Redes sociales tempranas: los cafés como espacios de sociabilidad e innovación científica y empresarial

Artículo de Jose Ragas

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El crecimiento exponencial de las redes sociales (Facebook y Twitter, entre otros), así como los diversos ámbitos en los que estos se han visto involucrados en años recientes -desde espacios globales de socialización hasta supuestos promotores de revueltas populares- ha llevado a buscar antecedentes a estas redes en el pasado. En algunos casos, esta pesquisa ha llevado a sugerir que la invención de la imprenta en el siglo XVI generó un primitivo sistema de circulación de impresos e ideas que lo asemejaría a sus pares actuales. En otros casos se han incorporado a las tertulias que se desarrollaron en el tardío siglo XIX en España como ejemplos alternativos de nuestras redes sociales.

Los cafés parecen cumplir con varios requisitos para establecer una suerte de lejano parentesco con nuestras contemporáneas redes sociales. Estos fueron objeto de investigación y escrutinio en los años 1980s en adelante, debido a la formulación de la teoría habermasiana del espacio público así como a la influencia francesa sobre los espacios de sociabilidad. El surgimiento de varios de ellos en el tardío siglo XVIII en la América colonial los llevó a una asociación con la Ilustración que se desarrollaba por esos mismos años. Los trabajos al respecto nos descubrieron espacios de agitación y que albergaban un sinfín de actividades alrededor del consumo de la bebida.

En el presente artículo, escrito por Tom Standage, se hace una comparación entre los cafés ingleses del siglo XVII con las modernas redes sociales en torno a la preocupación por si estos son espacios “productivos” o de “ocio”, lo cual permite al autor revelarnos poco conocidos aspectos de los cafés como espacios de circulación y producción de ideas.

Redes sociales en el siglo XVII, por Tom Standage

Las redes sociales son acusadas de ser enemigas de la productividad. De acuerdo a una conocida (acaso tendenciosa) infografía que circula por la web, el uso de Facebook, Twitter y sitios similares le cuesta a la economía norteamericana alrededor de US$ 650 billones cada año. Nuestra capacidad de concentración se atrofia y las pruebas muestran resultados negativos, todo debido a estas “armas de distracción masiva”. Preocupaciones similares tuvieron lugar en el pasado. En Inglaterra en el tardío siglo XVII se produjeron preocupaciones bastante parecidas sobre otro tipo de espacio mediático reciente, que parecía captar la atención de los jóvenes y reducir su capacidad para concentrarse en los estudios o en su trabajo: los cafés. Estos eran las redes sociales de su época.

Al igual que el café en sí, los cafés fueron traídos desde el mundo árabe. El primer café que se abrió en Londres lo hizo en Oxford en la década de 1650, mientras cientos de establecimientos del mismo tipo surgieron en Londres y otras ciudades en los siguientes años. La gente iba a los cafés no solo a beber café sino a leer y a discutir los últimos panfletos y volantes con noticias así como a enterarse de los rumores y chismes.

Los cafés eran también usados como oficinas postales. Los clientes podían visitar sus cafés favoritos varias veces al día para revisar su correspondencia, ponerse al tanto de las noticias y hablar con otros parroquianos, sean estos amigos o extraños. Algunos cafés se especializaban en discusiones de determinado tipo, como ciencia, política, literatura o compras. Debido a que los clientes se movían de uno a otro, la información circulaba con ellos.

El diario de Samuel Pepys, un oficial del gobierno, está lleno de variaciones de la frase “de ahí al café”. Sus apuntes dan la sensación de un amplio rango de conversaciones que encontró en dichos establecimientos. Las de noviembre de 1644 hacen referencia a “un discurso largo y apasionado entre dos doctores”, discusiones sobre historia romana, como almacenar cerveza, un nuevo tipo de arma náutica y un juicio legal.

Una razón por la que estas conversaciones eran tan apasionadas era que las distinciones sociales no existían al interior de estos locales. Los clientes no solo eran permitidos sino estimulados a iniciar conversaciones con extraños desde sus diversas experiencias. Como lo señaló el poeta Samuel Butler, “caballeros, mecánicos, lords, y la canalla, son todos uno solo”.

No todos aprobaban esto. Así como los críticos se quejaban de que los cristianos habían abandonado su bebida tradicional, la cerveza, por una bebida foránea, y que los cafés estaban alejando a las personas del trabajo productivo. Entre los primeros en alertar sobre este hecho estaba Anthony Wood, un académico de Oxford, en 1677. “¿Por qué el sólido y serio aprendizaje se encuentra en declive, y pocos o nadie lo sigue en la Universidad?”, se preguntaba. “Respuesta: Por los cafés, donde se pasa la mayor parte del tiempo”. Mientras, Roger North, un abogado en Cambridge, se lamentaba de “la vasta Pérdida de Tiempo. ¿Quién puede concentrarse en un Tema con su Cabeza llena de la bulla de un café?” Estos lugares eran “la ruina de muchos serios y esperanzados caballeros y comerciantes”, de acuerdo a un panfleto, La Gran Preocupación de Inglaterra Explicada, publicado en 1673. Lo cual trae de vuelta las alertas emitidas por comentaristas modernos. Una causa común de preocupación, entonces y ahora, es que estas plataformas de intercambio representan un peligro particular para la juventud.

¿Cuál era el impacto real de los cafés en la productividad, educación e innovación? Antes que ser enemigos de la industria, los cafés fueron crisoles de creatividad, debido a la forma en que facilitaban la circulación de ideas y personas. Los miembros de la Real Sociedad, la sociedad científica pionera de Inglaterra, solían refugiarse en los cafés para proseguir sus debates. Los científicos solían conducir experimentos y dar conferencias en los cafés, y debido a que el costo por entrar equivalía al de una taza de café, los cafés eran conocidos como “universidades de un penique”. Fue una discusión llevada a cabo en un café entre varios científicos lo que llevó a Isaac Newton a escribir suPrincipa Mathematica, uno de los pilares de la ciencia moderna.

Los cafés fueron plataformas para la innovación también en el mundo de los negocios. Los comerciantes usaban los cafés como lugares de encuentro, lo que dio lugar a nuevas compañías y modelos de negocio. Un café de Londres llamado Jonathan, donde los comerciantes tenían mesas especiales para poder realizar diversas transacciones, se convirtió eventualmente en la Bolsa de Valores de Londres. El café de Edward Lloyd, un popular lugar de encuentro para capitanes de navío, propietarios de embarcaciones y mercaderes, se convirtió en el afamado mercado de seguros Lloyd.

El economista Adam Smith escribió gran parte de su obra maestra La Riqueza de las Naciones en el British Coffee House, un lugar bastante conocido para intelectuales escoceses, entre los cuales circuló las primeras versiones de su libro para someterlo a debate.

No cabe duda que también se perdía el tiempo en los cafés. Pero sus méritos exceden con largueza a sus defectos. Los cafés provenían un vívido entorno social e intelectual, lo cual dio lugar a una oleada de innovaciones que cambiaron el mundo moderno. No es una coincidencia que el café mantenga su prestigio como una bebida de colaboración y socialización hasta el día de hoy.

El espíritu del café como espacio ha revivido en nuestras plataformas sociales. Estas, también, son abiertas a todos, y permiten que la gente de diversa procedencia pueda encontrarse, debatir y compartir información con amigos y con extraños por igual, forjando nuevas conexiones y proponiendo nuevas ideas. Dichas conversaciones pueden ser enteramente virtuales, pero tienen el enorme potencial de originar cambios en el mundo real.

Pese a que algunos jefes se burlan del uso de la social media en el lugar de trabajo, compañías con mayor visión han comenzado a incorporar versiones corporativas de Facebook, para impulsar la colaboración, descubrir talentos escondidos y conocimiento entre sus empleados, así como para reducir el uso del email. Un estudio publicado en 2012 por McKinsey & Company, una firma consultora, encontró que el uso de redes sociales incrementó la productividad alrededor de 20 a 25%.

El uso de la social media en la educación, por otro lado, está sustentado en estudios que demuestran que los estudiantes aprenden de modo más efectivo cuando actúan con otros estudiantes. OpenWorm, un pionero proyecto computacional de biología que comenzó con un simple tuit, ahora involucra a colaboradores alrededor del mundo que se reúnen vía Google Hangout. ¿Quién sabe qué otras innovaciones se vienen preparando en el café global de internet?

Siempre hay un periodo de ajuste luego de la aparición de las nuevas tecnologías. Durante esta fase de transición, que puede tomar varios años, las tecnologías suelen ser criticadas por alterar el modo de hacer las cosas. Pero la lección del café es que los miedos modernos sobre los peligros de las redes sociales están pasados de moda. Este tipo de media, en realidad, tiene una larga historia: el uso de los panfletos por Martín Lutero en la Reforma echa nuevas luces sobre su rol en la Primavera Árave y sus paralelos con los panfletos llenos de chismes que circularon en la Francia pre-revolucionaria y el uso del micro-blogging en la China moderna. A medida que nos enfrentamos con los desafíos planteados por las nuevas tecnologías, hay mucho que aprender del pasado.

 

Social Networking in the 1600s“, de Tom Standage, apareció en The New York Times el 22 de junio de 2013. Tom Standage es editor digital de The Economisty autor del libro  (2013).

No hablando de la revolución: ¿Donde estas las canciones de protesta? (En ingles)

Jonathan Luxmoore and Christine Ellis

From anti-Vietnam war ballads to miner’s strike songs, folk artists have long voiced counter­cultural anger. With so much ammunition today, could folk music be about to wake from its recent docility?

Willie Nelson opening the July 4th Picnic music festival in 1974.

Willie Nelson opening the Fourth of July Picnic festival in 1974. Photograph: Everett/Rex Shutterstock

Last November, the folk singers Nancy Kerr, Martyn Joseph, Sam Carter and Maz O’Connor went to Westminster to perform for MPs. Nothing so remarkable about that, perhaps, but what they were singing about might have made several of their audience a little uncomfortable. The musicians were there to launch Sweet Liberties, a project marking 800 years of British democracy as seen through episodes from the Levellers and Tolpuddle Martyrs to the modern­-day Race Relations and Human Rights Acts.

In a year that marked the 800th anniversary of the sealing of Magna Carta and 750 years since the Simon de Montfort parliament, the four celebrated the pursuit of democracy and sung songs new and old, written about the rights and liberties that people have fought to achieve and protect over the centuries. “The topics in our songs all deserve to be celebrated – but we’d also like to highlight some uncomfortable truths which matter to vulnerable people today,” says Kerr. “Folk music reflects the creativity of working people, who often used it as a political voice. This kind of project could link present concerns with previous radical struggles and help us find a new collective voice.”

Ewan McCall and Peggy Seeger.
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Ewan McCall and Peggy Seeger, who organised the folk singers’ Critics Group. Photograph: Brian Shuel/Redferns

Kerr’s mother, Sandra, was a “folk apprentice” to Ewan MacColl and Peggy Seeger, whose Critics Group met in London’s Union Tavern in the 1960s and 70s to promote political change through music. Kerr has long since established her own profile (she won 2015’s BBC folk singer of the year award) and believes current issues,­ from fracking to climate change to welfare cuts,­ offer rich material. She is disappointed that what she terms the “artistic left” seems to have backed off from the politically focused music that MacColl and co once sung. Where have all the protest songs gone?

The reasons behind the silence range from the generational to the cultural and economic. While politics remains a prominent subject in the arts as a whole – with standup and fringe theatre routinely used for agitprop – some claim that changing social habits have eroded music’s political significance.

Alan Lomax and Pete Seeger
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Alan Lomax (second right) and Pete Seeger (far right) practice for the Folksong ’59 concert in 1959. Both found themselves on Senator Joe McCarthy’s blacklist. Photograph: John Cohen/Getty Images

“Protest songs are no longer seen as an effective form of communication,” says Malcolm Taylor, a folk music expert and former librarian at the English Folk Dance and Song Society. “There’s so much ammunition for them­, and if you wrote one that happened to catch on, you could potentially reach millions. But whereas Billy Bragg and his generation would have strapped on their guitars and headed for a street corner to make their point, today’s discontents prefer Facebook and other social media.”

Joan Baez performs at an anti-Vietnam war demonstration in Trafalgar Square in 1965.
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Joan Baez performs at an anti-Vietnam war demonstration in Trafalgar Square in 1965. Photograph: Keystone/Getty Images

Bragg’s generation in the 1970s and 1980s could also draw inspiration from the US, where legendary protest artists such as Woody Guthrie, Pete Seeger and Alan Lomax had ended up on Senator Joe McCarthy’s blacklist, and later arrivals such as Bob Dylan, Phil Ochs and Joan Baez lent musical backing to the civil rights and anti­-Vietnam war movements. Music was, for a time, a powerful counter­cultural force.

In the UK, too, folk music was long a tool of political protest, influencing writers from Chaucer and Shakespeare to Dickens and Hardy. Songs helped shape popular moods: Richard Thompson’s Blackleg Miner highlighted the plight of colliery workers, while Song of the Lower Classes by the chartist poet MP Ernest Jones drew on rousing works such asShelley’s Mask of Anarchy.

In the late 19th century, thanks to pioneering collections byCecil Sharp, Lucy Broadwood and others, folk music gained respectability. Many believe it lost its bite in the process. But in the 1950s, MacColl roundly rejected the genteel, sanitised legacy of Sharp and his co-collectors and set about turning folk music into a vehicle for radical change. MacColl’s own revival of Travellers’ Songs highlighted the plight of Roma communities, while compositions of his own, such asFreeborn Man and Song of the Road, also fed into a political agenda. MeanwhileAL Lloyd – who was barred from the BBC because of his Marxist sympathies – identified an anti­-authoritarian tradition in English folk that stretched back to the Peasants’ Revolt. His seminal Penguin Book of English Folk Songs from 1958, compiled with Ralph Vaughan Williams, was intended to dismiss “the false supposition that folk songs are always ‘quite nice’” and return folk to its earthy roots.

It was a mission taken up at the time by Topic Records, a 1939 offshoot of the Workers Music Association, the world’s oldest independent label. “From Sharp’s collections, it’s clear the ballads and broadsides of old present an alternative view of key phases in history, such as the Industrial Revolution and Napoleonic wars. As such, some leftwing historians have seen them as significant testimonies,” Taylor says. “But MacColl and Lloyd also bowdlerised them and used them for their own political ends, much to the dismay of other folk performers who didn’t share their radical views”.

The UK’s folk protest tradition lived on in the songs of Bragg, and veterans such as Dick Gaughan and Steve Knightley. But since then, few younger performers have seemed interested in addressing political issues on stage. And while the protest mantle was assumed by punk and new wave bands raging against the Thatcher government, their own counter­culture has long since been co­-opted by polite society and exploited by the UK’s booming music industry.

Bob Dylan and Joan Baez at an anti-nulear weapons rally in 1982.
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Bob Dylan and Joan Baez at an anti-nuclear rally in 1982. Photograph: Neal Preston/Corbis

Much the same appears to have happened with mainstream hip-hop, which once existed as an expression of protest but has since been largely depoliticised by the effects of fashion and business sponsorship.

Taylor believes all forms of protest music have eventually been “appropriated by the establishment to make money”. The veteran folk artist Martin Carthy agrees. “There are still some good and effective protest singers and songwriters around, but it’s not like it was in the 50s and 60s”, he says. “The promoters have long since cottoned on to the commercial potential of protest music; you’d have to be very determined and energetic to make yourself authentic and visible without them.”

The decline of radical politics in the 1990s alongside the rise of New Labour undoubtedly contributed to folk music’s new docility, the genre offering little in the years when the Occupy movement and anti-Iraq war demonstrators have taken to the streets in protest.

But things might be changing. Jeremy Corbyn’s rise to political prominence has spurred new radical thinking, which could well gain a platform in music. Carthy recently rewrote a folk classic, Rigs of the Time, with references to “rich corporate farmers” and the European Union’s agricultural policy. His daughter Eliza has also worked political messages into songs of her own, such as You Know Me, about the plight of refugees, and Fisherman, about the Occupy movement. Not that protest songs are the exclusive domain of the left: the folk tradition has encompassed Jacobite rants and classics such as the royalist civil war song,Dominion of the Sword, while contemporary singers such as Morrissey and Gary Numan have pitched in for the political right.

“While I’d prefer protest songs to come from the left, I accept that every political option can produce them since folk is music of the people”, Carthy says. “We’re clearly seeing a widening out of political debate, so I don’t see why this tradition couldn’t revive. If we’ve a duty to pass folk music on, we should also bring it up to date and make it relevant to our times,” he says.

Martin Carthy has, along with his daughter, worked to refocus the folk genre on current issues.
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Martin Carthy has, along with his daughter, worked to refocus the folk genre on current issues. Photograph: Burak Cingi/Redferns via Getty Images

Kerr hopes the Sweet Liberties project will go some way to providing “a soundtrack for current anxieties” at a time when young people are showing a new readiness to engage with and get involved in politics. “No one’s going to write a song today which starts a revolution, but I like the idea of a musical movement where different voices can bring their ideological concerns to bear,” the singer­-songwriter says.

“We may not see the like of We Shall Overcome [the seminal civil rights anthem] again. But we can still smuggle some subversive, powerful, galvanising ideas through in music. And this may well be a time when people are wanting to hear them again.”

XIII Congreso Centroamericano de Historia (Tegucigalpa – Honduras – Julio 2016)

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Compartimos información del XIII Congreso Centroamericano de Historia a realizarse en Tegucigalpa, Honduras en Julio de este año. Hasta el 15 de marzo se pueden enviar ponencias.

El facebook de la organización es el siguiente: https://www.facebook.com/XIII-Congreso-Centroamericano-de-Historia-460485434162451/timeline

Investigadora del CONICET declaró y aporto 14 fotografías de Lehmann Nitsche del día de la masacre a la investigación por Napalpí

Con el objetivo de promover la apertura de un juicio por la verdad,  la Unidad Derechos Humanos de la Fiscalía Federal del Chaco inició en 2014 una investigación para reconstruir los hechos que tuvieron lugar en la denominada “Masacre de Napalpí” el 19 de julio de 1924. En aquel episodio, más de 300 personas, en su mayoría  integrantes de comunidades indígenas y algunos criollos, que realizaban una huelga en reclamo por una justa retribución por la cosecha de algodón, fueron acribillados por parte la Policía Nacional y grupos civiles armados que respondían a la orden del gobernador del territorio chaqueño, Fernando Centeno.
En este marco, el 3 de febrero prestó declaración Mariana Giordano, Doctora en Historia, Investigadora Independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas de la Argentina (CONICET), docente de la UNNE y actual directora del Instituto de Investigaciones Geohistóricas (CONICET – UNNE).
La historiadora, que ha desarrollado diversas investigaciones sobre los discursos e imágenes de los indígenas del Gran Chaco, con referencias al caso Napalpí, entre las que se destaca sus tesis doctoral “Discurso e Imagen sobre el indígena chaqueno” publicada en 2004, sostiene que la prensa hegemónica de la época ocultó la explotación de indígenas y criollos que ejercían los sectores dominantes en los campos de cosecha, así como el conflicto desatado por la desigualdad social. La situación se vio recrudecida con los reclamos que derivó en la huelga de 1924, llamada por el Estado y  el periodismo oficial como “sublevación” de Napalpí.
No obstante, indicó que hay otros discursos que revelan huellas del sometimiento y la violencia estatal. Específicamente refirió a El Heraldo del Norte/Heraldo chaqueño como “un periódico censurado por el gobierno que dio cuenta de la acción armada del Estado territoriano como respuesta a la huelga” y otros relatos recabados por la investigadora.
Principalmente, Giordano se explayó en la descripción del rol que tuvo la fotografía en la construcción de representaciones del “control” y la “mansedumbre” de las comunidades indígenas y en la justificación de los proyectos estatales de expropiación de tierras y explotación laboral.
Refirió especialmente a un conjunto de 14 imágenes tomadas por el antropólogo Robert Lehmann Nitsche el día de la Masacre en la Reducción de Napalpí y  que fueron relevadas por la investigadora en  el  Instituto Iberoamericano de Berlin (IAI). Insistió en  la “ausencia” de referencia de “violencia explícita” en las imágenes y como contrapartida la reproducción de “un ambiente pacífico con indígenas ‘amigos’ -disciplinados-”.
Sin embargo indicó que pueden referenciarse “ciertas ‘marcas’ o “huellas” de esa violencia  a través del trabajo con la comunidad actual”. Es decir a partir  del análisis de las imágenes en relación al relevamiento de testimonios y la recepción de fotografías en las comunidades que es parte del trabajo que la investigadora ha realizado.
“Los brazaletes blancos que tienen varios de los hombres y mujeres son recordados en la memoria de familiares de los sobrevivientes como la marca que la administración de la Reducción obligaba a poner a los indígenas ‘buenos’, es decir, aquellos que no estaban “sublevados”. Este paño se usó con anterioridad y posterioridad al día de la matanza”, explicita Giordano respecto a una de las imágenes.
Asimismo, la historiadora se detiene una fotografía del conjunto y afirma que remite a la matanza.  La imagen  “muestra un avión con el piloto en la cabina sobre el que se distingue la inscripción ‘2 Chaco’  y delante de él funcionarios, policías con fusiles Winchester y el mismo Lehmann Nitsche”, detalla y en vinculación a ella acota que en prensa opositora al gobierno han referido  justamente “a la presencia de un avión de Aerochaco 2 que sobrevoló la zona en la que se encontraban tobas y mocovíes a la espera de promesas de resolución del conflicto planteado al gobierno territoriano”.
En esas instancias, por tierra y por aire, se perpetró el cruento fusilamiento de los indígenas y criollos cuya lucha y memoria histórica ahora busca ser reivindicada con la apertura de un juicio que podría enmarcar el caso como un crimen de lesa humanidad.
El testimonio de Mariana Giordano se suma al de los sobrevivientes, descendientes y los materiales e investigaciones de otros los historiadores, antropólogos, periodistas y documentalistas citados por la fiscalía  que también investiga la masacre de El Zapallar, ocurrida en 1933.
En esta declaración, la Dra. Giordano entregó al Fiscal diversos textos y materiales a los fiscales para que puedan incorporarse a la documentación probatoria a la investigación. Entre estos se destacan las copias del material fotográfico del legado de Lehmann. Nietsche, con autorización del Instituto Iberoamericano de Berlin (IAI) y una copia en DvD  del documental producido por CONICET “Historias Fotosensibles” (dirigido por Pablo Kuhnert, 2010) que incluye el trabajo de las imágenes con las comunidades.

Josep Fontana – Historia: análisis del pasado y proyecto social

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GOOGLE BOOKS: Este libro provocador, cuya publicación en 1982 incomodó a los medios académicos de entonces, se convirtió, sin embargo, en una herramienta fundamental con la que una generación de estudiantes y enseñantes de historia, tanto en España como en América Latina, construyó su oficio de historiador aprendiendo que éste consistía, sobre todo, en vivir en contacto con los problemas reales de los hombres y de las mujeres del mundo de hoy. Pero más allá de su valor científico, esta obra del profesor Fontana ha tenido el gran mérito de enseñarnos a todos a entender críticamente el marco de relaciones sociales en que nos desenvolvemos y a liberarnos de los tópicos y prejuicios de una historia que nos ofrece la realidad social actual como el resultado «natural» de la evolución de los acontecimientos, mientras que los obstáculos que se cruzaron en su camino se nos presentan como regresivos, y las alternativas a ella, como utópicas.

https://www.academia.edu/8854821/Josep_Fontana-_Historia_analisis_del_pasado_y_proyecto_social

IV Simposio Internacional – Delitos, policías y justicias en América Latina (Río de Janeiro – 2-4 de marzo 2016)

Afiche

Entre el 2 y 4 de marzo que viene se estará desarrollado en el Instituto de História de la Universidad Federal de Río de Janeiro, en el centro de la ciudad, el IV Simposio Internacional, “Delitos, policías y justicias en América Latina” organizado por la Red de Historiadores e Historiadoras del Delito en Las Américas (REDHHA)

A continuación les dejamos el link con el programa final, hacemos extensiva la invitación y les agradecemos la difusión: PROGRAMA FINAL

1919: matanza de obreros, pogrom en el Once y el papel de Juan Domingo Perón

Hernan Schiller para La Izquierda Diario

 

La “Gran Guerra”, que luego fue bautizada como Primera Guerra Mundial (1914-18) para diferenciarla de la “Segunda” (1939-45), paralizó en nuestro país las inversiones. Las dificultades para exportar e importar provocaron carestía y pérdida del poder adquisitivo del salario. En ese cuatrienio de la primera contienda, el salario descendió en la Argentina un 38,2 por ciento, porcentaje más que elevado para aquel entonces. Obviamente, la combatividad obrera creció, estimulada además por la revolución bolchevique en la lejana Rusia y la ola de pronunciamientos proletarios que se habían desatado en el resto de Europa, principalmente las acciones de los espartaquistas en Alemania encabezados por Rosa Luxemburgo.

En 1917 hubo por estas latitudes 136.000 trabajadores en huelga; al año siguiente fueron 138.000, pero en 1919 la cifra subió a más de 300.000.

El 70 por ciento de los huelguistas pertenecía al sector de los transportes, lo que también marcó una diferencia con los movimientos de la primera década, que en su mayoría se daban en pequeñas empresas.

De esos años datan las huelgas de la Federación Obrera Marítima, de los obreros municipales de Buenos Aires y, fundamentalmente, de los trabajadores ferroviarios. Estos últimos revelaron un particular sentido de lucha, al punto de incendiar vagones en Retiro y darles algunas palizas a aquellos funcionarios británicos que se negaban a otorgar los aumentos salariales y mejorar las condiciones de trabajo. En este clima creció el pánico de las clases altas: cada sindicato parecía un soviet; cada huelga, el preludio de la toma del poder por parte de los obreros y cada inmigrante, un revolucionario en ciernes.

El primer gobierno de Hipólito Yrigoyen (1916-22), impotente y contradictorio para alinearse junto al pueblo, mandó a reprimir. Pero la oligarquía, las grandes empresas y los paquidermos periodísticos desconfiaban de Yrigoyen, que había alcanzado el poder con gran apoyo popular, y lo acusaron de favorecer a los huelguistas indiscriminadamente. Así nació la decisión de los “altos intereses en peligro” de crear una fuerza parapolicial que reprima por su cuenta “y con mayor eficiencia que los regulares”.

Los grandes diarios y los círculos conservadores habían entrado en una suerte de miedo superlativo, casi de histeria, denunciando la existencia de soviets, aun dentro de la policía. Y, al estallar una huelga general en los frigoríficos de Berisso y Avellaneda, casi todos de propiedad norteamericana, salieron los primeros grupos de “niños bien”, montados en automóviles último modelo, a reprimir a los “subversivos” y a reclutar rápidamente “crumiros” (como se denominaba entonces a los rompehuelgas)

Los “triunfos” alcanzados por esos jóvenes, fuertemente impregnados por una combinación de difuso nacionalismo y catolicismo, alentó la formación de dos organismos civiles terroristas amparados por las fuerzas sociales y económicas dominantes: “Orden Social” y “Guardia Blanca”, transformados luego en “Liga Patriótica Argentina” y “Comité Pro Argentinidad”, que crearon brigadas armadas con el visto bueno de la policía y el Ejército y el apoyo financiero de la “Asociación Nacional del Trabajo”, entidad patronal presidida por Joaquín S. Anchorena.

La “Liga Patriótica” –la más importante y conocida de esas organizaciones- se “cubrió de gloria”, según La Prensa, en numerosos ataques a centros y reuniones obreras.

Una de esas “proezas” fue el asalto a un local de la FORA (Federación Obrera Regional Argentina), cerca de Plaza Once, donde resultaron dos muertos, uno de ellos el chofer Bruno Canovi. También atacó una pacifica demostración en Gualeguaychú (Entre Ríos), con diversos muertos y heridos como saldo. Y, simultáneamente, asesinó en Rosario a la obrera anarquista Luisa Lallana. Además, en el puerto de Buenos Aires, fue muerto de manera similar el trabajador Ángeles Améndola. Sin embargo aquella ordalía represiva recién alcanzaría su máxima altitud durante la “Semana Trágica” -6 al 13 de enero de 1919-, que dejará como saldo unos 700 muertos y más de 4000 heridos.

“Conspiración”

Los primeros crímenes, en esa semana de dolor pero también de gran espíritu proletario y combativo, fueron cometidos `por los propios uniformados –al disparar sobre los huelguistas reunidos frente a la fábrica metalúrgica de Pedro Vasena e Hijos, en Cochabamba y Rioja, donde hoy se encuentra la plaza Martín Fierro-, pero, con el desarrollo de los acontecimientos y el miedo burgués a la “revolución social”, el jefe de la Segunda División del Ejército, general Luis Dellepiane (el mismo que entre 1909 y 1912 había sido jefe de policía, reemplazando al ejecutado Ramón L. Falcón), no sólo fue llamado a asumir la responsabilidad ejecutiva de la represión, sino que también dio vía libre a los “civiles” para que “colaboren”. Esos “civiles”, que muy poco tiempo después formarían la “Liga Patriótica” y otras estructuras similares, se habían formado en el odio al inmigrante, especialmente los judíos, a quienes acusaban de estar fomentando la “conspiración judeo-maximalista” para “disolver la nacionalidad argentina”.

El antisemitismo estaba muy arraigado en las clases altas de entonces. Algunos ejemplos: en 1890 apareció en La Nación, en forma de folletín, una furiosa novela antisemita llamada La bolsa de Julián Martel; en enero de 1888 (apenas ocho meses antes de morirse), el mismísimo Domingo Faustino Sarmiento publicó varios artículos antijudíos en El Nacional; el diario La Prensa, en distintas oportunidades, manifestó su oposición a que los judíos formen comunas agrarias en Entre Ríos y Santa Fe; y, sobre todo, la “acción” del 15 de mayo de 1910, diez días antes del Centenario, cuando jóvenes de clase alta, salidos de la muy exclusiva “Sociedad Sportiva Argentina” bajo la conducción del barón Demarchi, asaltaron las sedes del Avangard, órgano del “Bund”, agrupación obrera socialista judía, y la denominada “Biblioteca Rusa”, para quemar luego sus libros en Plaza Congreso.

Refiriéndose al antisemitismo de los represores de la “Semana Trágica”, Juan José Sebreli (en el libro La cuestión judía en la Argentina, publicado en 1968 por la editorial Tiempos Modernos) esbozó una interesante reflexión para explicar la xenofobia de la oligarquía de aquélla época: “El mismo odio racial que la burguesía liberal sentía por el mestizo al que trató de sustituir por el inmigrante europeo, se volcó después hacia el propio inmigrante cuando éste se reveló inesperadamente como un dinámico elemento de agitación social”.

(Dicho sea de paso: Sebreli, en el ’68, todavía era considerado un escritor cercano al pensamiento de la denominada “izquierda nacional”, pero años más tarde giró bruscamente hacia posiciones más liberales y de derecha).

El ensañamiento de esos sectores vinculados con el poder contra los trabajadores judíos durante la “Semana Trágica” produjo en América Latina el primer pogrom (vocablo ruso de antigua data que significa “matanza de judíos”). Muchos lo consideraron una suerte de venganza por la acción reivindicativa llevada a cabo por el joven judío Simón Radowitzky diez años antes, aunque el régimen, ya en ese entonces, inmediatamente después de producirse la ejecución del coronel Ramón Lorenzo Falcón el 14 de noviembre de 1909, se había cobrado una buena revancha al encarcelar a más de 3000 obreros y deportar a Europa a centenares de anarquistas y socialistas.

“El arte de insubordinar”

La mayoría de los trabajadores judíos había llegado a estas playas huyendo de las persecuciones desatadas por el zarismo en Rusia hacia fines del siglo XIX y, sobre todo, después del fracaso de la revolución de 1905 (la participación judía en ese pronunciamiento había sido muy elevada y el zar Nicolás II acusó oficialmente a la numerosa comunidad judía de conspirar para derrocarlo). La denominación de “rusos” (en lugar de judíos) en nuestro medio, reiterada hasta el hartazgo en los sainetes, data de ese entonces y se hizo más carne aún cuando la colonia de agricultores judíos de Moisés Ville, en la provincia de Santa Fe –los míticos gauchos judíos- saludó públicamente el triunfo de la revolución encabezada por Lenín en 1917.

Pero las acciones directas de la “Liga Patriótica” también encontraron una sustentación teórico-filosófica que partía de los sectores más reaccionarios de la Iglesia. Monseñor Miguel de Andrea, el mismo que 36 años después se convertiría en uno de los sostenedores espirituales de la llamada “Revolución Libertadora”, lanzó una campaña explicando que “el peligro nacía del hecho de que los trabajadores y las masas populares habían dejado de creer en Dios, en la Iglesia y en el régimen”, en tanto que el obispo Bustos de Córdoba –según La Nación del 25 de noviembre de 1918- produjo una pastoral acerca de la “Revolución social que nos amenaza”. Bustos denunciaba allí a quienes “enseñan el arte de insubordinar y rebelar a las masas contra el trono y el altar para dar por tierra con la civilización cristiana y ceder el puesto a la anarquía imperante”. Ese mismo día (25-XI-1918) el diario Di Idische Tzaitug alertaba: “Los curas comenzaron en Corrientes y Junín. Prosiguieron luego sus sermones contra los socialistas y los judíos, con la ayuda de la policía, por todo Buenos Aires y los suburbios. El domingo organizaron una conferencia similar en la avenida Saénz y Esquiú, rodeado por policías y escoltados por bandidos locales que estaban armados con bastones de acero. Después del mitin partió una manifestación. En Caseros y Rioja pronunció el cura Napal un tenebroso discurso”.

El régimen había decidido así atacar por la fuerza (a través de los parapoliciales que secuestraban, robaban, torturaban y mataban) y, también, tratando de introducir cuñas en el seno del pueblo (a través de una propaganda que llamaba a los argentinos a desoír a los extranjeros) para contrarrestar las ideologías revolucionarias. Pero el pueblo, al menos en esos años, rechazó las provocaciones. Al contrario, en medio de la masacre de la “Semana Trágica” reveló un fuerte sentido unitario.

El Comité Ejecutivo del Partido Socialista convocó a una reunión extraordinaria, declarando que “los obreros no callarán los crímenes”. Por su parte, las dos centrales obreras, es decir las dos FORA, instaron a los trabajadores a proseguir la huelga general por tiempo indeterminado. Los obreros acataron el llamado, abandonando espontáneamente las fábricas y los talleres para convertirse –según La Vanguardia de esos días- “en un mar de olas humanas que rugió su amargura e indignación”.

Mientras tanto, la policía, el Ejército y los “civiles” seguían matando. Los diarios burgueses hablaban de “guerra” y “enfrentamiento” para justificar los crímenes, pero La Vanguardia (9-1-1919) rechazó el argumento: “No ha habido tal combate entre los huelguistas y las fuerzas policiales, sino una cobarde y criminal acechanza tendiente a sofocar la huelga por el terror”.

Los radicales apoyaron la represión a través de su vocero representativo, el diario La Epoca (12-1-1919): “No se trata de un movimiento obrero. Mienten quienes lo afirmar. Mienten quienes pretenden asumir audazmente la representación de los trabajadores de Buenos Aires (….). Y, aun los trabajadores que aparecen complicados en los actos tumultuosos de ayer, han resultado instrumento de los agitadores (…). Se trata de una tentativa absurda provocada y dirigida por elementos anarquistas ajenos a toda disciplina social y extraños también a las verdaderas organizaciones de trabajadores, una minoría contra cuyos excesos basta oponer la firmeza de las gentes partidarias del orden”.

Otro tanto aducían los diarios más representativos del régimen –sobre todo La Prensa y La Nación -y hasta el New York Evening Mail, furiosa expresión de la plutocracia norteamericana de aquellos años, llegó a manifestar su alarma porque “la mano roja del bolcheviquismo se ha alargado hasta el otro lado del Atlántico, empuñando (en la Argentina) la tea, la bomba y el cuchillo”.

“Mueran los judíos”

El sistema, evidentemente, estaba atemorizado, y desde sus distintas expresiones se elevaban demandas en el sentido de expulsar a los “extranjeros indeseables”, “controlar la inmigración”, etc. Varias instituciones proponían campañas de exaltación del sentimiento nacional para oponerse a “esa runfla humana sin Dios, Patria ni Ley” (según consta en el folleto titulado Guía del buen sentido nacional, editado en Buenos Aires en 1920). Esos proyectos se concretaron finalmente con la creación de la “Liga Patriótica Argentina”, que oficialmente decidió erigirse en “institución”, dado “el éxito alcanzado en los días previos para aplastar la conspiración judeo-maximalista”.

Bajo la presidencia de Domecq García se reunieron en el Centro Naval los representantes del Jockey Club, Círculo de Armas, Club del Progreso, Yacht Club, Círculo Militar, Damas Patricias, los obispos Piaggio y el ya mencionado De Andrea y otros distinguidos caballeros. Entre los fines anunciados por la LPA se destacaban: “Estimular sobre todo el sentimiento de argentinidad”; “cooperar con las autoridades en el mantenimiento del orden público, evitando la destrucción de la propiedad privada, comunal y del Estado, contribuyendo a mantener la paz de los hogares”, “inspirar al pueblo amor por el ejército y la marina”.

La nueva entidad llenó la ciudad de afiches –un instrumento de propaganda que aún no estaba muy en boga-, propiciando además la realización de acontecimientos en distintas plazas con la presencia de civiles armados. Los gritos comunes eran: “Fuera los extranjeros”; “mueran los maximalistas”; “guerra al anarquismo”; “mueran los judíos”.

En aquellos días fue detenido un joven periodista judío, Pedro Wald, que trabajaba en el diario Di Presse y también ejercía el oficio de carpintero. La acusación, tan burda que parecía tragicómica, fue aceptada durante bastante tiempo por los voceros del régimen: Wald estaba destinado por los maximalistas a convertirse en el primer presidente del Soviet argentino. Wald fue salvajemente torturado en la 7ª (ubicada en el mismo lugar donde está hoy: Lavalle, entre Paso y Pueyrredón), pero se negó a “confesar”. La intensa movilización popular logró que se lo dejara en libertad y diez años después, en el libro titulado Koshmar (Pesadilla, en idioma ídish), relató algunos episodios de la represión durante la Semana Trágica. Uno de ellos decía: “Salvajes eran las manifestaciones de los ‘niños bien’ de la Liga Patriótica, que marchaban pidiendo la muerte de los maximalistas, los judíos y demás extranjeros. Refinados, sádicos, torturaban y programaban orgías. Un judío fue detenido y luego de los primeros golpes comenzó a brotar un chorro de sangre de su boca. Acto seguido le ordenaron cantar el Himno Nacional y, como no lo sabía porque recién había llegado al país, lo liquidaron en el acto. No seleccionaban: pegaban y mataban a todos los barbudos que parecían judíos y encontraban a mano. Así pescaron un transeúnte: ‘Gritá que sos un maximalista’. ‘No lo soy’, suplicó. Un minuto después yacía tendido en el suelo en el charco de su propia sangre”.

(Dicho sea de paso: la hija de Pedro Wald, Eva, que a los noventa y pico de años todavía sigue ejerciendo su profesión de odontóloga, y su esposo, el ingeniero Carlos M. Radbil, ya fallecido, fundaron conmigo, 58 años después de la “Semana Trágica”, en 1977, el semanario Nueva Presencia, que, según todas las investigaciones, fue una de las pocas publicaciones de superficie que se atrevieron a denunciar a la dictadura videlista en su etapa más criminal. Uno de los objetivos de este semanario fue justamente recuperar la tradición de judaísmo revolucionario y anticapitalista que caracterizó a las masas de trabajadores judíos que pelearon en estas latitudes en los albores del movimiento obrero).

El 10 de enero de 1919, mientras La Protesta, editada clandestinamente, llamaba a los trabajadores a armarse para enfrentar los crímenes del sistema, la “Liga Patriótica” asaltaba los locales de Ecuador 359 y 645, donde funcionaban los centros de los obreros panaderos y de los obreros peleteros judíos. En la avenida Pueyrredón fue atacada la Asociación Teatral Judía, una entidad gremial que nucleaba a los numerosos actores recién arribados al país. Todo lo que había en los locales fue arrojado a la calle y quemado. Los transeúntes, además eran golpeados, mientras la policía montada, en perfecta formación, observaba pasivamente. “No sólo se atacaba a los trabajadores judíos -señaló Wald en su libro-; también se escuchaban (aunque más débiles) exclamaciones contra los españoles (gallegos y catalanes) y contra los extranjeros en general. Sin embargo, el odio contra los judíos tenía un carácter especialmente notorio, global e indiscriminado”.

La persecución estaba organizada metódicamente y dirigida por las propias autoridades. El jefe de policía, el dirigente radical doctor Elpidio González, lanzó el 10 de enero un llamado dirigido a las fuerzas armadas y a las bandas civiles. Las saludaba por la “energía y heroísmo” con que lograron dominar la situación, “dando una lección” a los “elementos disolventes de la nacionalidad”. Dos días después, el 12 de enero, se publicó un comunicado de igual tono firmado por el general Dellepiane, donde expresaba su “profundo agradecimiento” a la “heroica policía y los bomberos” y a “la ciudadanía”, que colaboraron junto al ejército para “aplastar el brutal levantamiento”.

Fósforos y alfileres

José Mendelsohn, un joven periodista que venía de las colonias agrarias del Interior, testimonió en Di Idishe Tzaitung (10-1-19) el salvajismo de esos días:

“Pamplinas son todos los pogroms europeos al lado de lo que hicieron con ancianos judíos en la calle, en las comisarías 7ª y 9ª y en el Departamento de Policía. Jinetes arrastraban a viejos judíos desnudos por las calles de Buenos Aires. Les tiraban de las barbas, de sus grises y encanecidas barbas, y cuando ya no podían correr al ritmo de los caballos, su piel se desgarraba raspando contra los adoquines, mientras los sables y los látigos de los hombres de a caballo caían y golpeaban intermitentemente sobre sus cuerpos (…). Pegaban y pegaban espaciosamente y torturaban metódicamente para que no desfallecieran las últimas fuerzas, para que no se prolongaran sin fin los sufrimientos. Cincuenta hombres, ante el cansancio de azotar, se alternaban para cada prisionero, en tanto que la ejecución proseguía desde la mañana hasta pasado el mediodía, desde el atardecer hasta la noche y desde la noche hasta que despuntaba el día. Con fósforos quemaban las rodillas de los arrestados, mientras atravesaban con alfileres sus heridas abiertas y sus carnes emblandecidas (…). En la comisaría 7ª, los soldados, vigilantes y jueces encerraban en los baños a los presos (en su mayoría judíos) para orinarles en la boca. Los torturadores gritaban: viva la patria, mueran los maximalistas y todos los extranjeros”.

La interna judía

Todos estos hechos agitaron, naturalmente, lo que hoy llamaríamos la “interna judía”, ahondando y potenciando la lucha de clases. La derecha de la colectividad, representada de algún modo por la Congregación Israelita (sector religioso conservador de origen alemán), hizo lo imposible por tomar distancias de los socialistas y anarquistas judíos. Con ese objetivo difundió un comunicado que firmaron también otras entidades judías “de beneficencia” para invocar “la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia”, el cese de las persecuciones “indiscriminadas” y, fundamentalmente, “que la Justicia sea inexorable y severa con los malhechores a quienes repudiamos”. Y finalizaba con esta sentencia: “Que los inocentes no sean perseguidos”.

Los judíos “malhechores” y “culpables” no ocultaron su indignación y repudiaron esta agachada de la derecha judía. Derecha a la que no le sirvió de nada arrodillarse ante los poderes públicos, ya que el jefe de policía, en primera instancia, rechazó el reclamo de la Congregación Israelita, justificó las atrocidades y respondió que los presos y los muertos “no tenían perdón porque eran anarquistas y tratantes de blancas”. Los judíos de izquierda, particularmente los socialistas del “Bund” y los anarquistas, además de numerosos intelectuales que solían expresarse tanto en ídish como en castellano, repudiaron esta claudicación.

Un escritor, A. Koriman, que formaba parte del Comité Central de Ayuda a las Víctimas de la Guerra, rechazó el 19-1-1919 (en el diario Di Presse) la actitud del judaísmo oficial: “Sostengo que en los trágicos días debíamos haber publicitado con mucho mayor dignidad y energía nuestros sentimientos y pensamientos, tal como fue hecho por diversos escritores anónimos y representantes del movimiento obrero. No hay que arrodillarse ante los bárbaros, que actuaron en forma tan brutal, asaltando hogares, arrestando a centenares y centenares de trabajadores, utilizando viles calumnias y maltratando y pegando a mujeres y niños indefensos. Nuestra protesta debió haber sido clara y precisa. Se debió haber culpado a la policía como la responsable de las brutalidades cometidas. Ella apoyó a los falsos patriotas que, con la bandera argentina en sus manos y entonando el Himno Nacional, marchaban por los barrios pidiendo nuestra muerte. Todas las salvajes arbitrariedades fueron cometidas por la policía o apoyadas por ella”.

Por su parte los socialistas judíos del Avangard también denunciaron a los judíos claudicantes y reiteraron sus acusaciones contra las fuerzas represivas: “La policía y el ejército no solo permitieron el criminal pogrom contra los judíos, sino que con sus armas ayudaron a perpetrar las salvajes acciones de la Guardia Blanca. La organización Avangard ve en esto la oscura política del gobierno radical, que se asemeja a la ya desaparecida política pogromista del ex gobierno zarista en Rusia, y declara que con mucha energía y decisión proseguirá con su militancia socialista para el logro de una vida mejor en la Argentina”.

Acalladas la violencia y la represión, algunos representantes de la inteligencia nacional trataron de aproximarse a la verdad.

José Ingenieros, por ejemplo, autor, entre otros, de Las fuerzas morales,La simulación en la lucha por la vida, Psicología genérica, El hombre mediocre y tantos otros (políticamente vinculado con el Partido Socialista, aunque en 1897 había colaborado en el periódico anarquista La Montaña), alertó, desde la revista Vida Nuestra, Nº 7, de enero de 1919, sobre las bandas reclutadas también entre “los estudiantes y ex alumnos de los colegios jesuíticos, que son manejados por algunos sacerdotes que hacen política clerical militante al servicio de las clases conservadoras”.

Pero la burguesía no se aquietó y sin bajar el brazo represor, sus sectores menos recalcitrantes admitieron que “la única manera de parar la marea social es haciendo algún esfuerzo para saciar la apetencia de las masas”. Así, a instancias del Episcopado argentino y bajo el lema “Pro paz social”, la Unión Popular Católica Argentina lanzó la idea de una gran colecta destinada a reunir fondos para “un plan de obras, viviendas, ateneos, servicios sociales e institutos de enseñanza para la clase obrera”. Fruto de esa contribución de las clases pudientes de Buenos Aires fueron, entre otros, la Casa de la Empleada y el Ateneo de la Juventud.

El animador principal de la campaña fue el propio Miguel de Andrea, el mismo que meses antes había sido uno de los artífices de la creación de la Liga Patriótica y el estímulo espiritual y religioso de la feroz represión antiobrera.

En medio de esa vorágine oportunista para frenar la revolución social, el periódico anarquista La Protesta, todavía en la clandestinidad, llamó a los trabajadores a no dejarse encandilar por los cantos de sirena y a “proseguir la lucha contra el Estado, la policía, los militares, la burguesía, la religión y todos los demás factores que oscurecen la libertad del ser humano”.

El papel de Perón

En su libro Masas, caudillos y elites, el historiador Milcíades Peña (1933-1965), al documentar los pormenores de la represión en la “Semana Trágica”, señaló que “frente a la fábrica, donde se había iniciado la huelga, un destacamento del ejército ametralló a los obreros. Lo comandaba un joven teniente llamado Juan Domingo Perón”. Osvaldo Bayer, en reiteradas ocasiones, ha dicho algo parecido.El laborista, uno de los numerosos diarios de la cadena gubernamental que se consolidó durante el primer peronismo, en su edición del 2 de mayo de 1948, reprodujo en forma in extensa el discurso que Perón había pronunciado el día anterior en Plaza de Mayo. En esa alocución al pueblo, el Presidente admitió haber montado guardia el 10 de enero de 1919, frente a la fábrica Vasena, “al día siguiente de los sucesos”.

Por su parte, el comisario de la 34ª José R. Romariz, que en enero del ’19 había conducido la represión en la Boca, muchos años después, en 1952, publicó un libro sobre la “Semana Trágica” en el que justificó las masacres, culpando al mismo tiempo a los “judíos bolcheviques” de haber desencadenado la “subversión”. También describió cómo “los cadáveres eran rápidamente incinerados conforme a indicaciones del general Dellepiane”. El libro lo dedicó a Perón y Evita.

Perón, que había ingresado al ejército en 1911, cumplió durante la “Semana Trágica” funciones de encargado del arsenal Esteban de Luca, ubicado en un amplio predio de la zona de Pichincha y la avenida Garay.

Su función era asegurar la provisión de municiones para las tropas. El escritor Tomás Eloy Martínez, en su libro “La novela de Perón”, reprodujo las extensas declaraciones que le formulara el líder justicialista en Puerta de Hierro a principios de la década del setenta.

Entre otras cosas, Perón le destacó que, en esos días (de enero del ’19), “tuve muchísimo trabajo, porque solo en la ciudad de Buenos Aires estaban acuartelados entre ocho y diez regimientos; y, tal como se esperaba, los funerales degeneraron en combates callejeros y murieron más de 600 personas”.

En el mismo libro, Martínez transcribió otros conceptos de Perón sobre los sucesos de 1919 que algunos consideraron una verdadera confesión:

“… el capitán Bartolomé Descalzo, uno de los mejores jefes que ha tenido nuestro ejército, me dijo al despedirse: ‘estamos entrando en la oscuridad, teniente Perón. A las puertas de nuestra casa golpea la más atroz de las tormentas y el Presidente (Yrigoyen) no quiere o no sabe oírla. En Europa, la guerra ha terminado con la derrota del mejor ejército del mundo. Los anarquistas vuelven ahora sus ojos hacia nosotros’. Estas palabras del jefe militar me emocionaron. Y le pedí un favor personal: cuando llegue la hora de hacerle frente a ese enemigo, llámeme. Quiero pelear a su lado, mi capitán” (…). “Mi antiguo profesor Manuel Carlés, apoyado por el almirante Domecq García, fundó la Liga Patriótica Argentina, en la que se inscribieron muchos jóvenes católicos y nacionalistas. Disponían de una tropa de choque cuya misión principal era poner en vereda a los agitadores extranjeros. A veces usaban métodos violentos, pero eran bien intencionados…”

De acuerdo al relato del historiador Leónidas Ceruti, en la década del cincuenta, una vez demolidos los establecimientos de la metalúrgica Vasena, se levantó en esos terrenos una plaza, que se propuso llamar “Parque Mártires de la Semana Trágica”, pero el dirigente metalúrgico Augusto Timoteo Vandor se opuso y decidió que se denominara “Plaza Martín Fierro”, que se mantiene hasta el día de hoy.

El 1º de mayo de 1952, en Buenos Aires, el presidente Perón participó de un acto organizado por la UOM en esa plaza para colocar una placa en homenaje a los caídos en 1919. En esa oportunidad, Perón expresó:

“…se ha dicho en la campaña electoral que yo tuve intervención durante la semana de enero. Yo era teniente y estaba en el arsenal de guerra. Hice guardia acá precisamente, al día siguiente de los sucesos. Pude ver entonces la miseria de los hombres, de esos hombres que fingen y de los otros que combaten a la clase trabajadora. Allí, una vez más, reafirmé el pensamiento de que un soldado argentino, a menos que sea un criminal, no podría jamás tirar contra su pueblo…”

El escritor y militante anarquista Diego Abad de Santillán, dirigente de la FORA del V Congreso, en un reportaje que le efectuara la revistaPanorama, se refirió a los cambios del discurso de Perón según las circunstancias. Y acotó:

“Categóricamente, entre los oficiales del ejército que reprimieron a los manifestantes en esa sangrienta jornada se encontraba el joven teniente Juan Domingo Perón. Quizás ahí delineó su política demagógica, al concluir que la represión solo produce el divorcio entre el gobierno y el pueblo”.

Muchos años después, en su libro “Perón, la Triple A y los Estados”, el destacado periodista rosarino Carlos del Frade, documentó minuciosamente el protagonismo del entonces presidente de la República en la creación de la banda terrorista parapolicial Alianza Anticomunista Argentina.

No son pocos los que dicen que la Triple A del ’73 auspiciada por Perón fue inequívocamente una continuación de la Liga Patriótica del ’19, que en este caso Perón no creó, pero sí elogió.

Fallece Umberto Eco a los 84 años de edad

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Triste noticia para la cultura, Umberto Eco ha muerto

Ha fallecido el famoso escritor de ‘El nombre de la rosa’ Umberto Eco a la edad de 84 años, informa el diario italiano ‘La Repubblica’. La muerte fue registrada a las 22:30 (hora local). Umberto Eco escribió numerosos ensayos sobre semiótica, estética medieval, lingüística y filosofía, así como novelas diversas novelas, entre ellas: ‘La misteriosa llama de la Reina Loana’, ‘El péndulo de Foucault’ y ‘El cementerio de Praga’.

Nació en Alejandría (norte de Italia) el 5 de enero de 1932. Umberto Eco fue un semiólogo, filósofo y escritor prolífico. En 1988 fundó el Departamento de Comunicación de la Universidad de San Marino. Desde el 2008 era profesor emérito y presidente de la Escuela Superior de Humanidades de la Universidad de Bolonia.

https://actualidad.rt.com/ultima_hora/200107-fallece-umberto-eco-escritor

Morto lo scrittore Umberto Eco – La Repubblica Umberto Eco è morto. E il mondo perde uno dei suoi più importanti scrittori contemporanei. Aveva 84 anni. La conferma della scomparsa dell’autore de “Il nome della Rosa” e de “Il pendolo di Focault” è stata data dalla famiglia aRepubblica. La morte è avvenuta alle 22.30 di ieri sera nella sua abitazione.

Nato ad Alessandria il 5 gennaio del 1932, Umberto Eco era un semiologo, filosofo e prolifico scrittore. Nel 1988 aveva fondato il Dipartimento della Comunicazione dell’Università di San Marino. Dal 2008 era professore emerito e presidente della Scuola Superiore di Studi Umanistici dell’Università di Bologna.

Umberto Eco ha scritto numerosi saggi di semiotica, estetica medievale, linguistica e filosofia, oltre a romanzi di successo.
Dal 12 novembre 2010 Umberto Eco era socio dell’Accademia dei Lincei, per la classe di Scienze Morali, Storiche e Filosofiche.

L’ultimo suo libro, pubblicato nel 2015, proprio il giorno del suo compleanno è stato “Anno Zero” , pubblicato da Bompiani. Un libro ambientato nel 1992 che parla di una immaginaria redazione di un giornale, con forti riferimenti alla storia politica, giornalistica, giudiziaria e complottistica italiana, da Tangentopoli a Gladio, passando per la P2 e il terrorismo rosso.

L’ultima sua intervista fu a Repubblica fu lo scorso 24 novembre quando lo scrittore decise insieme a Sandro Veronesi, Hanif Kureishi, Tahar Ben Jelloun di non pubblicare più per il nuovo colosso controllato da Segrate, pur essendo tra i migliori della scuderia Bompiani. E  di seguire Elisabetta Sgarbi in una nuova avventura, “La nave di Teseo”.

Presentación en la Casa de Galicia de Madrid del libro ‘Francisco Pizarro. El hombre desconocido’

Ediciones Nobel les invita a la conferencia Francisco Pizarro según el cronista gallego Juan de Betanzos que el próximo martes 23 de febrero impartirá  la doctora en Historia de América de la Universidad Complutense de Madrid María del Carmen Martín Rubio a las 19.30 horas en la casa de Galicia de Madrid.
Durante la charla la prestigiosa historiadoratambién aprovechará para presentar su última publicación Francisco Pizarro. El hombre desconocido, una obra que levanta algunos de los mitos y leyendas que arrastra el conquistador y descubridor extremeño.
Conferencia de la historiadora Carmen Martín Rubio sobre

Francisco Pizarro en la Casa de Galicia de Madrid

La doctora en Historia de América de la Universidad Complutense de  Madrid María del Carmen Martín Rubio ofrecerá el próximo martes 23 de febrero una conferencia sobre el descubridor extremeño que lleva por título ‘Francisco Pizarro según el cronista gallego Juan de Betanzos’

Día: 23 de febrero

Hora: 19:30 horas

Lugar: Casa de Galicia, C/ Casado del Alisal, 8, Madrid

La historiadora y doctora en Historia de América por la Universidad Complutense de Madrid y también profesora honoraria de varias universidades andinas, María del Carmen Martín Rubio, pronunciará el próximo martes 23 de febrero una conferencia en la Casa de Galicia de Madrid de título ‘Francisco Pizarro según el cronista gallego Juan de Betanzos’. Martín Rubio, que ha publicado en Ediciones Nobel el libro Francisco Pizarro. El hombre desconocido, es una de las grandes conocedoras de las luces y las sombras del célebre descubridor y conquistador de Perú.

Francisco Pizarro. El hombre desconocido es una biografía sobre el conquistador nacido en Trujillo (Extremadura) donde se plantean varias preguntas esenciales: ¿Es Francisco Pizarro realmente el ignorante y embrutecido colonizador ávido de riquezas que describen muchas crónicas o solo un soldado de su tiempo que trata de contemporizar entre los diversos poderes e intereses a los que se enfrenta? ¿Realmente buscó la ejecución del Inca Atahualpa o le repugnó tanto que le vieron llorando durante su muerte? ¿Era tan pobre que tuvo que cuidar cerdos en su infancia o solo un hombre sencillo más?

En sus páginas encuentran respuesta todos estos interrogantes. En ellas descubriremos, además, que Francisco Pizarro fue fruto de los furtivos amores mantenidos entre la campesina Francisca González y el capitán Gonzalo Pizarro. Por tanto, tuvo genes plebeyos e hidalgos. Sin embargo, muy pronto primaron en él los paternos, ya que a los diecisiete años éstos le indujeron a seguir la carrera militar.

En las páginas de este libro se ponen también de manifiesto la infinidad de dificultades que hubo de vencer hasta lograr su objetivo y los amores con dos princesas andinas, todo ello reflejado bajo su propia voz con el fin de que sea el lector quien establezca la opinión que le merece tan discutido personaje.

Para más información contacte con:

Iván Alonso / Beatriz Muñoz

Comunicación Ediciones Nobel

985274696

ialonso@edicionesnobel.com / comunicacion@paraninfo.es

Las campañas electorales de la Antigua Roma

Por Álvaro López Franco

NOTA DE DESCUBRIR LA HISTORIA

En España estamos inmersos en un proceso electoral con motivo de las elecciones generales que se celebrarán el próximo 20 de diciembre. Las ciudades han quedado empapeladas con carteles de los diferentes partidos políticos, y por todas partes se percibe con claridad que estamos en un proceso electoral. Sin embargo, esto no es algo nuevo, y como otras muchas cosas, en nuestra tradición encontramos un origen en la Antigua Roma, donde ya era común la propaganda electoral como forma de comunicación.

Inscripción de una taberna pompeyana
Inscripción de una taberna pompeyana

En Roma no era una costumbre habitual hacer mítines, aunque sí se utilizaban otros métodos que nos recordarán bastante a los que hoy en día se practican. Por ejemplo, aunque no se pegaban carteles, sí que se hacían pintadas en las paredes, sobre fondos previamente encalados, en colores rojos o negros. En ellos se publicaban mensajes favorables a uno u otro candidato, pero también criticando a los opositores.

Por otro lado, en el tratado político de CicerónCommentariolum Petitionis recoge la estrategia que debían mantener los candidatos para tener éxito electoral. En él se explica, por ejemplo, que era preciso ir al Foro —espacio donde se desarrollaba gran parte de la vida pública en las urbes romanas— todos los días a la misma hora para que los ciudadanos se pudieran dirigir a ellos y preguntar todo lo que quisieran. Además, esto permitiría que le hicieran peticiones, a las que deberían tratar de responder siempre favorablemente. Esto también nos recordará bastante a la actualidad, ya que los políticos suelen prometer muchas cosas, aunque luego no las cumplan.

También cabría destacar, y sólo por poner un ejemplo más, que muchas veces los candidatos trataban de demostrar la riqueza de sus familias —que, en numerosas ocasiones, tenían una larga tradición en el ejercicio de los cargos públicos— a través de mecanismos que hoy nos parecerían un tanto escatológicos. Por ejemplo, la ubicación de tumbas llamativas en la Vía Apia y Flaminia con el fin de que todos los visitantes a la ciudad y los habitantes de la misma pudieran ver el poder de las diferentes familias.

Esto quizá nos sirva para pensar que la propaganda electoral no es algo nuevo y saber que, aunque las formas se vayan modernizando, nuestra tradición mantiene unas raíces en relación con la política que proceden de las mismas entrañas de la Antigua Roma.

Fuente

Bravo Bosch, M. J. (2010). La publicidad electoral en la Antigua Roma. Revue internationale des droits de l’antiquité, (57), 103-129. Disponible en:http://local.droit.ulg.ac.be/sa/rida/file/2010/09.BravoBosch.pdf

La Chispa documental (Neuquen 2002)

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Asamblea visual de una resistencia organizada. La Chispa no cuenta, se enciende en cada voz, en cada rostro, en cada idea. Este documental es un prisma a través del cual mirar la historia reciente de la Argentina, sin que el espectador pueda evitar hacerse una pregunta fundamental: ¿Dónde estuve mientras todo esto sucedía?
Es la historia de un sindicato: ATEN, Asociación de los Trabajadores de la Educación de Neuquén. Pero también la memoria de muchas trayectorias que un día se juntaron y se animaron a inventar una forma de reconocimiento colectivo para preservar la política del miedo y la dignidad del trabajo de los abusos de poder.
En La Chispa, lo individual está siempre en segundo plano: primero el conflicto, la palabra, la lucha, las convicciones. Los nombres propios apenas se escriben, y el eco que dejan al sonar asume la forma de miles de pasos en las rutas, en los puentes, en los piquetes. De Jaime de Nevares a Carlos Fuentealba, la película es un mapa, una brújula, un manifiesto. Permite comprender los caminos inevitables del pueblo cada vez que se enfrentó a las encrucijadas del tiempo neoliberal y la violencia atroz con la que los poderosos han pretendido escribir una historia siempre imperfecta.
La Chispa se enciende para asumir el pasado, reconocer el presente y disputar el futuro. Desde el fondo de todas las luchas, es una victoria postergada gritando libertad.

Una película de Juan Manuel Rada -Producida por Laura Lagar – Hugo Alvarez-
Duración: 126 minutos Lenguaje: Español Pantalla 16:9 Sonido Stereo 2.0 Año 2012

lachispadocumental@gmail.com
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Dejo aquí el link del documental

Aten sindicato

http://www.atencapital.org.ar/aten/la-chispa/

https://www.youtube.com/watch?v=75RRQAicXa4&feature=youtu.be

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Los invitamos también a que pasen y lean Revista Viento del Sur:

LUCHA DE CLASES Y POSMODERNIDAD
LA HUELGA DOCENTE DEL 2007 EN NEUQUÉN
LIBRO COMPLETO
huelga

 

 

Josep Fontana – La historia después del fin de la historia: reflexiones acerca de la situación actual de la ciencia histórica

fontana

GOOGLE BOOKS: Ante la confusion creada tras el fracaso de las expectativas depositadas en las formas catequisticas del marxismo como alternativa a la ensenanza y a la investigacion tradicionales, y la recuperacion de la historia narrativa, neutra y limpia de carga ideologica, el profesor Fontana apela a la necesidad de recuperar las senas de identidad de una historiografia critica e incita a los historiadores a situar el presente en el centro de sus preocupaciones.

LINK EL REPORTERO DE LA HISTORIA

Recordatorio y difusión: CONVOCATORIA Nº3

Les recordamos que la convocatoria para la recepción de artículos, reseñas críticas y transcripción de documentos, sigue abierta hasta el 1º de abril.

Mas info en: https://revistahistoriaparatodos.wordpress.com/2015/12/02/call-for-papers-convocatoria-para-la-recepcion-de-articulos-resenas-y-transcripcion-de-documentos-para-el-no3-de-revista-historia-para-todos-junio-julio-2016/