Lacouture no deja de interrogarse cuáles son las relaciones entre la historia y el periodismo sin jamás caer, no obstante, en una confusión de géneros, sino apuntando las convergencias metodológicas. Así pues, arroja una suerte de llamado al deber ético del historiador que indaga lo contemporáneo e invita a pedir ayuda a los periodistas para guiar a una sociedad perdida en la época de la aceleración de la información: “La inmediatez de la comunicación impone un desarrollo de la historia inmediata, señalizaciones en la niebla para una sociedad alucinada con la información y con derecho a exigir una pronta inteligibilidad histórica”. A este respecto, en su primer prefacio, Jacques Le Goff lamenta lo poco que la Nueva historia ha invertido en el campo de la historia contemporánea. Estos diez ensayos le han dado poco lugar a lo político y lo contemporáneo e inclusive el artículo de Jean Lacouture no es sino una reflexión historiográfica sobre el regreso del acontecimiento que Pierre Nora ya había teorizado en 1972. Sin embargo, cabe señalar que el trabajo de antropología política de Maurice Agulhon no ha dejado de ser modelizado y retomados en en varios de los artículos, lo que no es sino una manera de abrir un camino hacia la historia cultural de lo político tal como se hará en las décadas siguientes. Con todo, es de lamentar que no se incluyera ningún artículo de Maurice Agulhon, eslabón esencial entre la historia político-cultural y la Nueva historia, así como tampoco se ha hecho con François Furet quien en ese mismo año publicaba “Pensar la Revolución Francesa”. La Nueva historia también es una historia 51FBK7XWTML._SY300_estructural y antropológica. Krzysztof Pomian lo recuerda en su artículo “La historia de las estructuras”, retomando la expresión de Fernand Braudel: “Los observadores de lo social entienden por ‘estructura’ una organización, una coherencia, relaciones bastante fijas entre realidades y masas sociales. Para nosotros, los historiadores, una estructura es, sin dudas, una combinatoria, una arquitectura, pero más aún una realidad que el tiempo utiliza mal y vehiculiza a largo plazo. Algunas estructuras, al perdurar mucho tiempo, se convierten en elementos estables de una infinidad de generaciones: ocupan el espacio de la historia, incomodando y controlando su flujo. Otras son más proclives a diluirse, pero todas son al mismo tiempo un sostén y un obstáculo […] los marcos mentales también son cárceles de larga duración”. Krzysztof Pomian insiste en una articulación necesaria entre estructura sincrónica y evolución diacrónica, una necesidad que André Burguière reivindica para una antropología histórica que debe separarse de una psicología anacrónica y de una historia fugaz de las ideas. Para ello, toma el ejemplo de la historia de la alimentación donde se entremezclan, en el marco de un tiempo largo, historia económica e historia de las estructuras mentales. Esta antropología histórica no deja de hacer un llamamiento a un tipo de historia que tomará forma en las décadas siguientes: una historia de las representaciones cuyo prototipo serán los trabajos de Jacques Le Goff y de Emanuel Le Roy Ladurie sobre Melusina. Evelyne Patlagean evoca esta historia de las representaciones en su artículo sobre la historia del imaginario donde sienta los fundamentos de una historia cultural evocando la importancia que tiene comprender el sistema de representaciones del mundo en el análisis social. Del mismo modo en que Michel Vovelle y Philippe Ariès no dejan de articular la historia de las mentalidades con la historia socio-económica heredada de Braudel y Labrousse, Evelyne Patlagean milita en pos de una historia de las representaciones que necesita de una historia social y de un enfoque estructural, junto con una dialéctica del tiempo largo, de la coyuntura y del acontecimiento. En su artículo sobre la cultura material, Jean-Claude Pesez concuerda con lo dicho por André Burguière y Evelyne Patlagean. Invita allí a hacer una verdadera historia de los objetos y, sobre todo, una historia de los hombres en relación a los objetos, una historia de los gestos y de las costumbres, propia de la antropología histórica. Esta historia también es total: proveniente de Braudel y de su Civilización material y capitalismo, reúne en su seno una historia económica, una historia de las técnicas y de las mentalidades. De la invención a la costumbre, pasando por por la difusión, esta historia se ve obligada a articular los tres tiempos de la historia económica. El artículo de Jean-Claude Schmitt también se inclina por una historia de cultural y de las representaciones: al hacer una historia general de los marginados, el autor actualiza una historia del poder mientras, a su vez, la desplaza. Así, Schmitt pone de relieve el lugar de las masas silenciosas, del mismo que lo hacía Marc Bloch y su “campesino oscuro”, pero interesándose, esta vez, por los que viven en la periferia de la sociedad. Esta historia total, pese a que el sujeto tratado parece marginal, permite, en realidad, combinar la historia política —es decir, la historia del modo en que el poder ha tratado a los marginales—  y la historia antropológica en un marco donde es necesario comprender los ritos de pasaje y exclusión de las sociedades. La ambición de la Nueva historia concuerda, pues, con la de una historia total: para Jacques Le Goff, los historiadores “deben seguir conservando el horizonte y la ambición de una historia que incluya el conjunto de la evolución de una sociedad de acuerdo con modelos globalizantes”. Sin intención de dogmatismo alguno, Le Goff impulsa, al igual que el resto de los autores, a realizar estudios de casos modélicos. Y algunos otros, como Philippe Ariès, claman abiertamente a practicar la microhistoria. El optimismo de Jacques Le Goff en el prefacio de la edición de 1978 ya no se encuentra en el de 1988: “esta historia nueva que se había convertido en un fenómeno importante de la psicología colectiva y de la vida científica e intelectual” parece hundirse diez años después tras una “crisis de la historia en general y de la escuela de Annales en particular” justo en el momento en que la revista Annales operaba su famoso “giro crítico”. Con todo, evitemos confiar en una estimación teleológica de esta obra y concentrémonos en leerla a la luz de esta famosa crisis de los Annales. El hecho de reeditar la obra es, ya de por sí, transformarla en un documento histórico para la historia de la historia y supone, además, considerarla útil desde un punto de vista epistemológico en la actualidad. Rehacer su historia treinta y tres años después implica esclarecer un momento historiográfico esencial para nosotros como historiadores y recordar nuestros orígenes comunes, interrogarnos sobre nuestro destino como herederos voluntarios o no, de manera consciente o inconsciente. También busca que nos entusiasmemos pese a la crisis, el “desmenuzamiento” y la caída en el abismo. Podríamos hacerle mil reproches a la Nueva historia: su soberbia y su afán de seguridad y control; el hecho de que no haya advertido un “desmenuzamiento” de la historia que, sin embargo, Jacques Le Goff ya reconocía de buen grado; el que haya olvidado demasiado a la sociología —sólo Krzysztof Pomian apela claramente a una socio-historia respecto de las revoluciones—; que haya descuidado a la política, a lo contemporáneo y a la cuestión religiosa y espiritual. Las reflexiones de Foucault y laUnknowncuestión del relato, expresadas claramente por Paul Veyne en 1971, aún no han sido asimiladas. Pero, en todo caso, y a riesgo de caer en el anacronismo, ¿resulta útil indicar estas lagunas? Por cierto, convertida ya en un “monumento” foucaultiano, habría que sustraer a la Nueva historia de un continuismo historiográfico poco convincente y concentrarse en su verdadera coherencia epistemológica. Y es necesario hacerlo aunque los autores se hayan visto en ocasiones tentados —¡qué crimen!— por el ídolo de sus propios orígenes y por una historia casi oficial en la cual Jules Michelet, Marc Bloch, Lucien Febvre y Fernand Braudel se convertían en santos que, irremediablemente, era preciso evocar e invocar. De tal forma, lo que debemos retener es la increíble fecundidad de esta historia, la renovación metodológica que ha provocado, la exploración de tierras desconocidas, el descubrimiento de nuevas fuentes, su relectura de fuentes antiguas, la articulación del tiempo largo con el del acontecimiento, el enlace con lo económico, lo social, las representaciones y mentalidades, su coherencia estructural y su fecundo diálogo con la antropología. Retengamos también el placer de un historiador-lector que se sumerge en un tiempo historiográfico dotado de una increíble riqueza donde nunca deja de hacer historia. En suma, esforcémonos por conservar y transmitir el entusiasmo de Jacques Le Goff ante la posibilidad de una historia total y no sigamos petrificados ante una “historia en migajas”. 

[Damien BALDIN. “Jacques Le Goff (dir.), La Nouvelle histoire Bruxelles, Editions Complexe, 2006” (ensayo bibliográfico), in Histoire@Politique. Politique, culture, société. Revue du Centre d’histoire de Sciences Po (Paris), nº 2, septiembre-octubre de 2007. Traducción del francés por Andrés G. Freijomil]

https://introduccionalahistoriajvg.wordpress.com/2013/05/28/%E2%9C%8D-la-nueva-historia-1978/

APORTE DE ALEJANDRO FRANCO EN HISTORIA EN PDF

Herramientas: Horacio Silva – Dias rojos, verano negro

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Por Carlos Godoy:

Si el imaginario social nos lleva a pensar que entre el gaucho y el obrero no sólo hay diferencias de enclave geográfico sino que son sujetos históricamente distintos, pues bien Horacio Silva, investigador especializado en movimiento obrero e historia del anarquismo, nos propone en Días rojos, verano negro. Enero de 1919, la semana trágica de Buenos Aires una nueva mirada sobre el gaucho y sobre las condiciones coyunturales para el nacimiento del movimiento obrero argentino.

El libro se articula en dos ejes. El primero es una tesis naturalista que involucra al gaucho y su paisaje pampeano, como componentes ideales para un sujeto que asume una vida anarco telúrica que no se desprende de las lecturas europeas de Bakunin o Kropotkin. Simplemente es consecuencia de una determinada realidad política y geográfica. El segundo eje, que se desprende del primero, narra la gesta del sindicalismo y su lucha creciente contra los propietarios de las empresas hasta el desencadenamiento de la Semana trágica. El punto de enclave que une a la teoría anarquista del viejo mundo con los paisanos o criollos, es un hecho, no menor en la historia agraria argentina: el inicio del alambrado de los campos a partir de 1855. La inmigración europea no sólo trajo oficios emprendedores para el desarrollismo de entonces, también trajo argumentos para la exclusión que sentían en ese momento los paisanos al no poder circular más libremente: el anarquismo. La tesis de Silva es: ni dios, ni rey, ni ley; los tres elementos distintivos que hacían de los paisanos o gauchos, auténticos sujetos anárquicos. Como si tal corriente ideológica hubiera estado esperando, desde sus inicios, a un sujeto teóricamente complementario a sus enunciados y lo hubiera encontrado cruzando el Atlántico en el momento preciso en el que, tal sujeto, a su vez, esperaba, y necesitaba, las palabras exactas para ponerle nombre a su incomprensible situación nacional.

El relato del libro avanza desde las estancias pampeanas, la llegada de los inmigrantes, pasando por las condiciones de vida en la ciudad, el barrio de Pompeya, la vida de Pietro Vassena un italiano de origen obrero que se cambió el nombre a Pedro Vasena cuando se instaló en Buenos Aires y llegó a ser un gran empresario metalúrgico. Hasta que, sin darnos cuenta, estamos en medio de una gran huelga en los talleres Vasena y finalmente somos testigos en primera fila del desencadenamiento de la masacre de 700 obreros durante la semana del 7 de enero de 1919. Para ello, el autor desglosa citas de los diarios de la época, anécdotas familiares y archivos de la Nación, en tres momentos: la construcción genealógica de los Vasena que es a la vez la historia del sindicalismo y de los inmigrantes en Buenos Aires; el día a día de la huelga que empezó el 2 de diciembre de 1919 en los talleres Vasena de Nueva Pompeya y la posterior interpretación y digestión de los acontecimientos, conocidos como “La semana trágica”.

AL LIBRO

Herramientas: E. Hobsbawm – Los ecos de la Marsellesa

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Los historiadores británicos y norteamericanos han desempeñado un papel capital en la reinterpretación historiográfica de la Revolución Francesa, ya desde los trabajos pioneros de Alfred Cobban con los que empezó a impugnar “The Myth of the French Revolution”, según el título de su libro de 1955. No obstante, la participación anglosajona en la «polémica revisionista» de los últimos años, la que ha tenido como campeones de los dos principales campos contendientes a François Furet y a Michel Vovelle, no ha sido directa ni activa. La polémica no habría sido posible sin los trabajos iconoclastas y libres de prejuicios aportados por los historiadores de lengua inglesa, quienes, no obstante, han preferido, por lo general, no mezclarse discusiones sostenidas preferentemente en francés. Entre las excepciones se cuenta este libro de Eric Hobsbawm quien decidió echar su cuarto a espadas en defensa de la vieja tradición movido por una poco flemática “irritación” y, según confesión propia, bajo los efectos de una inusual adrenalinemia motivada por la lectura de las últimas aportaciones revisionistas francesas. Por ello, sin incurrir, ni de lejos, en la ofuscación, sí se deja ver cierta merma de ecuanimidad, por ejemplo, al caracterizar a un colega de “reaccionario” o, algo más serio, al acusar a Cobban de haber truncado la carrera de Rudé en Inglaterra a raíz de una denuncia política, episodio que nunca ocurrió en los términos simplistas y maniqueos en que aquí se insinúa. Tres cuestiones fundamentales aborda Hobsbawm en estas páginas de tan vehemente origen: la debatida cuestión de la Revolución Francesa como modelo de “revolución burguesa”, su capacidad para inspirar a los artífices de la “revolución proletaria” y las diferencias en cuanto a los condicionamientos ideológicos y académicos que han enmarcado la celebración de su bicentenario y los que enmarcaron el centenario. De las tres, es la primera la de mayor contenido e interés. El modelo tanto tiempo dominante de la Revolución Francesa como expresión politica del tránsito del “feudalismo” al capitalismo determinado por un desarrollo secular de las fuerzas productivas insostenible ya con las relaciones de producción tradicionales, como enfrentamiento entre una clase de comerciantes a gran escala y propietarios industriales armados de los principios de igualdad política y libertad económica, por un lado, y una nobleza terrateniente aferrada al privilegio, por otro, ha perdido toda capacidad explicativa. Hobsbawm se detiene en recordar que el origen de esta interpretación, que el marxismo haría suya y perfeccionaría, se halla en historiadores liberales franceses muy próximos a los acontecimientos, como Thierry o Guizot; pero no señala (quizá por considerarlo obvio) que la concepción de la Revolución Francesa como modelo de revolución burguesa no habría sido posible sin la díaléctica hegeliana cómo método para explicar el cambio y su adaptación materialista por Marx, con la lucha de clases como motor. Es cierto que en los escritos de Marx y Engels no es posible encontrar un desarrollo sistemático del concepto “revolución burguesa”, ni tampoco un análisis histórico de la Revolución de 1789, pero las referencias aisladas y el contexto general (por ejemplo, en la primera parte del “Manifiesto Comunista”) bastan sin duda para fundamentar el modelo “Revolución Francesa=revolución burguesa”. Ese paradigma presupone tanto un orden feudal que no existía ya en 1789 como una clase burguesa políticamente consistente y enfrentada a la aristocracia en la defensa de los principios y valores del capitalismo. La investigación histórica de los últimos años ha ido desmantelando presupuestos que estaban en contradicción con los hechos: aristócratas y componentes de los estratos superiores del Tercer estado no formaban grupos sociales armónicos, sino una misma elite con iguales preferencias y actividades, e intereses más acordes que contrapuestos: la oposición a los derechos señoriales (lo más tangible que del “feudalismo” pudiera quedar) provino del campesinado, y no de los sectores pretendidamente burgueses: el desarrollo de la economía sobre base capitalista, lejos de acelerarse, se retrasó durante décadas con el triunfo de la Revolución. Y, sobre todo, la burguesía, entendida en el sentido rigurosamente marxista, esto es, clase propietaria de los medios de producción que emplea trabajo asalariado apropiándose de la plusvalía, era un grupo enormemente reducido y sin protagonismo en el proceso revolucionario. Quienes lo dirigieron eran hombres de leyes y funcionarios de la antigua administración: la revolución burguesa habría sido, así, obra de abogados y publicistas sin ninguna conexión con el mundo de la producción y los negocios. Como son esos hechos que no es posible ignorar, Hobsbawm, quien nunca ha abusado del término “revolución burguesa”, defiende el concepto hablando de “una revolución de la clase media” en la que la burguesía parece disolverse. En el vocabulario marxiano son términos bien diferenciados, correspondiendo “clase media” a la compleja categoría de “pequeña burguesía” (“Mittelstand”, “Kleinbourgeoisie”), con lo que su uso plantea problemas adicionales sin resolver el de fondo, pero es suficientemente expresivo de lo inconsistente del viejo esquema y valiéndose de esa expresión Hobsbawm viene a dar la razón en un asunto clave al revisionismo que quería combatir.

[Demetrio CASTRO. “En busca de los burgueses perdidos”, in ABC Literario, 9 de abril de 1993, p. 13]

https://introduccionalahistoriajvg.wordpress.com/2012/08/01/%E2%9C%8D-los-ecos-de-la-marsellesa-1990/

APORTE EN HISTORIA EN PDF

Entrevista con Movses Haneshanyan, 103 años, sobreviviente del Genocidio Armenio

Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, el falleciente Imperio Otomano contaba con dos millones de armenios. En 1922, restaban menos de 400.000. Los demás, alrededor de 1.5 millones, fueron asesinados en lo que los historiadores consideran un genocidio.

Como David Fromkin lo plantea en su elogiada historia de la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias “Una Paz para acabar con Toda la Paz”: “las violaciones y la agresión física eran moneda corriente. Todos los que no eran asesinados directamente eran llevados a montañas y desiertos sin alimentos, bebida o techo. Cientos de miles de armenios sucumbieron o fueron asesinados”.

El hombre que inventó la palabra “genocidio”, Raphael Lemkin, un abogado de origen judeo-polaco, investigó acerca del intento de eliminar a un pueblo entero a través de los testimonios de las masacres a los armenios. No acuñó esta palabra hasta 1943, cuando se la aplicó a la Alemania nazi y los judíos, en un libro publicado al año siguiente “El poder del Eje en la Europa Ocupada”.
Las raíces del genocidio se sitúan en el colapso del Imperio Otomano.

El jefe del imperio era también el califa, o líder de la comunidad islámica. A las comunidades religiosas minoritarias, como los armenios cristianos, se les permitía conservar sus estructuras religiosas, sociales y legales, pero estaban frecuentemente sujetas a impuestos adicionales u otras medidas.

Los armenios, según los historiadores, estaban ampliamente concentrados en Anatolia oriental, su mayoría eran mercaderes o industriales, y aparentaban estar claramente mejor en varios aspectos que sus vecinos turcos, quienes eran en su mayoría pequeños campesinos, funcionarios del gobierno mal remunerados y soldados.

Con la aparición del siglo XX, el gran Imperio Otomano comenzaba a mostrar indicios de derrumbe, en parte por las revueltas de los cristianos del norte , vastas franjas de territorio se habían perdido en las Guerras de los Balcanes en 1912-13, y era el motivo de las conversaciones de café a cargo de intelectuales nacionalistas árabes, en Damasco y otros sitios.

Fuente
The New York Times
Traducción: FIRW

101 años del genocidio armenio, el primero del siglo XX

Ereván conmemora la masacre armenia y pide a Turquía que la reconozca como genocidio

Una llama eterna en memoria de los más de un millón de armenios masacrados por el Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial.

Decenas de miles de personas asistieron en Ereván, la capital de la actual Armenia, a la ceremonia que se repite año tras año y que se ha convertido en uno de los símbolos de lo que los armenios califican como “el primer genocidio del siglo XX”.

“Exigimos a Turquía el reconocimiento del genocidio armenio como un crimen contra la humanidad que sufrieron nuestros antepasados. Y exigimos una indemnización y compensación por esas pérdidas para la población armenia”, aseguraba Hayarpi Vartanyan, asistente a la manifestación.

Muy pocos casos de matanzas masivas son considerados genocidio de manera clara por la comunidad internacional.

El Gobierno de Turquía sigue negando oficialmente que la deportación y muerte de más de un millón y medio de armenios en 1915 constituya un genocidio. Pero el debate se ha abierto en la sociedad turca, algo impensable hace pocos años. Ankara, si bien reconoce la matanza masiva, sigue rechazando que se aplique ese término.

EURONEWS (VIDEO EN EL LINK)

Carta de lectores. La Gaceta 24/4/2016

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Queremos recordar la figura de esos investigadores que dejaron su huella en la historiografía tucumana y que se los extraña realmente. Les dejamos una carta de lectores del día de hoy sacada por el diario La Gaceta y escrita por Elena Perilli de Colombres Garmendia

Comparto plenamente los conceptos del Sr Jorge Lobo Aragón sobre el doctor Ramón Leoni Pinto. Además de sus virtudes como persona merece con justicia ser llamado Maestro por su enorme generosidad y su vocación por formar discípulos en la investigación histórica. A varias generaciones dio su sensato consejo, el apoyo bibliográfico, el aporte documental y su tiempo. Se brindaba sin titubeos y alentaba a los que se acercaban a la historia a concurrir a los archivos, a leer y estudiar formándose con verdadera disciplina. Fue un espíritu amplio, sin condicionamientos ideológicos, siempre deseoso de aprender y ávido de lecturas y novedades del mundo de la cultura. Creo que el mejor homenaje a su memoria sería publicar el trabajo al que dedicó los últimos años de su vida: la historiografía de Tucumán, que permanece inédita. Su edición sería un notable aporte a nuestra historia y un concreto reconocimiento a quien tanto debemos.
Elena Perilli de Colombres Garmendia

Workshop “Religión y Secularización en el mundo contemporáneo” (26 y 27/4 UN La Pampa)

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Estimados,
A continuación, enviamos el programa del Workshop “Religión y Secularización en el mundo contemporáneo”, que tendrá lugar el 26 y 27 de abril próximos. Quedan todos cordialmente invitados a participar.

Workshop “Religión y Secularización en el mundo contemporáneo”

Martes 26

Salón en el Consejo Superior (3er piso)

9:30 hs.: Inauguración

9:45 hs.: Sesión 1 

Rocío Guadalupe Sánchez  (IESH- FCH–UNLPam)
“Del mandato constitucional al “pacto laico”: Misiones y secularización en la segunda mitad del siglo XIX”.

Vanina Scocchera (UNTREF- CONICET)
“El objeto devocional: prácticas, funciones y desplazamientos de sentido entre las esferas públicas y privadas en Buenos Aires y Córdoba (siglo XVIII-mediados siglo XIX)”.

Mariana Annecchini (IESH- FCH–UNLPam)
“Italianos y religión en el Territorio Nacional de La Pampa”.

11:15: Pausa café

11:30 hs.: Sesión 2

Sabrina E. Asquini (CONICET/ Instituto “Dr. Emilio Ravignani”- UBA)
“La Iglesia y el mundo de los trabajadores: los Círculos de Obreros católicos en Buenos Aires, 1890-1919”.
                                                                                          
Mariana Elisabet Funkner (Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”-CONICET/IESH-UNLPam)
“La cuestión social en la Iglesia católica mexicana y argentina”.

13:00 hs.: Pausa almuerzo

Salón del Consejo Directivo (2do Piso)

16:00 hs.: Sesión 3

Victoria Nuñez (IDACOR – CONICET- UNC)
“¿Clericales? ¿Anticlericales…? Defensores y críticos de la Iglesia Católica en Córdoba (1880-1930): cultura impresa, ámbitos de sociabilidad y su presencia en el espacio urbano”.

Mercedes Orfila  (IESH- FCH–UNLPam)
“Anticlericales en la prensa católica pampeana: el caso de San Antonio de Trenel”.
                   
Vanessa Alexandra Barrionuevo (INDES – CONICET – FHCSYS
“Secularización y laicidad en la reforma educativa de 1990 en Santiago del Estero”.

17:15 hs.: Pausa – café

17:30 hs.: Sesión 4

Eric Morales Schmuker (CONICET-IESH/UNLPam)
“Protestantes en el fin del mundo. Alcances y desafíos de la investigación en curso”.

Roxana Weigum (IESH-FCH-UNLPam)
“Los alemanes de Rusia: etnicidad y religión luterana en la Parroquia de Santa Rosa – Winifreda (1930 – 1975)”.

Comentaristas: Julio de la Cueva Merino,  Roberto Di Stefano, José Zanca y Ana Rodríguez.

Miércoles 27

14 hs: Circuito turístico religioso

18 hs.: Conferencia: “Modernidad, secularización y laicidad: España entre la política y la historiografía”, a cargo de Julio de la Cueva Merino. Salón del Consejo Directivo (FCH).

Aviso: Números físicos disponibles en Tucuman

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Como muchos de ustedes saben, Revista Historia para Todos no tiene publicidad de ningún tipo y cada número se hace a pulmón. En su momento logramos hacer imprimir los dos primeros números y los mismos fueron donados al Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán, ubicado en calle 25 de mayo 487, espacio donde se realizaron nuestras dos primeras presentaciones.

Luego de la última, fueron donados esos dos ejemplares físicos que existen de la revista al Archivo para su consulta. Aquellos que sean de Tucumán, vivan cerca de San Miguel o cuando se den un paseo por San Miguel y deseen consultar los números pueden hacerlo con los siguientes números de registro

2528 – Nº1   y 2529 – Nº2

Les agradecemos la difusión

Roberto Ferrari – A. Paganelli Sus tempranas fotografías de Tucumán

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Entre las vistas tucumanas más antiguas que han sobrevivido en albúminas originales se destaca la serie de veintiuna imágenes del fotógrafo italiano Ángel Paganelli que ilustran la obra “Provincia de Tucumán”, de Arsenio Granillo, editada en 1872. En su crónica histórica, el investigador Ferrari plasma con solvencia el estudio y análisis del álbum.
Imagen: Fachada de la casa histórica en
que se declaró la Independencia. Fotografía Ángel Paganelli. c.1868. Detalle. Colección Roberto Ferrari

Edición 2016, Museo Roca con el aval del Ministerio de Cultura de la Nación

FACEBOOK aporte de Marcela Cooke 

Jornada – Taller: “Las villas de Buenos Aires en perspectiva histórica (1958-1983)” (25/4 FADU UBA)

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Queremos invitarlos a la 1°Jornada Taller sobre las villas de Buenos Aires, en la cual proponemos discutir junto a un grupo de Jóvenes Investigadores y Especialistas, las nuevas perspectivas para el análisis de esta forma de habitar, mirada en perspectiva histórica.
Los esperamos,
Rosa Aboy
Dra. en Historia / Arquitecta
Profesora Titular FADU
Directora CEIHVAL – IEHU
Universidad de Buenos Aires

“Taller de aproximación a la Metodología de Historia Oral” (22/4 Pergamino)

“Taller de aproximación a la Metodología de Historia Oral” Próximo viernes 22 de abril, de 9 a 12, organizado por Instituto 122 y coordinado por la Investigadora Laura Benadiba,en sede de Escuela Técnica Secundaria N°2 de Pergamino!!! Invitamos a profesores , investigadores,estudiantes e interesados
Entre los objetivos, se encuentra brindar lineamientos teórico-prácticos con miras al diseño de propuestas a presentar en el PRIMER CONGRESO DE HISTORIA ORAL DE Y PARA ESTUDIANTES DE ESCUELA SECUNDARIA, a desarrollarse en octubre, en nuestra ciudad!!!
Agradecemos la coordinación honoraria de Laura y su gran disposición .Resulta un honor el elegirnos como sede de muchas de sus experiencias y del posterior Congreso, motivo inicial de su inspiración…Hagamos propicios estos espacios de gratuidad, en los que se debate a la Oralidad y a sus aportes como soporte metodológico para la re-construcción de todas las disciplinas, en el marco de articulación de propuestas interinstitucionales !!! El auspicio del ministerio de Educación de la Nación está en trámite, próximo a salir en estos días.
La Comunidad Educativo-Cultural de Pergamino y de la Región está invitada a participar!!!
Nuestros medios locales se han hecho eco de la propuesta y se encuentran en trámite declaraciones de interés de diferentes organizaciones gubernamentales…!!!
Muchas Gracias!

Declaración de interes público

Anunciamos la apertura de la página de DOSSIERS DE REVISTA HISTORIA PARA TODOS. La misma esta en construcción pero pueden ir viéndola desde el siguiente link: https://rhptdossier.wordpress.com/ Allí publicaremos las convocatorias y los números de dossier que saldrán anualmente. Continuamos creciendo y queremos agradecerles por todo el apoyo recibido

Revista Historia para Todos. dossier. ISSN: 2524-9320

Abrir una página dedicada exclusivamente a los dossiers no resulta arbitrario. A partir de este lugar queremos darle un mayor énfasis por fuera de la salida de Revista Historia para Todos, queremos que los dossiers tengan su propia entidad. 

Los mismos tendrán una salida anual. Aquí en la web se publicarán las convocatorias y los números correspondientes

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Alemania: Hallan restos de la batalla más cruel de la Edad del Bronce

Los restos de unos 100 guerreros fueron recuperados en el noreste del país.

D. Jantzen

Unos restos humanos hallados en el noreste de Alemania sugieren el escenario de la más temprana y una de las más violentas batallas de laEdad del Bronce jamás descubierto.

Los cráneos rotos y huesos fracturados de un centenar de personas fueron hallados en el valle del Tollense (Mecklemburgo-Pomerania Occidental).

Los buceadores recuperaron del fondo del río armas de sílex y bronce, como puntas de flecha y lanza alojadas en los esqueletos. También se decubieron armas de madera parecidas a bates de béisbol y mazos de croquet.

Los investigadores del Centro de Arqueología Báltica y Escandinava (Alemania) datan la batalla en aproximadamente hace 3.200 años y creen que las tribus que la libraron son desconocidas y probablemente no fueran de procedencia local.

“Hay muchos indicios de lo que sucedió inmediatamente antes de que esas personas murieran, y los cuerpos no están enterrados de una manera normal”, comentó el principal investigador, Harald Lubke, citado por ‘The Daily Mail‘.

Los arqueólogos creen que el conflicto bélico tuvo lugar más arriba del lugar del hallazgo y que más restos podrían ser encontrados en la zona.

https://actualidad.rt.com/actualidad/204976-alemania-hallar-restos-batalla-cruel-edad-bronce