El Tucuman antiguo en el presente: la Sociedad Extranjera de Socorros Mutuos y Beneficencia

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La Sociedad Extranjera de Beneficencia y Socorros Mutuos, ubicada en San Miguel de Tucuman en calle San Martin 1154, fue la primera asociación mutual de la provincia, considerada como la más antigua del país y madre de otras sociedad que se abrieron años después en la ciudad, ya que los fundadores de la Sociedad Española, la Italiana, pertenecía a la Sociedad Extranjera..

Con un salón de importantes dimensiones, el edificio comenzó a ser construido a comienzos del siglo XX para terminarlo en 1926. Actualmente se encuentra cerrado y con posibilidades de que la parte trasera sea demolida para construir un edificio

Ojalá que esto no suceda, el edificio pueda ser revalorizado por la Municipalidad y entre en funcionamiento nuevamente, sea como Centro Cultural o de Convenciones. Resulta de un valor incalculable para la rica historia de la inmigración en Tucumán.

El sudor ingles, la misteriosa enfermedad que asolaba a los ricos y desapareció de la historia

En ABC

El sudor inglés mató a Arturo Tudor en 1502, el hombre llamado a reinar en Inglaterra junto a la española Catalina de Aragón, que, descartando volverse a España con los Reyes Católicos, contrajo años después matrimonio con el hermano del fallecido, Enrique VIII. Además de al posterior matrimonio, dificultoso hasta el punto de causar la escisión de la Iglesia Católica, la española sobrevivió a la misteriosa enfermedad que fulminó a su marido adolescente y que los médicos nunca han sabido identificar. El sudor inglés, que saltó de país en país con un comportamiento extraño, no se había conocido antes de 1485 ni volvió a conocerse después de 1552. ¿Se la llevó el viento?

También llamado «sudor anglicus» o «pestis sudorosa», «la enfermedad Inglesa del Sudor» contaba con unas características poco corrientes. No atacaba a los bebés ni a los niños pequeños, y sus víctimas eran, mayoritariamente, varones jóvenes, sanos y fuertes de buena posición económica. Los síntomas podían confundirse con un proceso gripal (palidez, debilidad, estremecimiento, frío y accesos de fiebre), salvo porque pasados solamente uno o dos días: el sujeto o moría o mejoraban de forma casi inmediata. El sudor excesivo también era otro de sus rasgos de identidad, de ahí su nombre.

La enfermedad estuvo estrechamente vinculada a Inglaterra, lugar de su origen y donde se registraron cinco oleadas durante los siglos XV y XVI antes de desaparecer sin dejar rastro. Sin que se conozcan datos sobre el punto donde se originó, las primeras referencias aparecen en una epidemia que en el año 1485 afectó a la flota que transportaba alas tropas del Duque de Richmond en el contexto de la guerra de las Dos Rosas. La epidemia se extendió por toda la flota y después a su llegada a los puertos ingleses contagió pueblos y ciudades. Lejos de propagarse entre los más débiles y mal alimentados, la enfermedad se focalizó en las clases sociales altas y medias: los primeros en morir en Londres fueron el Lord Mayor (el alcalde) y sus concejales. Lo más sorprendente es que, según las crónicas, esta primera epidemia no tuvo su réplica en ningún otro rincón de Europa, ni siquiera en los vecinos territorios de Escocia e Irlanda. Entre el mito y la realidad, se llegó a sostener que ningún extranjero residente en Inglaterra fue contagiado por el extraño sudor, que persiguió a los ingleses hasta Francia como si se tratara de una plaga bíblica teledirigida contra ellos.

¿Hantavirus transmitido por roedores?

Pero además de selectiva, la epidemia destacó sobre todo por su alta letalidad: algunas ciudades inglesas perdieron más de un tercio de sus habitantes. Los síntomas, no en vano, eran muy distintos a la otra enfermedad conocida, la peste bubónica, capaz de provocar tantas muertes en tan poco tiempo. Con la misma celeridad con la que había llegado, «el sudor inglés» se marchó de forma inesperada y no volvió a aparecer hasta una década después. A las oleadas que asolaron de forma periódica Inglaterra, les siguió una en 1528 que dio finalmente el salto al continente europeo, pero sin dejar un rastro lógico. Afectó primero a los franceses, luego a los alemanes donde provocó más de un millar de muertes en una semana, y desde allí se extendió a Suecia, Suiza, Dinamarca y Noruega, Lituania, Polonia y Rusia, Bélgica y Países Bajos. En cada lugar la infección no duró mas de un par de semanas, y antes de finalizar el año había desaparecido, excepto en el este de Suiza, donde permaneció hasta el año siguiente. La epidemia también golpeó a los turcos que en ese momento, en 1529, mantenían bajo asedio la ciudad de Viena, siendo uno de los principales motivos de que tuvieran que retirarse sin conseguir finalmente su objetivo.

«El sudor inglés», la misteriosa enfermedad que asolaba a los ricos y desapareció de la historia

ABC
Retrato de Arturo Tudor

Después de 1552, no se volvieron a registrar más brotes con ese nombre. Todavía hoy está plagado de interrogantes para los expertos en epidemias qué tipo de enfermedad fue, aunque se ha conjeturado con varia causas posibles como algún tipo de gripe o por un hantavirus que provocaba afecciones pulmonares graves. En caso de ser un hantavirus pudo ser transmitido o por roedores o simplemente por la transmisión directa de persona a persona. La idea de que solo afectara a ingleses está completamente descartada y pertenece al mundo de los mitos. También las causas que originaban la enfermedad son objeto de especulación, pudiendo ser culpa de las aguas residuales y de la falta de higiene, lo cual explicaría que se propagara sobre todo a los núcleos urbanos y, en consecuencia, apersonas de altos recursos económicos.

Por su parte, el hecho de que se focalizara especialmente en sujetos sanos no resulta tan inusual. La gripe A, que sembró el pánico a nivel mundial en 2009, tuvo su mayor incidencia entre jóvenes y adultos sanos. Según un artículo publicado en 2012 por un grupo de investigadores estadounidenses y argentinos en la revista «Nature Medicine», la explicación estaría en que los adultos sanos que murieron durante la pandemia lo hicieron por daños en el pulmón, provocados por una exagerada reacción de su sistema inmune. Los afectados tenían anticuerpos preparados para defenderse de otros virus gripales aunque ineficaces contra el H1N1. La respuesta de estos anticuerpos no protectores frente al nuevo virus provocó una cascada de reacciones incontrolada que terminó en un ataque directo a los pulmones.

«El sudor inglés», la misteriosa enfermedad que asolaba a los ricos y desapareció de la historia

WIKIPEDIA
Plano circular de Viena, tomando como centro la Catedral de San Esteban, en torno a 1529

Así y todo, entre 1718 y 1861, la enfermedad conocida como «Picardy sweat», por tener su origen en esta región de Francia, se extendió por Italia y Alemania con unas características parecidas al «sudor inglés», aunque afectaba durante un período de una a dos semanas y era menos mortal, además de ir acompañada de una erupción cutánea.

Call for papers – Apertura de convocatoria para la recepción de artículos, reseñas y transcripción de documentos para el Nº2 de la Revista

Village Roads – George Seurat

Hoy 3 de agosto se abre una nueva convocatoria para la recepción de artículos (historia general y de Tucumán), reseñas y transcripción de documentos para el nº2, a ser lanzado en diciembre de 2015, y probables sucesivos (aclaramos al final de la convocatoria).

La recepción se efectuará para todas las secciones hasta el 30 de septiembre inclusive.

Siguiendo con nuestra idea principal, cada sección busca ser abarcativa, permitiendo la recepción de diversas temáticas de investigación histórica (y también con relación a otras disciplinas como la sociología, la antropología, la etnología, la filosofía, la literatura)

Todos los artículos pasan por un dos procesos, uno de adaptación a las normas editoriales y otro la evaluación a doble ciego por parte de miembros del comité. El autor deberá corregir su producción en base a las observaciones que los evaluadores dictaminen y el directorio, con la corrección final, hará el dictamen definitivo. El plazo para llegar al final del proceso, sea positivo o no, suele ser de 2 meses. Las reseñas y la transcripción de documentos serán evaluadas por el directorio.

Las secciones del número 2 serán 4:

Historia general: dedicada a un arco temporal y temático amplio que busque divulgar científicamente artículos que vayan desde la arqueología a la historia contemporánea (tomando las temáticas particulares que puedan surgir, pueblos originarios, historia de la ciencia, de la criminalidad, medicina, etc.)

Historia de Tucumán: centrada en la región del Tucumán (para el espacio colonial) y más precisamente a Tucumán como provincia. Se recibirán artículos que vayan desde estudios acerca de los pueblos originarios hasta el siglo XX. ACTUALIZACIÓN 21/8 Sección de Historia de Tucuman – Pequeños avances sobre Tucuman

Para fomentar las investigaciones acerca de historia de (o del) Tucumán por parte de estudiantes y aquellos que se animen a enviar sus aportes, hemos decidido abrir un apartado dentro de la sección Historia de Tucumán llamado “Pequeños avances”. Estos trabajos que deben llegar a 7 páginas de máximo, contando introducción (presentando el tema, los objetivos e hipotesis que se tienen con el trabajo), conclusión y bibliografía, siguiendo las normas editoriales para todas las secciones (incluyendo resumen y palabras clave). Los mismos serán analizados por el directorio en lo que refiere a las normas editoriales y serán evaluados de igual forma que a todos los artículos.

Esta decisión implica buscar consolidar un lugar en nuestra revista que creemos debe ser de importancia: la historia de nuestra provincia.

A pesar de esto, aquellos que deseen enviar artículos con la extensión de las normas (10 a 15 páginas sin contar introducción ni cocnlusión), serán recibidos y evaluados de igual forma. La idea de los próximos números es equiparar la seccion general y la de Tucumán, por lo que los invitamos a participar de esta última.

Reseñas críticas: dedicadas a libros o artículos, entendidas como un análisis que posibilite ver los puntos positivos y negativos, o aquello que puede faltarle a la producción que se esta reseñando. No son resúmenes.

Transcripción de documentos: nueva sección dedicada a la transcripción de documento de archivo como un lugar que le posibilite a los investigadores compartir recursos

NORMAS EDITORIALES: https://revistahistoriaparatodos.wordpress.com/2014/11/21/normas-editoriales/

Aclaración a probables sucesivos:

Debemos comentarles que los artículos son aprobados a medida que son devueltas las correcciones finales por parte de los autores, en caso que el artículo/reseña/transcripción de documento sea enviado cerca del cierre de la convocatoria, teniendo en cuenta el proceso evaluativo, es probable que no llegue a formar parte del nº2 por lo que puede llegar a pasar para el nº3. En ese caso, el director le remitirá una nota con su firma, número de registro de la revista, explicando la situación para que pueda ser anexada en el currículum en caso de ser necesario. 

El Tucuman antiguo en el presente: Villa de Medinas (Departamento de Chicligasta)

Plaza de Medinas
Plaza de Medinas
Iglesia de Medinas
Iglesia de Medinas
Casa tipica de Medinas
Casa tipica de Medinas
Iglesia de Medinas
Iglesia de Medinas
Iglesia de Medinas
Iglesia de Medinas
Iglesia de Medinas
Iglesia de Medinas
Casa tipica de Medinas
Casa tipica de Medinas
Plaza de Medinas
Plaza de Medinas
Comisaria y Juzgado de Paz de Medinas
Comisaria y Juzgado de Paz de Medinas
Comisaria y Juzgado de Paz de Medinas
Comisaria y Juzgado de Paz de Medinas
Comisaria y Juzgado de Paz de Medinas
Comisaria y Juzgado de Paz de Medinas
Comisaria y Juzgado de Paz de Medinas
Comisaria y Juzgado de Paz de Medinas
Plaza de Medinas
Plaza de Medinas
Comisaria y Juzgado de Paz de Medinas
Comisaria y Juzgado de Paz de Medinas
Escuela Warnes
Escuela Warnes
Casa tipica de Medinas
Casa tipica de Medinas

La Villa de Medinas (o Medinas simplemente), es una comuna rural perteneciente al departamento de Chicligasta, al sur de la provincia de Tucumán, a 8 km de Aguilares y 12 km de la Ciudad de Concepción

De acuerdo al INDEC cuenta con una poblacion de 1549 habitantes (2010)

Actualmente la ciudad es Patrimonio Historico Nacional, en la plaza principal hay carteles indicativos que señalan la historia del lugar, por ejemplo, la de la Iglesia, la cual lamentablemente se encontraba cerrada.

(WIKIPEDIA)

Del libro: Madre Mercedes Pacheco: fundadora de las Hermanas Misioneras Catequistas de Cristo Rey, Segundo Volúmen,. M. Angel Vergara. Bs. As. 1967. p.323.

En la vieja iglesia de la Villa de Medinas, puede verse una antigua imagen del siglo XVII de la Virgen de La Merced, Nuestra Señora de la Merced, traída a Argentina por la familia del teniente gobernador don Gaspar de Medina. Todos los 24 de septiembre se celebra el día de la Virgen con procesión religiosa día que el pueblo adquiere un brillo renovado.

“Medinas no tiene riendas pero sujeta” dice un refrán popular, queriendo denotar que quien es de Medinas o quien visita el lugar, siempre regresará.

Originariamente se la denominaba Acapianta.

La invasión española llegó a Tucumán al mando de Diego de Rojas en 1543, y con el criterio de que la Corona Española era propietaria de las tierras a conquistar, se tenía por costumbre el hacer concesiones de las mismas y de los naturales que la habitasen, los cuales eran sometidos a quienes hubiesen colaborado con la empresa conquistadora, esto es lo que se conocía como “mercedes de tierras”.

Dichas concesiones se efectuaban en las localidades más importantes, por la fertilidad de su suelo y por su cercanía a San Miguel de Tucumán y que comprendían Monteros, Río Chico y Chicligasta. Estas Mercedes se concedieron hasta el siglo XVI, ya que en el siglo XVII empezaría la colonización, pues la conquista ya había agotado sus frutos, que no eran otros que todas las tierras invadidas, los indígenas sometidos física y espiritualmente a través de la imposición de la religión católica y la posterior desaparición física de los mismos debido al estado de esclavitud que les tocó sufrir, motivos por los cuales terminaron con las encomiendas ya que no había más indígenas para repartirse.

Así llegarán, después de Diego de Rojas, otras oleadas invasoras hasta que ya entrado el año 1565, quien en ese entonces era Gobernador del Tucumán y en 1553 había fundado la ciudad de Santiago del Estero, Francisco de Aguirre, ordena a su sobrino Don Diego de Villarroel, fundar una ciudad en el Valle del Tucma, más precisamente en el sitio ocupado primero por la ciudad del Barco I, primer emplazamiento español en Tucumán fundado por Núñez del Prado y luego ocupado por Cañete, levantado por Juan Pérez de Zurita, en el paraje que se conocía hasta ese entonces como Ybatín o Ibatín, situado a 8 o 9 km de la actual ciudad de Monteros y al que se llamó San Miguel de Tucumán, ciudad que se mantuvo por más de cien años y que soportó muchas penurias, entre ellas, la invasión calchaquí de octubre de 1578, alzamiento capitaneado por el cacique Gualán, que encontraría la muerte a mano del Teniente Gobernador Don Gaspar de Medina, un fiel servidor de Francisco de Aguirre.

Por supuesto, Don Gaspar de Medina, no estaría exento de los beneficios de los que gozaban los colaboradores de la conquista, así fue que recibió también su parte: un feudo y una encomienda en Acapianta que era atendida por un hijo de su primer matrimonio, García de Medina y Castro, a partir del cual tomaría la villa su nombre en 1643, fecha de su muerte.

El siglo XVIII marca para Medinas la edad de oro. Constituía juntamente con la capital y Monteros lo más importante en todo el territorio de la provincia. Medinas se encuentra enclavada en uno de los departamentos más antiguos y ricos de Tucumán, en Chicligasta.

A medida que se habría caminos y se tiraban rieles, encendía la antorcha del progreso al paso del tren, del automotor o del vehículo transportador, contribuyó sin duda alguna a afirmar y acrecentar la vida social y comercial de Medinas.

El Ferrocarril Central Córdoba constituía en primer lugar una de las principales fuentes de la actividad y el movimiento de la vida medinense. En los años que corren del 1876 al 1886, Medinas tuvo máxima preponderancia constituyéndose en un centro de vital importancia favorecida por el camino que la llevaba a Télfener (hoy Monteagudo).

Medinas por medio de su transporte o de su comercio mayorista hacía llegar su mercancía a distintos puntos del sur tucumano.

El desarrollo cultural y social corría paralelo con progreso económico y comercial. Constituida Medinas en un emporio comercial tuvo en sus manos la brújula de lo cultural y social.

La primera escuela pública y gratuita que se estableció en Medinas se remonta al mes de octubre del año 1855. Cinco meses antes se la había establecido en la ciudad de Tucumán. El radio de acción de la escuela sería sin duda alguna amplio y abarcaría varios km a la redonda.

Amen de la escuela pública sostenida por la provincia, había una o dos escuelitas particulares más.

En 1905 se construyó el edificio de la Escuela Coronel Warnes, y el terreno fue donado por los Sres. Fermín Marchant, José Zelarayán, Saturnio Lobo y Abraham Agudo. El arquitecto Dall’Asta se encargó de confeccionar el plano.

Como instrumento de cultura funciona la Biblioteca Popular Gobernador Lucas A. Córdoba desde el año 1915 y fue fundada por el Dr. Estegidio de la Vega.

La vida social de Medinas llegaba a la plenitud de su apogeo, lo más distinguido y lo más granado de la sociedad de Monteros y de Tucumán llegaban a este pueblo para celebrar distintos acontecimientos.

Como sociedad particular de la época estaba el Centro Social de Medinas, el cual dicta en el año 1895 y contaba con un local propio hermosamente decorado y con su rico mobiliario. En el mismo año las damas de misericordia fundaron el Hospital San José de Medinas, el cual atendía a pacientes de varios kilómetros a la redonda.

Actualmente la Comuna Rural firmó un convenio con la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNT para la preservacion y revalorización del pueblo histórico.

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(DOCTRINA EN ACCION https://doctrinaenaccion.wordpress.com/…/la-historica-vill…/)

Fue a mediados del siglo XVI, cuando el gobernador Francisco de Aguirre, otorgó al capitán Gaspar de Medina una encomienda, es decir, una porción de tierra con un grupo de indios para que la trabajaran, de un sitio denominado Acapianta, que probablemente abarcaba el espacio comprendido entre los ríos Medinas y Gastona, marcando, así, el inicio remoto de la actual villa.
Algunos historiadores sostienen, por el contrario, que Acapianta formaba parte de la encomienda de Yucumanita, dada como dote a Doña Violante Godoy, cuando casó con Diego de Medina y Castro, hijo de nuestro Gaspar de Medina.
De cualquier manera, ya sea por el padre o uno de sus hijos, en el nombre de la villa y del río perdura el apellido Medina pluralizado.
Apogeo
La etapa de mayor prosperidad se produjo durante el XIX, cuando se estableció el Ferrocarril Provincial Noroeste, que posibilitó un activo comercio en la zona. Este progreso redundó en un crecimiento al punto de competir con Monteros por ser la segunda población de la provincia.
La creación de algunas instituciones nos muestra la gravitación de Medinas en Tucumán: en 1844, se estableció la comisaría, en 1855 se fundó la escuela pública, en el mismo año que la primera escuela en la ciudad; en 1870, comenzó a funcionar la oficina de Correos y Telégrafos; en 1895, se erigió el hospital San José, en 1896, se instituyó el Juzgado de Paz.
Según la tradición, la ruina de Medinas se originó en el hecho de haber quedado fuera de la nueva línea del Ferrocarril Central Córdoba, porque el dueño de las tierras por donde debía seguir el trazado se opuso a que atravesara su propiedad.
En 1999 fue declarada “Pueblo Histórico Nacional” por el decreto 113 de la Presidencia de la Nación, para iniciar el rescate de su rico patrimonio arquitectónico, único testimonio en nuestra provincia de las casas señoriales del siglo XIX.
La actual iglesia de Medinas fue construida por el Presbítero Miguel Román entre 1833 y 1884, para reemplazar al antiguo templo que estaba casi derruido. Consta de 22 metros de frente por 43 de fondo. En su interior se venera a la Virgen de la Merced, patrona de Medinas, cuya imagen, tallada en una sola pieza de madera se remonta a, por lo menos, el siglo XVIII. La iglesia fue declarada monumento histórico nacional por la ley 25.149 de 1999. Cada 24 de septiembre, la villa renace con los festejos en honor de la Virgen, para sumirse nuevamente en el sueño del olvido.

Los zawisza, niños soldados que combatieron a los nazis

BBC MUNDO

El primero de agosto de 1944 se registró en Varsovia la mayor rebelión civil que enfrentarían los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Los ecos del horror que se vivió en la capital de Polonia en ese período aún resuenan en las calles de la ciudad.

El objetivo final de la rebelión era lograr la independencia de Polonia, ocupada por alemanes y la Unión Soviética en 1939, cuando eran aliados.

El programa Witness de la BBC entrevistó a Andrei Slawinski, uno de los protagonistas de este momento clave en la historia de esa nación, en la víspera de conmemorarse el 71 aniversario.

La ocupación

“Cuando Alemania ocupó Polonia, se comportaron razonablemente bien. Pero en esta oportunidad comprendimos que todo sería muy distinto”, relata Slawinski.

Desfile frente a Hitler
5 de octubre 1939: las tropas alemanas desfilan frente a Adolfo Hitler tras su entrada a Varsovia.

Y a medida que se intensificó la presencia nazi en el país, las cosas fueron empeorando.

Así como persiguieron a la élite intelectual polaca, los nazis expulsaron a miles de personas de sus hogares, forzándolos a trabajar en campos de concentración, incluyendo a los niños.

Confiscaron propiedades y clausuraron todas las instituciones culturales del país. Incluso prohibieron a la Organización Scout de Polonia. De modo que los scout pasaron de inmediato a convertirse en militantes activos de la resistencia.

El surgimiento de los zawisza

En 1942 uno de los scout contactó a Andrei. “Un día cuando estaba en la escuela, y tenía 13 o 14 años, uno de los muchachos se me acercó y me preguntó si quería pertenecer a los zawisza, una palabra polaca para describir a un caballero medieval, reconocido por sus altos valores morales y amor por su país. Yo dije que sí“, recuerda.

Los hermanos Jeleniewicz del servicio postal de los scouts distribuyendo información de la insurgencia en agosto de 1944.

Los zawisza era el nombre que les daban a los miembros más jóvenes –de 13 y 15 años- de los scouts en la resistencia. Los mayores, entre 15 y 17 años, se unían a los Batallones Escolares.

Los mayores de 18 años pasaban a formar parte de los Grupos Tormenta, como soldados combatientes del Ejército Nacional de Polonia. Todos juntos eran conocidos como los Rangos Grises.

Todo lo hacíamos bajo un absoluto secreto. Ni mis padres sabían qué estaba haciendo. Yo tenía reuniones con ochos personas en mi casa. Ellos sabían que estaba pasando, pero no decían nada”, explica Andrei.

En aquellos años, Andrei y sus amigos no participaron de ninguna acción bélica. Pasaban el tiempo discutiendo sobre política y sobre su papel cuando viniera el levantamiento contra los nazis.

Cuando cumplió 15 años, las cosas comenzaron a cambiar. “Estábamos muy entusiasmados por todo. Estaba emocionado de tener 15 años porque podría incorporarme a los Batallones Escolares. No te imaginas el orgullo de ser un verdadero soldado a los 15 años“, señala.

Pero en realidad no hubo mucha alharaca o ceremonia cuando Andrei se incorporó a los Batallones Escolares en diciembre de 1943. Todo debía permanecer en secreto.

Nazis en motos en las calles de Varsovia
Los nazis se paseaban por las calles, que ya eran suyas, por la fuerza.

Nazis en retirada

No obstante, para finales de 1943 el curso de la guerra había cambiado. Los nazis se encontraban en retirada, rebasados por el poderío del ejército de la otrora Unión Soviética.

Pero los polacos organizados en la resistencia clandestina, leales a al gobierno anti-comunista que se encontraba en el exilio, no confiaban en los rusos a pesar de la propaganda soviética que hablaba de los deseos de Moscú porque Polonia tuviese un estado fuerte, independiente y de los polacos.

Toma de un auto alemán por insurgentes
Toma de un auto alemán por insurgentes polacos.

El ejército soviético había ocupado toda la región oriental de Polonia al inicio de la Segunda Guerra Mundial, cuando ilegalizaron a los scouts. Ahora, a principios de 1944, estaban listos para tomar todo el país.

Mientras tanto, en la ocupada Varsovia, Andrei y los Batallones Escolares comenzaban a entrar en acción.

“Eran acciones muy tontas. Les hacíamos llamadas amenazadoras a miembros de la comunidad netamente alemana en Varsovia, a quienes los nazis habían declarado una raza superior. Organizábamos visitas de directores de funerarias a sus casas, o rompíamos las ventanas con piedras y luego echábamos a correr como locos”, relata.

Sólo un pequeño grupo de estudiantes se atrevía a participar en estas actividades. En su mejor momento, los Rangos Grises llegaron a tener 17.000 miembros en toda Polonia.

“En nuestra sección del Batallón Escolar tenía seis amigos muy queridos. Una amistad que duró mucho tiempo, aunque muchos de ellos murieron durante la rebelión”, comenta Slawinski.

El 1º de agosto

Prisioneros alemanes
Civiles alemanes tomados como prisioneros durante la rebelión.

El día que comenzó la revuelta, los alemanes hicieron claras advertencias de lo que ocurriría si sus habitantes ofrecían resistencia.

Los grupos detractores ya estaban organizados, y una de las principales organizaciones que participaban eran los scouts, quienes rechazaron la presencia alemana desde los primeros días de la ocupación del país.

En los días previos al levantamiento, se escuchaban en todas las calles de Varsovia las amenazas de las retaliaciones alemanas ante cualquier acción en contra de los designios nazis en la ciudad.

Ignorando esas advertencias, Slawinski, entonces de 15 años de edad, tomó su puesto en una de las barricadas construidas en el centro de Varsovia y se hizo protagonista de la lucha desde ese primer día de agosto.

Soldado alemán
Soldado alemán en una barricada tomada, gritándole órdenes a la resistencia polaca.

Me dieron la última pistola que tenían, una muy pequeña. Los alemanes se habían fortificado en el otro extremo de la calle y yo debía impedir que avanzaran con mi pequeña pistola”, cuenta con emoción.

A pesar de la carencia de armas y municiones, los insurgentes aspiraban frenar el avance nazi por unos días, hasta que llegaran las fuerzas aliadas.

Cuando la rebelión comenzó la resistencia polaca se comunicaba con el mundo exterior a través de la radio. Peroa pesar de los pedidos de ayuda, las tropas soviéticas, desplegadas en los alrededores de la ciudad, no respondieron.

La pesada artillería alemana fue demoliendo la ciudad, y las tropas nazis fueron tomando represalias contra toda la población civil.

Andrei recuerda una noche en particular, cuando se encontraba escondido en ático de un edificio en la zona central de Varsovia.

“Estaba durmiendo cuando de repente vino un oficial y gritó que todos debíamos bajar a la barricada, porque los alemanes iban a atacar”.

Los disparos de artillería habían provocado un incendio en la parte alta de la barricada.

“Me dijeron que subiera al tope de la barricada y recibiera baldes de agua para apagar el incendio. Yo estaba medio dormido y no sé cómo me atreví a montarme arriba de la barricada, porque quedé completamente visible para los soldados alemanes que comenzaron a dispararme continuamente“, relata Andrei todavía con el miedo en su voz.

Héroes al final

Enfermos y hambrientos polacos salieron de sus escondites
Enfermos y hambrientos polacos salieron de sus escondites cuando la rebelión cesó.

Por más de dos meses los habitantes de Varsovia lucharon encarnizadamente contra el ejército alemán.

Unos 250.000 polacos perdieron la vida.

La ciudad finalmente se rindió a los alemanes en octubre de 1944.

monumento gueto varsovia
Pasaron 40 años antes de que hubiera un monumento conmemorativo de la rebelión.

Andrei escogió rendirse como soldado y pasó a ser prisionero de guerra.

Cuando la guerra terminó en Europa, los soviéticos tomaron control de Polonia e instalaron un gobierno plegado a los intereses de Moscú.

Pasaron 40 años antes que pudiera construirse un monumento en Varsovia para conmemorar la rebelión, y para queAndrei y sus compañeros zawisza de los Rangos Grises fueran reconocidos como héroes en la desesperada lucha por la independencia de Polonia.

Falleció el historiador Arnold Bauer (1931 – 2015)

Palabras de Historia Global Online y texto de Charles Walker

Ha fallecido Arnold Bauer (1931-2015), historiador norteamericano especialista en la historia de Chile y América Latina. Bauer había realizado una extensa actividad académica en temas que van desde la historia agraria hasta la cultura material. Su último libro era una autobiografía de sus años de niñez y juventud en el contexto de la Gran Depresión.

Este post recoge una larga entrevista donde Bauer cuenta diversos aspectos de su trayectoria personal y profesional. Al final del mismo se incluyen fotografías provenientes de su álbum familiar así como las portadas de sus libros.

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Hermosa entrevista del historiador Charles Walker a Bauer

Tengo la satisfacción de presentar una entrevista con el gran Arnold “Arnie” Bauer, publicada originalmente en The Americas (Abril de 2013, 69:4) y traducida al español por Pablo Whipple y Giselle Gibbons. Desde mi llegada a Davis en 1992, Arnie ha sido un gran amigo, consejero y colega, lector y crítico de todos mis trabajos. Comparto con muchísima gente en Chile, y otras partes, una gran admiración por él como ser humano, historiador y escritor.

Su vida, de una granja de Kansas a California, con etapas en Marruecos, México, Berkeley, y, por supuesto, Chile, es fascinante. Aquí nos da algunas pistas autobiográficas, reflexionando sobre su inusual carrera académica, su amor por América Latina y su obra tan vasta como variada. Inmediatamente después de la entrevista hemos incluido fotografías de su álbum familiar y del vino que Bauer produce en su viña, así como las portadas de sus numerosos libros en inglés y español.

Historiador por accidente
Una entrevista con Arnold Bauer

Estimado entre los latinoamericanistas norteamericanos y altamente apreciado en Chile, Arnold (“Arnie”) Bauer enseñó historia en la Universidad de California, Davis, desde 1970 hasta 2005 y fue director del Programa de Intercambio de la Universidad de California en Santiago de Chile por cinco años entre 1994 y 2005. Conocido por su ameno estilo de escritura, las publicaciones de Bauer muestran un amplio interés: historia agraria (Chilean Rural Society: From the Spanish Conquest to 1930 [1975]), la Iglesia Católica y la sociedad, (como editor, La Iglesia en la economía de América Latina, siglos XIX-XIX [1986]), y la cultura material (Goods, Power, History: Latin America’s Material Culture [2001]). Ha escrito también sobre un misterioso códice mexicano del siglo XVI, The Search for the Codex Cardona (2009). Sus memorias de infancia (Time’s Shadow: Remembering a Family Farm in Kansas [2012]) fue nominado como uno de los cinco principales libros de 2012 por The Atlantic. Bauer es también autor de alrededor de 50 artículos y capítulos de libros y más de 60 reseñas.

Entre las publicaciones de Bauer en español se encuentra Chile y algo más. Estudios de historia latinoamericana (2004), una colección de ensayos que Heidi Tinsman ha descrito como la crónica de “una historia de amor” entre Bauer y Chile {1}. En 2005 recibió la Orden al Mérito Docente y Cultural Gabriela Mistral, el máximo reconocimiento que Chile entrega a un extranjero por su contribución a la educación y la cultura del país. En su casa y pequeña viña en Davis, California, la que construyó con sus propias manos, ha sido por décadas el anfitrión de animadas comidas y de invitados tan distinguidos como Eric Hobsbawm y el cuñado de Fidel Castro. Sin embargo, él siempre se ha considerado a sí mismo un “académico por accidente”. Esta entrevista sigue los ires y venires de una carrera inusual.

Charles Walker: Comencemos con el inusual camino que seguiste para convertirte en un latinoamericanista. Me parece muy distinto al del común.
Arnold Bauer: Sí, yo también lo creo. Nací en una granja de 65 hectáreas al noreste del pueblo de Clay Center, Kansas, a 24 kilómetros por camino de tierra del médico más cercano, con mi tía Helen haciendo de partera. Mis tatarabuelos se asentaron en esas tierras después de la Guerra Civil y se mantuvieron en la familia hasta que fuimos sacados de ahí en los años 60s por lo que en Berkeley aprendí a llamar la irrupción del “capitalismo agrario”. Tenía que caminar 2,5 kilómetros para llegar a la emblemática escuela unidocente a la que asistían 15 niños de los distintos grados de primaria. La fundación de esa escuela ocurrió junto con la Ley de Asentamientos Rurales [1862].

Walker: Me imagino que fuiste a la secundaria. Eso te debió haber sacado de la granja.
Bauer: En realidad, no. Me iba a la secundaria en Clay Center con el hijo del herrero en su Ford A y volvía a tiempo para hacer las tareas del campo. La Secundaria Clay Country Community tenía 300 estudiantes, profesores comprometidos, y una oferta de cursos diversa, incluyendo música, teatro y latín. Yo destaqué haciendo pequeños comederos de concreto para cerdos, formones cementados y muebles de roble y cedro para nuestra casa. Los hacía de troncos cortados en el pequeño aserradero que mi padre había diseñado y construido para sobrevivir a la depresión y sequía de los años 30. Recuerdo haber obtenido una B en geometría, una C en la clase de historia de Estados Unidos de la señorita Reynolds, y buenas notas en manualidades.

Walker: Sé que estuviste en la Fuerza Aérea de Estados Unidos. ¿Cómo ocurrió?
Bauer: El verano después de graduarme lo pasé en el campo, pero animado por los padres de uno de mis amigos de la secundaria, logré entrar a Kansas State University. Pasé dos erráticos semestres allá, regresando a casa a trabajar cada fin de semana. Luego comenzó la Guerra de Corea y me enlisté en la Fuerza Aérea por cuatro años.

Walker: Muy pocos de nuestros colegas acá en UC Davis pasaron por las Fuerzas Armadas.
Bauer: Bueno, es verdad que en ese entonces pensaba que había que detener a los comunistas –siendo un primitivo, desinformado y consecuentemente, convencido participante de la Guerra Fría– pero también es cierto que estaba por ser enlistado en el ejército, lo que muy probablemente hubiese significado tener que combatir en trincheras en Corea, así que opté por la Fuerza Aérea.

Walker: ¿Y cómo resultó eso?
Bauer: Entrenamiento básico en Texas, escuela de electrónica en la base Keesler de la Fuerza Aérea, cerca de Nueva Orleans, y luego la base Sandia cerca de Albuquerque. No sé por qué seguí ese camino, pero terminé en el Comando de Armas Especiales de las Fuerzas Armadas, lo que para mi sorpresa significaba transformarme en un especialista en los sistemas de detonación de las primeras armas que hoy son conocidas como armas de destrucción masiva, por ese entonces la bomba nuclear Mark VI.

Walker: Entonces, esto fue antes de los misiles, ¿no? Cuéntame un poco más sobre esto.
Bauer: Nuestro grupo estaba compuesto por seis o siete oficiales, una docena de soldados y un grupo numeroso de gente de seguridad. Nosotros llevamos las primeras armas nucleares a Marruecos, a una base en las afueras de Casablanca. Esto fue en 1953-1954. Trabajábamos en un refugio subterráneo de concreto fuertemente reforzado y nuestra tarea era hacer el mantenimiento de los sistemas de detonación para luego, en cualquier momento, día o noche, cargarlos en bombarderos que llegaban rugiendo desde bases en Estados Unidos. Esto se hacía para que siempre existieran en el aire bombas nucleares listas para asignarse a blancos específicos. Es interesante pensar que teníamos armas de destrucción masiva en el norte de África 50 años antes de que Bush no pudiera encontrar ninguna en Irak.

Walker: Entonces, más allá de la experiencia en la Fuerza Aérea, ¿qué significaron esos dos años en Casablanca para ti? Un cambio abrupto, sin duda, viniendo de una granja en Kansas.
Bauer: Casablanca era en ese entonces la tercera ciudad más grande de África. Aún era Marruecos francés, así que además de otras atracciones, se podía ver desde las ventanas del bus el desarrollo de una sublevación anticolonial, explosiones en los mercados y asesinatos de policías. Tratando de comprar una lámpara de escritorio y un tablero de ajedrez en la ciudad, rápidamente aprendí lo que significa una “barrera idiomática”. Me sorprende leer ahora en el diario personal que escribí que a tres semanas de haber llegado a Marruecos encontré a una viuda de un oficial de ejército francés que me dio clases de francés en el centro de la ciudad. Muchos meses después pude defenderme más o menos en ese idioma. Practicaba con cantineras y un par de soldados franceses que conocí, e incluso me transformé en una especie de traductor no oficial de las cartas de amor enviadas entre mis compañeros y las chicas del centro de la ciudad, ampliando mi vocabulario a ámbitos inesperados. Durante el segundo año, tuve la oportunidad de explorar un poco, hacer un par de viajes largos a través de España y Francia yo solo, abriendo nuevos mundos, ampliando mis horizontes.

Walker: Has hablado de cierta conexión española en Casablanca.
Bauer: Sí, uno de mis compañeros, que había estudiado geología en Stanford, conoció y se casó con una joven cuyo padre había sido asesinado por las fascistas en Sevilla en 1936, y a través de ella –y de las fiestas de bodas y otras festividades que le siguieron– yo y el novio nos relacionamos con la comunidad española (aunque francoparlante) exiliada en Casablanca. Esa grieta abrió una puerta a España, que me llevó hacia un par de libros de Gerald Brenan, el gran hispanista británico, que estaban disponibles en la biblioteca de la base, y hacia un duradero interés por lo hispano {2}. Hacia el final de mi segundo año “defendiendo la democracia” en Casablanca, las cosas iban bien. Esto es lo que escribí en mi diario el 2 de diciembre de 1953: “Fiesta de cumpleaños de Teresa en el Café Sevilla anoche. Nos trataron increíblemente bien, la gente bailó sobre las mesas, etc. Había una joven española muy bonita llamada Angélica, conocida por tener “les jambes plus jolies de l’Afrique du Nord”.

Walker: Me estoy poniendo envidioso. Por favor, prosigue.
Bauer: Bueno, para resumir, Casablanca fue un punto de inflexión en mi vida. Los dos años en Marruecos, viajar por la Europa de post-guerra, estar expuesto a una cultura exótica al final de una lucha anticolonial, la oportunidad de desenvolverme en un idioma distinto, aunque de manera imperfecta, con gente muy distinta a mí, lo cambió todo. Comencé esos dos años siendo un típico joven campesino de Kansas, ingenuo e inculto, y salí de ahí aun siendo un joven campesino inculto, pero con una ingenuidad distinta, abierta a un mundo más amplio que –para mejor o peor– me llevó a dejar el campo.

Walker: ¿Cómo te imaginaste la vida después de la Fuerza Aérea?
Bauer: En junio de 1954, el tour de 4 años en la Fuerza Aérea estaba terminando, así que había mucha especulación sobre lo que haríamos después de licenciarnos. Tres o cuatro de nuestro pequeño grupo tenían planes de ir a la universidad en el otoño; otros se irían a sus casas. Alguien en nuestro cuartel tenía una revista con un aviso que decía “Estudie en Ciudad de México” en un lugar llamado Mexico City College [luego Universidad de las Américas] que aceptaba estudiantes beneficiados por las ayudas sociales para ex-soldados [G.I. Bill]. Postulé, y para mi sorpresa, fui aceptado. Volví a trabajar al campo ese verano, y a principios de octubre partí al sur, solo, sin conocimiento de español o sobre México: un salto a lo desconocido en un Ford de 1950, dejando a mis padres atrás.

Walker: México en los 50s… ¿cómo fue eso para ti?
Bauer: Absolutamente maravilloso. Cinco millones de personas, en lo que Carlos Fuentes llamó “la región más transparente”, el Popocatépetl resplandeciente a la luz de la mañana, carnitas picadas en los puestos callejeros. El peso había sido recién devaluado en un 30% así que 160 dólares al mes más el dinero para colegiatura que me daba el G.I. Bill alcanzaban para mucho. Conseguí un cuarto muy cerca de [Avenida] Reforma, en Río de la Plata n. 16, con una familia mexicana. La hija adolescente de la familia comenzó inmediatamente a enseñarme español: “Esto es una cuchara, esto es…”, etc. El hijo, llamado Chato, estudiante de ingeniería en la UNAM, trajo a sus amigos para que me conocieran, y eventualmente –después de varias semanas– me consideraron suficientemente respetable como para presentarme a otros amigos. Uno de ellos, Víctor Lomelí, parecía conocer a todos en Ciudad de México; él me invitó prácticamente cada fin de semana a fiestas formales en casas (con madres y tías presentes) y ocasionalmente a fines de semana en Cuernavaca e incluso dos o tres veces a Acapulco.

Walker: Mexico City College era famoso en esos años
Bauer: Mexico City College tenía varios profesores e intelectuales extraordinarios, entre ellos, Fernando Horcasitas, John Padden, Robert Barlow, el historiador del arte Alexander Baron von Wuthenau, el etnólogo Robert Weitlaner, y destacados historiadores mexicanos como Silvio Zavala y el filósofo Ramón Xirau. Eran atraídos por los relativamente altos sueldos. Era un lugar inusual, menos conocido tal vez por su rigor en la enseñanza que por su muy heterodoxo cuerpo de estudiantes, administradores de derecha, precoces hippies norteamericanos y veteranos aventureros. Dos de mis profesores habían sido profesores de economía en Berkeley que se habían negado a firmar el juramento de lealtad de la Universidad de California y habían sido despedidos en los años del macartismo. Terminé con un grado académico en economía, pero durante estos años mi verdadero amor fue un interés amateur por México y la historia mexicana.

Walker: Esta tiene que haber sido una época muy interesante. ¿No estaban Fidel y el Che en México en esos mismos años? Después de la experiencia en Casablanca y ahora México en los 50s, ¿estaban cambiando tus propias visiones políticas?
Bauer: Bueno, diría que aún eran muy ingenuas. Y por cierto que yo no me juntaba con Fidel ni con el Che. Pero estaba transitando, aunque de manera vacilante, hacia la izquierda, y por cierto hacia una visión más crítica de las acciones de los Estados Unidos hacia América Latina. Comencé a verme a mí mismo como un anti-imperialista y afligido con una urgencia didáctica por pararme en la frontera y explicar México y los mexicanos a los turistas norteamericanos que habían comenzado a inundar el país.

Pero hablando del Che y Fidel, tuve de hecho una experiencia indirecta con los cubanos. Había un hombre joven, tal vez de mi edad, un ruso, que solía ir al Mexico City College a tomar café y hablar con los estudiantes. Por alguna razón comenzamos a conversar y me invitó, dos veces de hecho, a almorzar a un sitio en calle Xola. Creo que se llamaba Las Palpas.

Recuerdo la ambivalente emoción de estar sentado frente a un comunista de verdad luego de haber preparado bombas nucleares para ser lanzadas sobre su país. Creo que discutimos, ambos en un rudimentario español, sobre cosas como el reciente derrocamiento del gobierno de Arbenz en Guatemala, mis impresiones de México, y cosas así. Se debió haber dado cuenta rápidamente que no había ninguna razón para perder su tiempo conmigo. De hecho, habían peces más gordos de qué preocuparse, porque al mismo tiempo (1955), y no muy lejos, en Polanco (tal vez tomó un taxi hacia allá luego del almuerzo), encontró, sin duda, compañía mucho más interesante. Sentados en el suelo, comiendo pasta estaban Fidel, Raúl, “El Che”, y otros tantos cubanos, planeando el asalto al régimen de Batista. Otro hombre estaba ahí, Nicolai Leonov, quien llegaría a ser Jefe de la KGB, el enlace con la naciente Revolución Cubana, y luego el principal especialista sobre América Latina en la Unión Soviética {3}. Así que al menos fui salpicado por la historia, aunque sin darme cuenta. Una conexión más personal y duradera con Cuba vino algunos años después, en 1960, cuando Víctor Lomelí se casó con Enma Castro Ruz, la hermana de Fidel, una co-revolucionaria y recaudadora de fondos.

Walker: Eso es fascinante. Me pregunto ¿cuántos de nuestros colegas saben sobre Leonov? ¿Consideraste en algún momento quedarte en México?
Bauer: Al principio tenía la idea de encontrar un trabajo con alguna compañía norteamericana en México. Me entrevisté con Black & Decker, Pan American Airways, y un par más, pero no resultó. El dinero se me había acabado así que –tal vez incluso con los ojos llorosos– regresé al norte. Me quedé con mi hermana mayor en Wichita, encontré un trabajo en Boeing, y luego de seis meses juntando dinero, tenía un depósito de mil dólares así que me dirigí hacia el oeste, a San Francisco. Encontré trabajo en General Motors y luego un mejor puesto como jefe de la pequeña oficina en la costa oeste de una compañía de Nueva Inglaterra que trabajaba con papel y aislamiento eléctrico. Mi “territorio” era el norte de California y el Noroeste del Pacífico, con clientes como Tektronics en Portland, Boeing en Seattle, y Hercules Powder Company. Difícil de creer, pero me convertí en un hombre de negocios. Después de cinco años en el rubro, tenía un bonito departamento en San Francisco, media cuadra al norte del hotel Fairmont, en Nob Hill, comiendo, bebiendo, descubriendo los buenos tintos de California, viviendo una vida agradable, aunque sin mucho sentido, de alguna manera una vida un tanto decadente.

Walker: Entonces, luego, de alguna manera, ¿cambiaste tu vida?
Bauer: La experiencia en México y mi creciente interés por América Latina en general, iban ganando espacio en mi cabeza. Y había cosas sucediendo. La Revolución Cubana fue una noticia muy importante. Yo repartía panfletos por un trato justo a Cuba durante los fines de semana y organizaba reuniones de solidaridad con Cuba en mi departamento. Había un mundo allá afuera y yo tenía una vida que se me hacía cada vez más aburrida y carente de sentido. Además, mi novia se había marchado con un fotógrafo de la revista Life.

En un tibio día a inicios de la primavera, a fines de febrero de 1961, llamé a Hewlett-Packard, uno de mis clientes. Luego de un típico almuerzo con dos martinis con el agente, bajé del cerro hacia Palo Alto, me saqué la chaqueta, me solté la corbata y me tiré en el pasto en un pequeño parque. Miré a través de las ramas sin hojas de los árboles y me pregunté: “¿Qué estoy haciendo aquí?”. Me paré, fui a mi oficina en San Francisco, llamé a mi jefe, una persona muy amable llamada Charles Kuhn, y le dije: “No puedo seguir haciendo esto. Tengo que parar, renunciar a este trabajo, y buscarme otra vida”. “Espera”, me contestó, “iré para allá, podemos conversar”.

Le conseguí una habitación en el hotel St. Francis, tuvimos una agradable cena en North Beach, y le conté mi historia, le hablé de mis ansiedades, inquietudes y deseos. Después de una larga velada me dijo que si estuviera en mis zapatos y a mi edad, él haría lo mismo. Lo llevé de vuelta al St. Francis. “Pasa por la oficina en Los Angeles”, me dijo. “Habrá para ti dos meses extra de pago por indemnización”. Me deshice de mi departamento, regalé todos mis muebles y utensilios de cocina, pagué mis cuentas, y me dirigí hacia el sur a México y Sudamérica, una travesía compuesta en partes iguales por búsqueda y autodestrucción. Se puede decir que si Casablanca fue mi un punto de inflexión en mi vida, el pequeño parque en Palo Alto la cambió por completo.

Walker: Cuéntanos entonces cómo fue que esto te llevó a Berkeley y a estudiar un postgrado.
Bauer: Mi viaje al sur duró cuatro meses. Me fui por tierra, manejando mi propio auto hasta Veracruz, luego tomando buses Volkswagen a través de Centroamérica hasta Panamá. Luego tomé un avión a Barranquilla, un bus a través de Colombia hasta Quito, quedándome en varios lugares. En Guayaquil comencé el regreso siguiendo el mismo camino de vuelta. Estando en Ciudad de México postulé a la escuela de graduados en Berkeley. Completamente ignorante de los procesos o la cultura académica, no puedo imaginar, ni soporto recordar en qué estaba pensando. Sin ahorros, sin un lugar donde vivir, la carta de rechazo me esperaba en la casa de un amigo en San Francisco. Llevé la carta al otro lado de la bahía a la oficina de admisión en Sproul Hall, y se la entregué a una mujer detrás de una ventanilla. “Es una carta de rechazo”, me explicó, “mandamos cientos de ellas cada año”. Desesperado, insistí en hablar con la persona que había firmado la carta. No tiene sentido, me dijo. “No aceptamos apelaciones, especialmente en casos como el suyo”. Nuevamente me negué a irme. Una segunda mujer en la oficina, visiblemente exasperada, me dio una cita con James King, decano adjunto de la escuela de graduados, quien además resultó ser un conocido historiador de América Latina.

Walker: ¡Qué historia! King fue uno de mis profesores cuando era estudiante de pregrado en Berkeley hace 30 años. Recuerdo Sproul Hall como un lugar intimidante…, entonces, ¿qué dijo?
Bauer: Él era un hombre muy amable. Escuchó mi historia. Luego de una hora de conversación, me dijo que podría existir una forma de admitirme. “Pero”, me dijo, “tienes que hablar con Woodrow Borah, el asesor de graduados en historia”. Luego me advirtió, “Él es una persona de mal carácter”.

Walker: ¿Sabías quién era Borah?
Bauer: Por supuesto que no. No tenía idea de lo que implicaba un postgrado. Sé que suena raro, pero piensa en la vida que había tenido.

Walker: ¿Qué ocurrió después?
Bauer: Un amigo en San Francisco me había prestado un dormitorio por un par de días. Tomé un bus por el puente de la bahía y encontré la oficina de Borah en Dwinelle Hall, y golpeé la puerta. Una voz molesta contestó, “Pase”. Borah estaba inclinado sobre una lectora de microfilms, dando la espalda hacia la puerta. Se dio vuelta muy lentamente. Me presenté: “Sr. Borah, mi nombre es Bauer y estoy interesado en seguir estudios de postgrado en la Universidad de California, aquí en Berkeley”. El Sr. Borah ignoró la mano que le había extendido, se dio vuelta, giró hacia su escritorio, tomó el expediente con mi postulación que le había enviado el Decano King, se dio vuelta hacia mí y dijo en su inolvidable, preciso y penetrante tono de voz: “Estos son sencillamente los antecedentes de una vida sin rumbo”. Volvió hacia la lectora de microfilms. Yo de pie en su oficina, con mis largos brazos y manos de campesino extendidas. “¿Qué me sugiere que haga?”, pregunté tontamente. “¿Por qué no prueba con Stanford?” me dijo, sonando como si fuera la Isla del Diablo. Le indiqué que mis medios no alcanzaban.

Walker: ¿Cómo entraste entonces a la universidad y a la carrera académica?
Bauer: Volví a la oficina del Decano King y le expliqué que no me había ido del todo bien en la entrevista. Él encontró un camino alternativo. “Lo podemos poner en algo llamado ‘estatus especial’”, me dijo. “No en la división de graduados, usted no será parte del Departamento de Historia. Pero podrá seguir el camino de un estudiante avanzado de historia y si le va bien, postular el próximo año”.
Acepté la posibilidad, saqué buenas notas durante el año, y postulé al siguiente otoño al programa de postgrado, y fui aceptado. No tuve ayuda financiera en los dos primeros años pero conseguí un trabajo arriba del cerro en el Laboratorio de Radiación Lawrence, a veces trabajando de seis de la tarde hasta la medianoche, otras desde la medianoche hasta las seis de la mañana. Me afeité la cabeza para evitar distracciones y dedicarme por completo a los estudios. El tercer año obtuve una ayudantía de cátedra, y después becas. Tomé seminarios de postgrado con los profesores del departamento y con profesores visitantes como Tulio Halperín Donghi y Álvaro Jara. Durante mi último año, el profesor Jara me escribió una elogiosa carta de apoyo y recibí una Beca de la Fundación Ford para América Latina que me permitió dos años de investigación para mi tesis doctoral en Chile.

Walker: Había muchos estudiantes de postgrado durante esos años en Berkeley. ¿Podrías darme uno o dos nombres?
Bauer: Creo que en ese entonces Berkeley era el lugar para estudios latinoamericanos, tal vez junto con Texas. Debo mencionar a los profesores. Woodrow [Borah], por supuesto, era el más conocido. Pero había gente de renombre en estudios latinoamericanos en general. Estaban ahí Jim Scobie y John Padden, el legendario Carl Sauer, más dos recientemente contratados, David Brading y Bill McGreevey, y los antropólogos John Rowe y George Foster. Leslie Byrd Simpson en el Departamento de Español se había retirado pero todavía estaba presente. Un gran número de estudiantes de postgrado –si recuerdo bien, había más de 200 en historia y tal vez 35 en el área de América Latina– hacían que el ambiente fuera muy interesante. Era un lugar boyante y estimulante.

Walker: Era, además, Berkeley en los 60s.
Bauer: El principal recuerdo que tengo es el de estar focalizado en el estudio. Yo tenía 10 años de atraso en mis estudios. Además me había casado y tenía una hijastra. Por cierto que ahí estaba Joan Baez cantándole a una multitud en las escalinatas de Sproul Hall, e inspirados oradores como Mario Savio, Steve Weisman, Frank Bardake, y otros. Di mi examen de magíster y el de candidatura para mi doctorado en medio de los ataques de helicópteros con gas lacrimógeno.

Walker: Y luego, recibiste una muy buena beca (la Latin American Teaching Fellowship) en 1967 para investigación en Chile, la base inicial para tu larga relación con el país.
Bauer: Sí. Tuve la fortuna de tomar un seminario con Álvaro Jara mientras era profesor visitante en Berkeley y al mismo tiempo, una figura clave del Centro de Estudios Americanos (CEA), un prestigioso centro de estudios de postgrado en Santiago, aunque de corta vida. El profesor Jara escribió una exagerada carta de apoyo al comité de becas de LATF, ofreciéndome una posición de profesor adjunto (un requisito para la beca) en el Centro en Santiago. Con eso fue suficiente para obtener la beca. El centro convocaba a especialistas como Rolando Mellafe que trabajaba la nueva historia demográfica (a los franceses les gustaba llamarla “l’ecole Berkeley”), mientras Jara (quien había obtenido su doctorado en París) y Ruggiero Romano, un colaborador cercano del gran [Fernand] Braudel, promovían la Escuela de los Annales de investigación histórica. El Centro de Santiago atraía profesores visitantes y estudiantes de doctorado de todas partes de América Latina, gente como Aníbal Quijano, Carlos Sempat Assadourian, Gustavo Beyhaut, Germán Colmenares, Carmen Castillo, y muchos otros cuyos nombres puede que no sean familiares ahora pero en ese tiempo conformaban un centro vital de la vida intelectual chilena. Los chilenos me acogieron, brindándome una base académica y social.

Walker: Cuando visito Santiago o recibo chilenos acá, me impresiona la amplia admiración que tienen por ti en Chile. Quiero decir que no es solo la opinión de historiadores y de historiadores progresistas, sino que de personas de distintas generaciones, de distintas posiciones políticas, y de personas que no están en la academia. Recibiste la Orden al Mérito Gabriela Mistral en 2005.
Bauer: Es verdad que desarrollé un afecto duradero por el país, y refiriéndome a lo que mencionas, hay un gran grupo de personas de distintos orígenes y distintas posiciones políticas que he podido tener como amigos. Creo que la culpa es de los chilenos. Ellos son encantadores, gente atractiva, personas con un astuto, irónico y bien soterrado sentido del humor, una consecuencia tal vez de vivir en el fin del mundo. Tienen una humanidad natural y en mi experiencia estaban preparados para apoyar mi trabajo sin celos o rencor. Incluso creo que existe una forma especial “chilena” de caminar, modales, humor, incluso de coqueteo. Ahora que hemos vendido nuestro departamento en Providencia [Santiago], con pocas probabilidades de volver, se ha abierto un vacío en mi corazón.

Walker: Pero Arnie, te he dicho que tú eres como los Rolling Stones: has tenido muchas giras de despedida. Regresarás. Pero acaso los intensos conflictos después de 1970, ¿no requirieron que navegaras con mucho cuidado a través de ese campo minado que era la política de ese entonces? ¿Acaso no había chilenos que no se relacionarían con gente de posiciones políticas diferentes?
Bauer: Sí, eso también es verdad, pero creo que la característica más típica y perdurable del chileno es la cordialidad y la acomodación. Tal vez exagero esto, y tal vez mi opinión se forma de manera excesiva a partir de mis primeras experiencias. En los años de Frei Montalva [1964-1970], e incluso en los años de Allende [1970-1973], uno usualmente salía a comer, y alrededor de la mesa, podías encontrar marxistas, socialistas, democristianos, y conservadores –un espectro político mucho más amplio, por supuesto, comparado con el que podrías encontrar en Estados Unidos– involucrados en intensas, incluso acaloradas discusiones. Pero al final, todos felices caminaban juntos al finalizar la noche. Obviamente la dictadura de Pinochet cambió eso, y tengo amigos que sufrieron el terror, tortura y represión. Pero ahora, creo, las cualidades seculares de acomodación y cordialidad han regresado.

Walker: Cuéntanos un poco sobre tu papel en el desarrollo del Programa de Intercambio [Education Abroad Program, EAP] en Chile [de la Universidad de California] y de los seminarios de postgrado que enseñaste en la Universidad Católica en Santiago.
Bauer: Desde muy temprano fui un entusiasta del Programa de Intercambio. Participé como Jefe de su comité estatal por varios años, y cuando posteriormente se decidió establecer un Centro de Estudio en Santiago, me transformé en su primer director permanente, en 1993. Volví a ser su director por cuatro años más en 2005. Alrededor de 1.400 estudiantes de pregrado de la Universidad de California han participado del Programa durante ese periodo. Durante mis años como director, la invaluable asistencia de Carmen Gloria Guiñez, la coordinadora académica permanente del programa, y de mi esposa, Danielle Greenwood, fueron clave para su éxito. Ser director del Centro de Estudio ha sido una de las más gratificantes tareas de mi carrera. Durante esos mismos años, dicté seminarios de postgrado en La Católica.

Walker: Pasemos ahora a tus intereses académicos y tus escritos, los que comenzaron con Chile y luego cambiaron hacia distintas áreas geográficas y temáticas. Titulaste tu primer libro, publicado por Cambridge, Chilean Rural Society from the Spanish Conquest to 1930. La versión en español es La sociedad rural chilena desde la conquista hasta nuestros días. El libro ha sido bien recibido en ambas versiones, y es considerado como una especie de clásico en Chile {4}.
Bauer: Me dejó muy satisfecho que ese esfuerzo temprano fuera bien recibido a través del espectro político, porque en los 60 la reforma agraria era un tema político candente. Me gustaría decir también que yo era consciente de los peligros en tratar de escribir otra historia desde lo popular. Desde el comienzo, traté de imaginar la situación opuesta, es decir, la de un chileno que habiendo vivido solo dos años en Kansas, con imperfecto conocimiento de inglés, sentado entre mi gente en el municipio de Goshen, preguntándose si sería capaz de entender como la gente pensaba o sentía. Publiqué algunas de estas preocupaciones en la revista chilena Proposiciones {5}. Cada vez que pude hablé con gente del campo, pasé mucho tiempo con mi querido amigo Carlos Hurtado, que sabía de mi tema mucho más de lo que yo jamás pudiera llegar a saber. Pero lo más importante para la recepción que tuve es el hecho de que los chilenos tienen la inclinación a ser generosos con los extranjeros y tolerantes con su trabajo.

Walker: Junto a tu temprano interés por la historia rural, también escribiste sobre la iglesia colonial, el sistema de censos, la expulsión de los jesuitas de América Latina en el siglo dieciocho, y otros {6}. ¿De dónde venía este interés en la Iglesia?
Bauer: El papel económico de la iglesia colonial estaba íntimamente relacionado con la economía rural. Además, uno de mis mejores amigos entre los estudiantes de postgrado en Berkeley era jesuita. Tuvimos largas discusiones mientras caminábamos en torno al rol de la iglesia en América Latina y finalmente, impaciente con mi ignorancia, me puso los puntos sobre la íes. “Mira”, me dijo, “en la larga historia de la iglesia en el mundo, ha estado en el lado correcto alrededor del 51% de las veces. Y eso es suficiente para mí”. Al parecer, él me provocó a aprender más.

Walker: Tu libro Goods, Power, History: Latin America’s Material Culture [Cambridge, 2001] fue traducido como Somos lo que compramos [México, Taurus, 2002]. Aborda un tema muy amplio: la cultura material, las cosas que la gente producía, hacía y consumía desde la época pre-hispánica hasta hoy {7}. Esa extensión puede ser abrumadora para los jóvenes lectores de esta entrevista. Puede que tengan nueve meses para hacer su investigación doctoral, familiarizarse con la teoría, y escribir. Tú has animado a tus estudiantes a que eviten “llenar vacíos”, sin que descuiden cómo la investigación se vincula con problemáticas mayores o actuales. Además, la cultura material parece ser un gran cambio con tus temas anteriores. ¿Cómo fue que te interesaste en esta literatura? Y ¿qué les dirías a los estudiantes de postgrado que no quieren limitarse a trabajar en temas específicos?
Bauer: Mi interés en la cultura material viene de una invitación que me hizo Marcello Carmagnani (Universidad de Turín), un amigo que conocí en mis días en Chile, quien estaba coordinando un libro en dos volúmenes titulado Para una historia de América. Él quería renovar las nociones de larga duración histórica y aplicar ciertos aspectos de estas a la interpretación sobre América Latina {8}. Luego Stuart Schwartz me escribió de Yale para pedirme que escribiera un volumen para su serie New Approaches to the Americas [publicada por Cambridge], que examinara las características de largo plazo de la cultura material. Logré hacer esto incorporando cuatro dimensiones interconectadas para explicarlas: oferta y demanda, la relación entre consumo e identidad, la importancia del ritual, y, basándome en el trabajo de Norbert Elias, la noción de “bienes civilizatorios”. Un trabajo tan intrincado como aquel no es apropiado, por cierto, para abordarlo en una tesis. Tengo la impresión que los estudiantes de postgrado son mucho mejores a la hora de delimitar sus investigaciones, más conscientes del amplio escenario intelectual a la hora de sumergirse desde sus investigaciones en los aspectos locales de sus trabajos.

Walker: Bastante gente en nuestra disciplina me ha comentado que aprecian tu estilo de escritura, y de hecho, tienes una muy buena pluma. ¿De dónde viene esto? No creciste en una casa en la que tus padres leyeran a Shakespeare o Henry James. Yo me he beneficiado enormemente de tu generosidad al editar mis textos.
Bauer: Es amable de tu parte decir eso y, hasta cierto punto es verdad, no tengo explicación para esto. He tratado de escribir en una prosa limpia y poco pretenciosa. Recuerdo mis tiempos en San Francisco en que leía mucho, pasando el rato en la librería de Ferlinghetti, City Lights, hablando con amigos sobre “buena escritura”, y preguntándonos qué significaba eso. Un paso importante vino cuando leí el libro de Edmund Wilson, To the Finland Station. No hay ninguna línea rara o fea en ese extraordinario libro {9}.

Walker: Ahora estás retirado pero es obvio que no has dejado de escribir. Tienes tres nuevos libros en los últimos ocho años. Uno de estos, Chile y algo más. Estudios de historia latinoamericana, se publicó cuando recibiste la Orden de Mérito Gabriela Mistral, pero luego seguiste por caminos diferentes {10}. ¿Puedes referirte brevemente a tus trabajos recientes?
Bauer: Tal vez deberíamos llamarlos mis placeres recientes. The Search for the Codex Cardona es un misterio que envuelve a un códice mexicano de mediados del siglo XVI de cuatrocientas páginas y varias ilustraciones, presumiblemente perdido por 400 años y que reapareció en el Laboratorio Nuclear Crocker aquí en la Universidad de California, Davis, para examinar el amate y su pintura {11}. Habiendo visto el códice por accidente, me fasciné, más bien me obsesioné con su procedencia. El libro sigue la búsqueda a través de dos continentes, incluyendo anticuarios, académicos especialistas, obscuros libreros, charlatanes y peligrosos traficantes. Es muy entretenido. Y en mayo [de 2012], la editorial de la Universidad de Kansas publicó Time’s Shadow, mi relato de infancia y juventud inmerso en el contexto de la larga historia de los ranchos familiares en Kansas desde su aparición hasta su desaparición {12}.

Walker: Déjame terminar con una opinión personal. Como colegas y amigos, nos hemos tomado en promedio un café a la semana por los últimos 20 años. Me gustaría concluir la entrevista con un comentario personal, dirigido particularmente a personas en nuestra disciplina que no te conocen. Tú eres conocido en el condado de Yolo. Viven en una inusual y atractiva casa que construiste con tus propias manos; tienes una pequeña viña y por treinta años has hecho tu propio vino, Dos Patos. ¿Es esta una consecuencia, una suerte de síntesis del niño campesino de Kansas y el buen vivir californiano?
Bauer: ¿Con mis propias manos? Sí, pero con la ayuda de un arquitecto y dos estudiantes, uno que sabía más que yo, y otro que sabía menos {13}. No hay nada de Kansas en esta casa. En 1972 viví por dos semanas en una antigua casa campesina en Toscana, con una cava con botellas de chianti recubiertas en mimbre que me pareció genial. La casa en sí misma proviene de mi experiencia chilena. Desde el principio me enamoré del paisaje rural de Chile, incluso antes de comenzar a escribir sobre él y antes de que se volviera mucho más industrializado, como es hoy. Cada vez que teníamos la oportunidad, mi esposa y yo explorábamos el campo, yendo al sur de Santiago, evitando las rutas principales, manejando por las imponentes alamedas, colocando una manta donde disfrutar nuestras empanadas, pastel de choclo y vino tinto. Casi en todas partes se podía sentir el tranquilo murmullo de pequeños y casi invisibles canales de regadío que hacen del Valle Central “la copia feliz del Edén”, como dice el himno nacional. La presencia de la majestuosa cordillera nevada, siempre a la vista y aparentemente al alcance, sigue siendo inolvidable. Así que ese fue mi modelo para una casa en un terreno campesino con una viña en el valle central de California. El vino, por cierto, que la mayoría considera aceptable y unos pocos, delicioso, es una mezcla de Syrah y Tempranillo {14}.

Walker: Finalmente, sé que eres un admirador de la poesía de Neruda. ¿Puedes pensar en alguna línea o dos que puedan servir para cerrar esta entrevista? [Bauer busca en sus estantes por un rato].
Bauer: Bueno, aquí hay algunas líneas [escogidas] de “Fin de fiesta”, que entregan alguna idea del sentido de fin en Neruda:

“…de tierra en tierra fui avanzando
estuarios, insufribles territorios,
y siempre regresé, no tuve paz:
¿qué podía decir sin mis raíces?
¿qué podía decir sin tocar la tierra?
por eso, cuando vi lo que ya había visto
y toqué tierra y lodo, piedra y espuma mía,
dije: ‘aquí estoy’, me desnudé en la luz,
dejé caer las manos en el mar,
y cuando todo estaba transparente,
bajo la tierra, me quedé tranquilo”. {15}

Notas

1. Heidi Tinsman, “Arnold Bauer and Chile: A Love Story,” review of Arnold J. Bauer’sChile y algo más: Estudios de historia latinoamericana, A Contracorriente 5:2 (2008), pp. 341–345.
2. Los trabajos de Edward FitzGerald (“Gerald”) Brenan (1894-1987) incluyen The Spanish Labyrinth (1943) y The Literature of the Spanish People (1951).
3. Sobre Leonov y el Che, ver Jon Lee Anderson, Che Guevara: A Revolutionary Life(New York: Grove Press, 1997), pp. 173-174 y ss.
4. Arnold Bauer, Chilean Rural Society from the Spanish Conquest to 1930 (Cambridge, U.K.: Cambridge University Press, 1975); mismo título publicado en español como: La sociedad rural chilena desde la conquista hasta nuestro días (Santiago: Ed. Andrés Bello, 1994).
5. Arnold Bauer, “Sociedad y política rural chilenas en un enfoque comparativo”,Proposiciones, 19 (1990), pp. 254-262.
6. Muchos de estos ensayos fueron publicados en Arnold Bauer, La iglesia en la economía de América Latina: siglos XVI al XIX (México: INAH, 1986).
7. Traducción publicada como Somos lo que compramos (México: Taurus, 2002).
8. Arnold Bauer, “La cultura material”, en Para una historia de América. I. Las estructuras, Marcello Carmagnani, ed. (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 1990), pp. 404-497.
9. Edmund Wilson, To the Finland Station (New York: Harcourt, Brace & Co., 1940).
10. Arnold Bauer, Chile y algo más. Estudios de historia latinoamericana (Santiago: Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, 2004).
11. Arnold Bauer, The Search for the Codex Cardona (Durham, N.C.: Duke University Press, 2010).
12. Arnold Bauer, Time’s Shadow: Remembering a Family Farm in Kansas (Lawrence: University Oress of Kansas, 2012).
13. Uno de ellos era Ward Stavig (1948-2006), quien trabajó con Bauer como estudiante de pregrado y de postgrado. Bauer escribió un sentido obituario en The Hispanic American Historical Review 87:1 (2007), pp. 151-152.
14. La viña Dos Patos produce 300 botellas o 25 cajas al año. Según la etiqueta, las uvas son “cosechadas por trabajadores voluntarios que aplastan y estrujan la uva, con un espíritu de gai camaraderie”.
15. Pablo Neruda, “Fin de fiesta”, en Selected Poems, Nathaniel Tarn, ed. (New York: Dell Publishing, 1970), pp. 422-425.

Fotos de Bauer en http://charlesfwalker.com/entrevista-con-arnold-bauer/

Cómo dibujar un animal que no se ha visto en siglos

Tras desaparecer de Europa con la caída del Imperio Romano, los elefantes evolucionaron en las pinturas medievales hasta convertirse en animales mitológicos

ELPAIS

Un elefante de guerra en un ‘Speculum humanae salvationis’ del siglo XIV. / BRITISH LIBRARY

Por culpa de Plinio el Viejo durante siglos se creyó que los elefantes se asustan al ver un ratón. Y eso que este naturalista —que también nos convenció de que las avestruces esconden la cabeza para huir del peligro— vivió en una época en la que los elefantes eran bastante populares, gracias a numerosas gestas bélicas, e incluso sus imágenes aparecían en monedas de uso corriente en el orbe romano. La caída de Roma supuso que los gigantescos animales dejaran de pasear por Europa Occidental y, sin embargo, siguieron representándose durante la Edad Media, en bestiarios, biblias y otros textos. Pero los ilustradores medievales no tenían ni idea de la apariencia real de aquellos bichos temibles que ganaron batallas por todo el mundo, más allá de textos poco fiables como los de Plinio o tradiciones orales que se deformaban con el tiempo.

El elefante medieval clásico tenía hocico en forma de trompeta, orejas de perro, patas y cuerpo de caballo, vaca o cabra y colmillos de jabalí”, describe Westphal

Así, comenzó a reinventarse la imagen del elefante, cambiando su morfología y proporciones, en ilustraciones en las que apenas se respetaban unas pocas características fijas: la trompa, los colmillos y las grandes orejas. No es difícil imaginar los problemas para dibujar a un mamífero colosal, capaz de cargar soldados en la grupa, contando apenas con esas tres únicas referencias. ¿Serían peludos? ¿Con patas ligeras o robustas? ¿Cómo crecerían esos colmillos? ¿Tendrían pezuñas? ¿Quizá garras? ¿Y cola? Para un europeo medieval con acceso a los escasos animales de su entorno, representar un elefante fue una oportunidad para dar rienda suelta a su imaginación zoológica.

Un repaso a las imágenes de todos esos siglos deja ver variaciones que más bien parecen osos hormigueros, duendes de cuento, cruces de jabalí y lobo, perros azules y musculosos leopardos. Debido a la falta de conocimiento y la inexistencia de espíritu científico para la comprensión de la naturaleza, durante la Edad Media no hubo límites, dando lugar a un rico espectro visual en la representación del elefante. Esto provocó además un fenómeno de hibridación: los animales exóticos se componían como Frankenstein, combinando propiedades de animales domésticos y conocidos. “El elefante medieval clásico tenía un hocico en forma de trompeta, orejas de perro, patas y cuerpo de caballo, vaca o cabra y colmillos que sobresalen por encima de su mandíbula inferior, como los de un jabalí”, describe Uli Westphal, artista visual que investiga sobre cómo percibimos y representamos la naturaleza.

Aspecto de un elefante en un libro de hierbas lombardo de 1440. / BRITISH LIBRARY

Westphal lleva varios años dedicado a recopilar la información visual que se generó sobre estos animales tras la caída del Imperio Romano y hasta la Edad Moderna. Su trabajo le valió una invitación a exponerlo en un congreso científico de morfología animal y a publicar su estudio en una revista científica, Journal of Comparative Zoology. Westphal explica que el reto de los ilustradores medievales es similar al que vivieron los primeros dibujantes de dinosaurios, aunque incluso hoy “muchas de estas ilustraciones son muy complejas y coloridas a pesar de que a menudo se basan en solo unos pocos fragmentos fosilizados de esqueletos”. Pero con una diferencia: el completo desinterés por la verdad científica que tenían hace siglos. Además, hasta la llegada de la imprenta, las ilustraciones se copiaban a mano, provocando pequeños cambios de un elefante al siguiente, una evolución artística del animal en sus características físicas.

La verdad científica no importaba, se trataba de representar una idea moralizante del animal

Uno de los escasos asideros con que contaban era lo que Aristóteles había narrado sobre estas bestias —a las que seguramente conoció en vida— a partir del enfrentamiento entre Alejandro Magno y Darío, el primer encontronazo de Europa con los elefantes indios. El filósofo griego fue muy detallista en la descripción de la fisiología del animal, incluidos sus intestinos, pero también puso la primera piedra para la mitificación del elefante, al asegurar que vivía cientos de años, que era muy casto y fiel y que concebía un único hijo a lo largo de su vida. Plinio, que copió mucho de lo escrito por Aristóteles, añadió fantasía al asegurar que soportaba torres con 60 soldados en sus espaldas, que era religioso —le rezaba a la Luna— y que tenía un archienemigo: el dragón. No en vano, en muchas de las representaciones medievales, el elefante aparece enfrentado al reptil alado.

Este remix de características, en unos siglos en los que la religión era el eje conductor de todo, se vertió en los bestiarios, esos compendios ilustrados del mundo animal que tenían un fin moralista. Allí, se dibujaba a los elefantes como metáforas de la historia de Adán y Eva: pareja fiel y centenaria, en el enfrentamiento con el reptil, etcétera. Esto ilustra cómo los datos zoológicos eran irrelevantes a la hora de entender la naturaleza en la Edad Media.

Escena bíblica en un manuscrito de Rosellón de 1430.

No importaba tanto cómo eran los animales sino lo que simbolizaban, su significado”, afirma Westphal. Los elefantes no desaparecieron por completo de Europa: había algunos encuentros con elefantes reales que llegaban como exóticos agasajos para reyes y papas, en su mayoría procedentes de Asia. Estos episodios provocaban la aparición circunstancial de algunas imágenes realistas basadas en especímenes vivos. Sin embargo, “solo tenían un efecto temporal corto en su representación y rápidamente se reescribe con las ideas tradicionales de cuál debe ser la apariencia de un elefante”, resume el artista alemán.

Westphal ha confeccionado un diagrama evolutivo de este animal(cuenta con 170 variaciones distintas), el elefante imaginado por los ilustradores medievales y renacentistas, al que ha denominadoElephas anthropogenus. Se trata de un animal que evoluciona y se adapta al entorno ideológico (como en los bestiarios) y artístico (en el Renacimiento se hizo más rechoncho y de formas redondeadas) con el paso del tiempo.

Lo ocurrido con el elefante a lo largo de la historia es un episodio muy peculiar, pero no excepcional. “Muchos animales previamente desconocidos han pasado por un proceso similar”, explica Westphal, “se tuvo que reconstruir a los animales a partir de la información que se recibía de viajeros, exploradores o conquistadores”. El león marino, por ejemplo, fue descrito como un perro con pies de ganso y piel de anguila. De ahí, los dibujos mostraron criaturas fantásticas. Otro ejemplo son las aves del paraíso: “Los primeros especímenes disecados que se trajeron a Europa en el siglo XVI no tenían patas. Esto condujo a creer que estas aves permanecen en el aire toda su vida”, señala el artista.

Convocatoria en el horizonte: 3 de agosto

Hombre escribiendo hacia la izquierda – Vincent Van Gogh. Fuente http://www.vangoghgallery.com/es/catalogo/dibujos/1165/Hombre-escribiendo:-Hacia-la-izquierda.html

Recuerden que el próximo 3 de agosto estaremos abriendo nuestra segunda convocatoria de artículos, reseñas y, a partir de este número, transcripción de documentos.

Pueden encontrar las normas editoriales y mayor información en el siguiente link: https://revistahistoriaparatodos.wordpress.com/2015/07/14/para-tener-en-cuenta-y-agendar-proxima-convocatoria/

El duque de Windsor sigue avergonzando Inglaterra

Noticia salida en ABC hace algunos días, no habíamos publicado nada respecto al reciente descubrimiento de un video donde se ve a la actual reina, de muy niña, haciendo el saludo nazi junto a su tío. Polémicas que surgieron sobre las ideologías, discusiones y verguenzas públicas, ante algo demasiado vago: Isabel II era niña y probablemente no supiera que significaba el hecho de estar levantando el brazo de esa forma. Cuestión que su tío, el rey (por menos de un año) Eduardo VIII, si sabía: son conocidos sus coqueteos con la Alemania de Hitler.

En fin, polémicas aparte, aquí la nota de ABC

«Tras mi muerte, el chico arruinará su reinado en doce meses». La profecía es del adusto Rey Jorge V de Inglaterra, fallecido en enero de 1936. Lo clavó. En realidad a su primogénito, el eterno adolescenteEduardo, conocido en la Familia Real como David y por su mujer como «Peter Pan», le sobraron veinte días respecto al vaticinio de su padre, que lo detestaba. Solo reinó 325 días, antes de abdicar por amor para casarse con una arribista estadounidense de aspecto andrógino, dos veces divorciada y que coleccionaba amantes, Wallis Simpson.

Hoy aquella crisis constitucional, provocada por el Gobierno «tory» de Stanley Baldwin y por la presión de la Iglesia de Inglaterra, que por entonces condenaba el divorcio, nos parece un tanto forzada, casi absurda. En nuestra Europa contamos con reinas con un divorcio en su biografía y se asume en general con naturalidad. Incluso se puede componer una relectura del idilio de Eduardo VIII y la señora Simpson, los primeros y últimos duques de Windsor, en clave de gran historia de amor contra la adversidad. Así lo hizo la cantante Madonna, que dirigió en 2011 una película sobre su relación.

Menos digerible, sobre todo para los ingleses, es la segunda parte de la controversia que envuelve al duque de Windsor: sus simpatías y coqueteo con Hitler, que los años han ido haciendo más nítidos, a medida que se han ido desclasificando documentos, como los que prueban que el espionaje inglés lo marcaba de cerca por esa firme sospecha.

Todavía hoy, las librerías inglesas reservan amplios anaqueles a la Segunda Guerra Mundial, gesta suprema en la historia de un pueblo orgulloso. Pero recorriendo las mayores de Londres en busca de documentación biográfica es más fácil topar con volúmenes sobre la vida de Sarah Ferguson que sobre el único rey inglés que abdicó sin ser forzado por las armas. Eduardo, el filonazi, es una verdad incómoda, que retornó de las tinieblas hace dos semanas, cuando el amarillo «The Sun» aireó una película doméstica de 17 segundos en que Isabel II, de 7 años, su madre y su tío hacen el saludo nazi en 1933, en sus posesiones escocesas de Balmoral.

¿Era Eduardo un cretino esnob, ingenuo y muy conservador, que de buena fe admiraba a Hitler como muro contra el comunismo? ¿O se trataba de un felón, que cuando Hitler ya había destapado su naturaleza criminal siguió deseando su victoria?

En sus memorias tras la guerra, el duque de Windsor, exiliado en París de por vida, reconoció que había admirado a Hitler, pero negó ser nazi y lo tildó de «figura ridícula y teatral». Pero cuesta mucho pasar por encima de la frase que dijo en una entrevista en plena guerra al periodista estadounidense Fulton Oestler, con el que habló siendo gobernador de las Bahamas, adonde Churchill lo había alejado por las sospechas de traición: «Sería trágico para el mundo que Hitler fuese derrocado. Hitler es el líder correcto y lógico para la gente de Alemania. Es un gran hombre».

Todo se agrava además por el hecho de que la dinastía inglesa es de estirpe alemana. De hecho en la Primera Guerra Mundial cambiaron su apellido germano, Sajonia-Coburgo-Gotha, por el más británicamente digerible de Windsor.

Eduardo, nacido en 1894 y fallecido en 1977 en París, con 72 años, debido a un cáncer de garganta por su contumaz tabaquismo, fue un niño huérfano de amor paterno. Arrastró siempre problemas de anorexia nerviosa y tics, y su reloj se quedó parado en una eterna adolescencia. Era también de carácter despreocupado, un «bon vivant» atractivo, delgado y deportista hasta lo patológico, bebedor, amigo de birlarle sus mujeres casadas al prójimo, vago en los asuntos de despacho. Un pequeño dandy de 1,70 de talla, probablemente estéril por unas paperas, que marcó época en el gran mundo frívolo (seguramente lo único que ha dejado como legado son sus innovaciones en la moda, donde relajó la etiqueta victoriana; todavía hoy se habla del tejido «Príncipe de Gales»).

Los proyectos de Hitler

A los 16 años fue promovido a Príncipe de Gales. Tras pasar por Oxford sin más provecho que jugar bien al polo, comenzó a representar a su padre, con 16 giras por el imperio entre 1916 y 1935. Era inmensamente popular y todavía lo fue más cuando tuvo el gesto de visitar barriadas devastadas por la miseria tras el crack del 29. El soltero más famoso del mundo. El árbitro del estilo. El Príncipe encantador.

El 10 de enero de 1931 conoce a una nueva casada que despierta su interés, Wallis Simpson, de 35 años; él tiene 37. Ella es una flaca de Baltimore, de formas algo hombrunas, una socialite que va por su segundo marido. Eduardo enloquece, quiere ser dominado por ella. Wallis, que mantiene un romance paralelo con un vendedor de coches, que hasta ha sido amante del embajador nazi en Londres, Von Ribbentrop, no lo ve claro. Pero Eduardo la amenaza con suicidarse si lo abandona. Se dice que ella nunca lo amó. Aunque lo cierto es que le fue leal hasta su muerte, doce años antes que la de ella.

En enero de 1936, Eduardo VIII es el nuevo Rey. En octubre Wallis obtiene el divorcio. El monarca quiere casarse con ella. Pierde el pulso constitucional y abdica el 10 de diciembre de 1936: «No puedo cumplir mis deberes como rey como querría hacerlo sin la ayuda y apoyo de la mujer que amo», lee en su adiós para la radio, ante un pueblo acongojado. En junio de 1937 se casan y se les concede el título de duque y duquesa de Windsor, con orden del nuevo Rey, el famoso tartamudo de la película, Jorge VI, de que no asomen bajo ningún concepto por Gran Bretaña, adonde solo volverá tres veces para funerales.

En 1936, Eduardo había enviado un telegrama a Hitler deseándole «felicidad y bienestar» en su 47 cumpleaños. Pero en octubre de 1937 comete su gran locura: un viaje de doce días por Alemania, como huésped de honor de los nazis. Saludos con mano alzada del exrey inglés, que acude al pabellón de caza de Goering e intercambia confidencias con Goebbels. Incluso lo llevan a ver un campo de concentración, disfrazado de cierto decoro, y visita a Hitler en su retiro de montaña de Berchtesgaden, donde charlan 50 minutos a solas. «Su abdicación fue una severa pérdida para nosotros. Si hubiese seguido todo habría sido muy diferente», comentó Hitler a su círculo, añadiendo que Wallis «habría sido una buena reina».

Con la guerra en curso, el duque de Windsor es nombrado jefe de enlace militar en París, un puesto más bien simbólico. Tras las sospechas de que ha filtrado parte de los planes militares en Bélgica a los alemanes es evacuado en un navío británico a Niza. Luego cruza a España, donde se alojan en la habitación 501 del Ritz de Madrid. Los alemanes lo tientan en la que llaman «operación Willi». El plan es ofrecerle que se asiente en un palacete en Ronda, aprovechando que España está por entonces en la órbita alemana, a la espera de que la caída de Inglaterra permita reponerlo como rey títere.Eduardo es indiscreto. Con poca delicadeza y menos patriotismo, comenta sin cuidarse entre su círculo que las bombas sobre Londres pueden ayudar a traer la paz más rápido. Churchill lo obliga a pasar a Lisboa. Allí continúa levantando una polvareda de dudas y se opta por enviarlo lo más lejos posible: las Bahamas.

Tras la guerra vive entre París y Niza, en palacetes que le facilita el Gobierno francés, que lo exime de impuestos. Eduardo y Wallis llevan una rutilante vida social. Por su casa de París desfilan estrellas del cine, fotógrafos de moda, Onassis y Callas, Marlene… Gore Vidal los va a ver. Con su colmillo acerado retratará la banalidad absoluta de su conversación, la oquedad de dos seres sin alma, sostenidos a golpe de alcohol y humo, obsesionados con la flacura y que solo parecen reservar afecto para sus dos canes.

Difundimos: Convocatoria para la recepción de artículos en Revista Argiropolis. Ensayos en Ciencias Sociales

Difundimos la convocatoria abierta para todo aquel que desee participar, para la recepción de artículos, reseñas y ensayos documentales para la Revista Argirópolis. Ensayos en Ciencias Sociales. Revista del Instituto de Estudios Históricos del Parlamento Argentino (IEHPA).

Aquí la información pertinente

Argirópolis. Ensayos en Ciencias Sociales, revista electrónica del Instituto de Estudios Históricos del Parlamento Argentino, tiene el agrado de informar que hasta el 30 de Octubre de 2015 se encuentra abierta laCONVOCATORIA para el envío de colaboraciones para su primer número que versará sobre DEMOCRACIA, ACTORES POLÍTICOS Y CONCERTACIÓN SOCIAL EN LA ARGENTINA DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX.

Se recibirán artículos, ensayos documentales y reseñas originales e inéditos provenientes de campos disciplinares diversos como la historia, la sociología, la ciencia política, la economía, etc. Para una mayor información puede consultar las normas editoriales e instrucciones para los autores o visitar nuestro Weblog www.iehpa.org/revista/

Argirópolis. Ensayos en Ciencias Sociales es una publicación semestral (junio-diciembre). Los manuscritos deben ser remitidos a los editores Dr. Damián Antúnez y/o Mg. Lorena Rojas, a los mails lorena.rojasavalos@gmail.com con copia a iehparg@gmail.com

DIFUSION: “Jornadas 1816 Tucumán en la Independencia”

Las Jornadas 1816 se llevarán a cabo entre el 11 y 13 de agosto de 2015) de 17 a 20.30 hs. en el Auditorium de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA) 9 de julio 165.

Están organizadas por la REHT (Red de estudios de historia de Tucumán) que agrupa a las instituciones dedicadas a la investigación histórica en la provincia:

– Instituto de Investigaciones Históricas Dr. Ramón Leoni Pinto (UNT)

– Departamento de Historia. Facultad de Filosofía y Letras (UNT)

– Instituto de Investigaciones Históricas “Prof. Manuel García Soriano” (UNSTA)

– Instituto Superior de Estudios Sociales (ISES- CONICET)

– Junta de Estudios Históricos de Tucumán

– Centro Cultural Rougés. Fundación Miguel Lillo

– Casa Histórica de la Independencia

– Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán

El objetivo de esta convocatoria conmemorar el bicentenario de la independencia, realizando un balance y difundiendo entre investigadores, docentes, estudiantes y público en general, los últimos avances de la investigación histórica sobre los acontecimientos en torno a la declaración del a independencia en 1816.

Se entregarán certificados de asistencia a aquellas personas que estén inscriptas y cumplan con al menos un 70% de asistencia.

Pre – Inscripción. Se debe llenar el siguiente formulario y enviarlo a historia@unsta.edu.ar  FORMULARIO

Inscripción (a pagar en las jornadas): $50

Programa:

Martes 11 de Agosto

17.00 hs Apertura de las Jornadas.

Palabras de Patricia Fernández Murga (Museo Casa de la Independencia) y Cynthia Folquer (Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA)

Mesa 1: El ejército y la guerra

Modera: María Paula Parolo. Instituto Superior de Estudios Sociales. (UNT-CONICET). Tucumán.

17.15 Alejandro Morea. Centro de Estudios Históricos. Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Mar del Plata. CONICET.

“El Ejército Auxiliar del Perú y el Congreso de Tucumán: gobernabilidad y proyectos políticos en pugna”.

18:00 Sara Mata. Universidad Nacional de Salta – CONICET

“Insurgencia y revolución en Salta. 1814- 1821”

18:45 Marisa Davio. Instituto Superior de Estudios Sociales. (UNT-CONICET). Tucumán.

“Realistas y revolucionarios durante la guerra por la recuperación del Alto Perú, 1809-1819″

19.30 Raquel Gil Montero. Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) CCT-CONICET-Mendoza

“Actores invisibles: la participación indígena en las guerras de independencia”.

Miércoles 12 de Agosto

Mesa 2: Política, rituales, sociabilidad y opinión

Modera: Gabriela Tío Vallejo. Instituto Leoni Pinto. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Tucumán.

17.00 Facundo Nanni. Instituto de Investigaciones Históricas Ramon Leoni Pinto. Facultad de Filosofía y Letras-Museo Casa de la Independencia.Universidad Nacional de Tucumán.

“¿Palabras inofensivas? Rumores, pasquines y circuitos de opinión en el Tucumán decimonónico.”

17. 45 Georgina Abbate. Universidad Nacional de Tucumán.

“Entre la ciudad y el partido. Los dilemas de la representación tucumana en el Congreso”.

18:30 Gabriela Lupiañez. Universidad Nacional de Tucumán.

“Usos de la noción de “pueblo” en Tucumán en tiempos del Congreso General Constituyente”.

18: 45 Cecilia Guerra Orozco. Instituto de Investigaciones Históricas Ramón Leoni Pinto Universidad Nacional de Tucumán.

“La participación de los sacerdotes en la revolución: espacios de poder en disputa”

19:30 María Lelia García Calderón. Universidad Nacional de Tucumán.

“Familias y poder en Tucumán en torno a la independencia. La figura de Bernabé Aráoz”

Jueves 13 de Agosto

Mesa 3: Representaciones sobre la Independencia

Modera: Marcela Magliani (Archivo Histórico de Tucumán)

17:00 Patricia Fernández Murga. Museo Casa de la Independencia.

“La Casa de la Independencia. Historia y tradición en los mensajes del museo”.

17:45 Norma Ben Altabef. Instituto de Investigaciones Históricas Ramón Leoni Pinto Universidad Nacional de Tucumán.

“La educación en Tucumán en las primeras décadas revolucionarias. Los que tienen que educarse, pelean”.

18:30 Elena Perilli. Centro Cultural Rougés. Fundación Miguel Lillo.

“La Celebración en el Primer Centenario”

19: 15 Ana Cudmani. Universidad Nacional de Tucumán.

“Enseñar historia en los Bicentenarios: un desafío”.

19: 45 Marcela Vignoli. Instituto Superior de Estudios Sociales. (UNT-CONICET). Tucumán.

“Las peregrinaciones patrióticas de la juventud a la Casa Histórica de Tucumán: Dramatización del pasado y sacralización de la nación a fines del siglo XIX”.

El Tucumán antiguo en el presente: la casa de Miguel Mario Campero

En muchas ocasiones, la provincia de Tucumán se destaca en olvidar o destruir espacios de interés por los actores que lo habitaron: sin ir más lejos, el solar en el cual habitó Juan Bautista Alberdi fue demolido para la construcción de un espacio que hoy en día es una pizzeria.

A continuación les presentamos unas fotos de una casa en calle 25 de mayo al 700 (San Miguel de Tucumán). Una casa que paso de inquilino en inquilino, de alquiler en alquiler. Una sucesión de acciones inmobiliarias que pueden resultar normales, la casa da cuenta de ciertos años. Sin placa que la distinga, el solar fue hogar del tercer gobernador de la Unión Cívica Radical, Miguel Mario Campero (1924 – 1928) [además ya había sido presidente de la Corte Suprema de Justicia durante la década de 1910 y gobernador nuevamente por el periodo de 1935 a 1939).

Una de las personalidades ilustres de la historia de Tucumán, encargada de la realización de obras que busquen llevar a la provincia a un estado de progreso.

Hoy, su casa, esta en alquiler. No hay ninguna placa que rememore la vida de ese actor político en esa construcción, pero hoy queríamos traerla a colación en este “Tucumán antiguo en el presente”

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Nazis en América

GAB

DE CIENCIA HISTÓRICA. Artículo de Jesús García Barcala

Imaginad un auditorio repleto hasta la bandera. Veinte mil hombres y mujeres llenan las gradas vestidos con uniformes paramilitares, pantalones y faldas negras con camisa blanca, y listones rojos en sombreros y mangas. Grandes banderas con la svástica colgando de columnas (y otra con la efigie de george Washington), música marcial alemana de fondo, al tiempo que los seguidores de Hitler extienden el brazo arriba y adelante en la guisa romana. Imaginad que esto sucedió el 20 de febrero de 1939, sólo meses antes de que las tropas alemanas invadieran Polonia desatando el conflicto más sangriento de nuestra historia. Imaginad que esto sucedió en el neoyorquino Madison Square garden. Ahora dejad de imaginar, pues todo esto sucedió en la vida real.

GAB

El rally había sido organizado por la German American Bund (Asociación Germano-Americana), una organización abiertamente pro-nazi formada mayoritariamente por alemanes con nacionalidad estadounidense. Su principal objetivo, al menos en público, era promover una mejor opinión de la Alemania nazi, por entonces no muy favorable entre los norteamericanos.La GAB fue fundada en 1936, a imagen y semejanza del partido alemán para suceder a la organización Friends of New Germany apoyada por Rudolf Hess, y cuyo líder, Heinz Spanknöbel, había fusionado en 1933 varias organizaciones pro-nazis activas en los Estados Unidos desde una década antes. Pero en 1935, Spanknöbel fue deportado por no haberse registrado con las autoridades competentes, tras lo cual FONG fue disuelta. Al contrario de la FONG, la GAB no disfrutaría del apoyo del gobierno alemán.

El primer líder de la GAB fue Fritz Julius Kuhn, un ciudadano estadounidense nacido en Munich y veterano de la Primera Guerra Mundial que ostentaba el título de Bundesführer, o Líder de la Federación. Las tácticas de Kuhn eran mucho más agresivas y abiertamente anti-semíticas que las de Spanknöbel, y fue precisamente eso lo que le alejó de sus correligionarios en Alemania, pues loFritz Julius Kuhn último que quería Hitler era ganarse la enemistad del pueblo estadounidense. Hitler nunca pensó que la ideología nazi tuviera el éxito suficiente en Norteamérica como para poder ganar unas elecciones y formar un gobierno de corte fascista. Su única intención, era intentar ganarse el favor de los ciudadanos para que el gobierno se lo pensara dos veces antes de intervenir en una guerra contra Alemania. En el verano de 1936, cuando durante los Juegos Olímpicos Kuhn viajó a Berlín junto con otros miembros con la intención de entrevistarse con el Führer, lo único que consiguió fue que este los saludara, sin que mediara ninguna consulta. Aún así, Kuhn volvió a los Estados Unidos mintiendo sobre su encuentro y asegurando que contaba con el apoyo de Hitler.

Bajo el liderazgo de Kuhn, la GAB aumentó su membresía mayoritariamente entre los alemanes recién llegados. Los descendientes de alemanes ya integrados en la cultura norteamericana no sucumbieron a los cantos de sirena de un régimen totalitario, al contrario,Miembros de la GABconforme la organización de Kuhn incrementó su presencia en las calles y en los medios, contrarrestaron la actividad nazi con sus propias asociaciones alemanas pro-democráticas. Kuhn organizó la GAB geográficamente en tres GAU (regiones), Gau Ost (Este), Gau Oeste y Gau Oeste Medio, y estas a su vez en Ortsgruppen(agrupaciones locales). En su apogeo, la GAB llegó a tener a cerca de 40,000 asociados, un número que en un país con una población de 130 millones de habitantes no era más que una gota en el mar. Aún así, puede resultar extraño que se permitiese una agrupación de tales orígenes en el país de las libertades, pero hay que tener en cuenta que precisamente ese amor por la libertad permite a cualquiera expresar sus opiniones, por muy groseras que sean. Todo esto mientras se respete la ley. Finalmente, sus diatribas en contra del Presidente Roosevelt, a quien llamaba Frank Rosenfeld, en contra de los judíos y de los comunistas, eran muy populares entre sus seguidores, pero también atrajeron la atención de asociaciones judías y de las autoridades.

Sin duda el culmen de la actividad nazi en los Estados Unidos fue el rally en el madison Square Garden. Varias organizaciones judías alertaron a las autoridades de la posibilidad de altercados si se les permitía un evento de aquella envergadura, pero  Kuhn había prometido a los administradores del célebre auditorio que no habría símbolos nazis ni discursos antisemitas y alegó su derecho a la libertad de expresión y de asociación para evitar que le negaran su uso. Kuhn rompió sus promesas y no faltaron los símbolos nazis ni los ataques a los “enemigos” de siempre. Durante el discurso del Bundesführer, un hombre judío intentó interrumpirlo, pero fue rápidamente detenido por los “stormtroopers” de Kuhn, quienes le golpearon violentamente, y sólo gracias a la presencia de la policía, salvó la vida. Por la tarde de aquel 20 de febrero, la policía de Nueva York tuvo que montar un dispositivo masivo para proteger a los asistentes al rally, lo cual no impidió que en los alrededores, sus antagonistas montaran sus propias manifestaciones.

Rally del 20 de febrero de 1939 en el Madison Square Garden.

Y no eran ya sólo los judíos y otros alemanes. La población norteamericana se veía cada vez más alienada por el discurso de odio de los nazis en su propia tierra. Peor aún, el agravamiento de la situación de los judíos en Alemania y la posición cada día más beligerante de Hitler, obligó a las autoridades estadounidenses a mover ficha. Sólo dos meses después del rally, Kuhn fue detenido por un cargo de malversación de los fondos de la GAB. Según versaba la acusación, Kuhn había desfalcado 14,000 dólares para sus gastos personales, incluídos regalos a una prostituta que frecuentaba. La GAB no secundó la acusación, pues creían en el Führerprizip,que otorgaba a su líder el poder absoluto, pero eso no impidió que este fuese sentenciado a entre dos y medio y cinco años de cárcel en diciembre de 1939. En 1943, poco antes de ser liberado, le fue retirada la nacionalidad estadounidense, y cuando en junio de ese año salió de la cárcel, fue inmediatamente arrestado por ser ciudadano de un país en guerra contra los Estados Unidos. Al final del conflicto fue deportado a Alemania, donde moriría en 1951, pobre y olvidado.

La German American Bund sobrevivió unos meses más bajo la tutela de Gerhard Kunze, ya casi una organización clandestina. Cuando un año después del inicio de la guerra, el gobierno impuso el servicio militar obligatorio, la GAB recomendó a sus miembros evadir el reclutamiento, un delito grave a ojos de las autoridades, por lo cual Kunze tuvo que huir a México. En todo caso, la eventual declaración de guerra por parte de Hitler borró cualquier influencia y presencia pública del movimiento nazi en los Estados Unidos. Esto, al menos por unos años, pues en los años 50, una nueva camada de fanáticos racistas, y no precisamente alemanes, despertó el sueño de una América nazi, que durante las siguientes décadas continuaría avergonzando a sus compatriotas. Pero eso es ya otra historia…

CLAVES PARA ENTENDER NUESTRO TIEMPO