Sgt. Pepper’s: la historia del álbum que fertilizó el planeta

Se cumplen 50 años del disco que convirtió a The Beatles en obra de arte y movilizó a los jóvenes de todo el mundo a expresarse; la tapa, un ícono reproducido hasta el cansancio

PARA LA NACION

MARTES 30 DE MAYO DE 2017
Ringo, John, George y Paul en medio de su cruzada psicodélica: la imágen integra el librito de la edición aniversario
Ringo, John, George y Paul en medio de su cruzada psicodélica: la imágen integra el librito de la edición aniversario. Foto: Apple Corps LTD.
Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, a su modo, es La Gioconda. Un monumento universal que, como las estatuas de los próceres, recibe candorosamente la peluca, los bigotes o los grafitis vandálicos. Son meras cosquillas: nada puede bajar a ese jinete del trono del consenso.

Sin embargo, durante las semanas inmediatamente posteriores a su publicación, Sgt. Pepper’s provocó emociones mezcladas. En medio de una invasiva campaña publicitaria, la prensa más hip saludó su edición como una victoria aplastante y, al otro lado del Atlántico, la cofradía de la costa oeste lo escuchó con “veneración religiosa”. Pero, como recoge Norberto Cambiasso en su libro Vendiendo Inglaterra por una libra, también generó una ola de perplejidad. “La obsesión con la producción, acoplada a la calidad sorprendentemente mediocre en la composición, permea todo el álbum -decía el crítico Richard Goldstein en The New York Times-. No hay nada hermoso en Sargent Pepper’s. Por primera vez Los Beatles nos han dado un paquete de efectos especiales, deslumbrante, pero en definitiva fraudulento? En Revolver encontraba una complejidad que me dejaba estupefacto en su sobrecogimiento, su innovación y su empatía. Pero en Sgt. Pepper’s siento una nueva distancia, un sarcasmo que se camufla en pura actitud?”

Distancia, sarcasmo, actitud. De acuerdo con la perspectiva, las palabras de Goldstein no necesariamente eran valores negativos. El disco, en efecto, comenzaba poniendo distancia: Los Beatles interpretaban a la Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band y Ringo, como una suerte de maestro de ceremonias, se ponía los zapatos de Billy Shears. Si con Revolver habían cruzado una frontera -ya no eran una banda de performance: eran un grupo de estudios-, con Sgt. Pepper’s saltaban incluso los decorados de la música. Los Beatles dejaban de ser una banda -o sólo una banda- para transformarse en un concepto.

Esa distancia teatral les permitió usar la música como forma de la ironía, pero también de la evocación. George Martin, que venía de producir discos de comedia junto con Peter Sellers y otras estrellas del firmamento de la BBC, dio un paso al frente para redondear la fanfarria de apertura, el music hall de “When I’m Sixty Four” y el carrusel de “Being for the Benefit of Mr. Kite”. El disco -como era obvio- celebraba la psicodelia, pero también -menos obvio- algunos valores de la tradición británica. “She’s Leaving Home”, capaz de enternecer a Borges y a la cúpula revolucionaria de los Panteras Negras, era empática con la fugitiva y con sus padres.

Los Beatles, como señala Diego Fischerman, eran “un fenómeno anfibio”. George Harrison ponía sobre la mesa sus rudimentos del zen y Paul McCartney seguía de cerca las novedades del floreciente underground londinense (leía The International Times y sabía perfectamente quién era Syd Barret). Lennon, que más tarde renegó públicamente del costado “conceptual” de los Beatles, era todo menos ajeno al arte pop y la avant-garde. Después de todo, ya estaba de novio con una muchacha que no sólo había sido parte de Fluxus, sino también discípulo de John Cage y La Monte Young.

La onda expansiva hizo estragos. En un puñado de meses, Sgt. Pepper’s ya tenía sus homenajes y sus sátiras (Jimi Hendrix hizo una versión del tema de apertura, Frank Zappa remedó la portada) y los discos nuevos de los Stones, The Who, The Zombies, Pretty Things o Small Faces acusaron recibo de sus enseñanzas. Por un lado, la tradición no necesariamente es un museo. Por otro, el LP puede ser más que una colección de singles: es un escenario donde las máscaras, como anticipó Oscar Wilde, dicen la verdad. En ese sentido, y acaso en contra de la creencia más extendida, Sgt. Pepper’s fue tan importante para el glam como para el rock progresivo.

Pero, parafraseando a Pipo Lernoud, el disco fertilizó el planeta. En nuestro país se editó en agosto y, sólo en Buenos Aires, vendió cuarenta mil ejemplares en quince días. Los muchachos de La Cueva sintonizaron la frecuencia al mismo tiempo que los pioneros del Di Tella. Esa alquimia posibilitó el nacimiento de Mandioca y Almendra: ergo, el rock argentino. En el Uruguay, El Kinto comenzó a trabajar la idea del candombe beat y Los Shakers editaron La conferencia secreta del Toto’s Bar. Unos kilómetros más hacia el Norte, Caetano Veloso, Gilberto Gil y Os Mutantes mezclaron el manifiesto antropofágico de Oswald de Andrade, el samba, la poesía concreta y la macumba para tramar la conspiración tropicalista: una cepa nueva de esa misma uva. “Lo más importante no era tratar de reproducir los procedimientos musicales del grupo inglés, sino su actitud ante el sentido de la música popular como fenómeno -dice Caetano Veloso en Verdad tropical-. Partiríamos de los elementos de los que disponíamos, no del intento de querer sonar como los cuatro ingleses.”

Los Beatles, que eran el núcleo indivisible del pop, habían modificado su composición molecular. Abrieron la cadena de ADN y, entre los pliegues del rhythm and blues, el folk y las canciones adolescentes, metieron una bomba. La explosión dejó saldos positivos y negativos. Cuando bajó la humareda, teníamos una banda desmembrada (el Álbum Blanco, su siguiente LP, fue la prueba) y el brillo palpitante de un planeta nuevo.

La tapa, en ese sentido, es el aleph de la contracultura: a través del ojo de su cerradura podemos espiar el universo alternativo concentrado dentro de una nuez. Desde la ciencia ficción (H.G. Wells) hasta la izquierda política (Karl Marx), pasando por la comedia ácida (Lenny Bruce), el psicoanálisis de avanzada (Carl Gustav Jung), el Nuevo Periodismo (Terry Southern), los exploradores de la superficie del planeta (Livinsgtone) y los abismos de la conciencia (Burroughs. Huxley). Desde el esoterismo (Aleister Crowley) hasta las divas del póster (Marlene Dietrich, Marilyn Monroe), pasando por la literatura prepsicodélica (Carroll, Dylan Thomas), los héroes de la desobediencia civil (Gandhi), el humor gráfico (Aubrey Beardsley), los abanderados rebeldes de la música popular (Bob Dylan) y la académica (Karlheinz Stockhausen). En el centro, claro, los propios Beatles: antes y después de la detonación.

Sgt. Pepper’s, con ese gesto, había puesto en marcha el procedimiento inverso de Duchamp y su mingitorio: en lugar de introducir la vida cotidiana en el mundo del arte, metió el arte en la vida cotidiana. ¡Voilá!

La revolución musical por dentro

La reedición

Más que una manzana (el ícono representativo de su Apple Corp.), The Beatles parece una naranja de la que se sigue exprimiendo año tras año. Ahora es el turno de una nueva reedición de Sgt. Pepper’s, que incluye un segundo CD con tomas alternativas de las canciones (en su mayoría primeras tomas, mucho más despojadas, que demuestran el extenso y obsesivo proceso por el que atravesaron John, Paul, George, Ringo y el mismo George Martin para crear esta obra), bajo la atenta dirección de Giles Martin, el hijo del productor y quinto beatle honorífico.

El documental

Para continuar con las celebraciones por el 50° aniversario del álbum, este sábado, a las 20, OnDirectv pondrá en su pantalla (canal 201) el documental Sgt. Pepper’s Musical Revolution, con la conducción del compositor Howard Goodall, y en el que se examina el legado musical y cultural de este puñado de canciones.

http://www.lanacion.com.ar/2028482-sgt-peppers-la-historia-del-album-que-fertilizo-el-planeta

Presentación de libro. Derrota y reconstrucción. El radicalismo tucumano frente al peronismo 1943 – 1955 (8/6 18.45 – Tucuman)

La irrupción del peronismo marcó un punto de inflexión en la historia de la Unión Cívica Radical. El desplazamiento del centro hacia los márgenes del escenario político reformuló su lugar en la sociedad, su organización interna y sus formas de hacer política, forzando al radicalismo a reinventarse y transitar un rumbo desconocido, que contrastaba con un pasado jalonado por los éxitos electorales. Mediante un relato ameno, centrado en una escala provincial de análisis, Derrota y Reconstrucción busca renovar la agenda de investigaciones sobre los partidos en una etapa signada por la transformación de los fundamentos políticos, sociales y culturales de la Argentina.

La presentación se llevará a cabo el jueves 8 de junio a las 18:45 Hs. en el salón Auditorio “Sitio de la Memoria” de la Legislatura de Tucumán (Muñecas 950, 3° Piso, San Miguel de Tucumán). Conversarán con el autor la Dra. María Celia Bravo (ISES UNT/CONICET) y la Dra. Carolina Barry (CONICET/UNTREF).

Leandro Lichtmajer es Licenciado en Historia y doctor en Humanidades (área Historia) por la Universidad Nacional de Tucumán. Es Investigador Asistente del CONICET (Instituto Superior de Estudios Sociales) y Auxiliar Docente de la cátedra de Historia de la Argentina (curso especial) en la UNT. Sus investigaciones se focalizaron en la dinámica interna, las tramas asociativas y las prácticas de los partidos políticos durante la primera mitad del siglo XX, tema sobre el que escribió artículos en revistas nacionales y extranjeras. Publicó Los costos de la política. Del centenario al primer peronismo (Imago Mundi, 2014, en colaboración con Diego Mauro) y La política: de las facciones a los partidos (Colección Historias Temáticas de Tucumán, Siglos XIX y XX, Imago Mundi, 2017, en prensa).

Galeria de pósters del Mayo Francés (en inglés)

mai_68_debut_dune_lutte_prolongee

In 1968, both Robert F. Kennedy and Martin Luther King, Jr. were assassinated, and U.S. cities erupted in riots; anti-war demonstrators chanted “the whole world is watching” as police beat and tear-gassed them in Chicago outside the Democratic convention. George Wallace led a popular political movement of Klan sympathizers and White Citizens Councils in a vicious backlash against the gains of the Civil Rights movement; and the vengeful, paranoid Richard Nixon was elected president and began to intensify the war in Vietnam and pursue his program of harassment and imprisonment of black Americans and anti-war activists through Hoover’s FBI (and later the bogus “war on drugs”).

Good times, and given several pertinent similarities to our current moment, it seems like a year to revisit if we want to see recent examples of organized, determined resistance by a very beleaguered Left. We might look to the Black Panthers, the Yippies, or Students for a Democratic Society, to name a few prominent and occasionally affiliated groups. But we can also revisit a near-revolution across the ocean, when French students and workers took to the Paris streets and almost provoked a civil war against the government of authoritarian president Charles de Gaulle. The events often referred to simply as Mai 68 have haunted French conservatives ever since, such that president Nicolas Sarkozy forty years later claimed their memory “must be liquidated.”

May 1968, wrote Steven Erlanger on the 40th anniversary, was “a holy moment of liberation for many, when youth coalesced, the workers listened and the semi-royal French government of de Gaulle took fright.” As loose coalitions in the U.S. pushed back against their government on multiple fronts, the Paris uprising (“revolution” or “riot,” depending on who writes the history) brought together several groups in common purpose who would have otherwise never have broken bread: “a crazy array of leftist groups,” students, and ordinary working people, writes Peter Steinfels, including “revisionist socialists, Trotskyists, Maoists, anarchists, surrealists and Marxists. They were anticommunist as much as anticapitalist. Some appeared anti-industrial, anti-institutional, even anti-rational.”

“Be realistic: Demand the impossible!” was one of the May movement’s slogans. A great many more slogans and icons appeared on “extremely fine examples of polemical poster art” like those you see here. These come to us via Dangerous Minds, who explain:

The Atelier Populaire, run by Marxist artists and art students, occupied the École des Beaux-Arts and dedicated its efforts to producing thousands of silk-screened posters using bold, iconic imagery and slogans as well as explicitly collective/anonymous authorship. Most of the posters were printed on newssheet using a single color with basic icons such as the factory to represent labor and a fist to stand for resistance.

The Paris uprisings began with university students, protesting same-sex dorms and demanding educational reform, “the release of arrested students and the reopening of the Nanterre campus of the University of Paris,” notes the Global Nonviolent Action Database. But in the following weeks the “protests escalated and gained more popular support, because of continuing police brutality.” Among the accumulating democratic demands and labor protests, writes Steinfels, was “one great fear… that contemporary capitalism was capable of absorbing any and all critical ideas or movements and bending them to its own advantage. Hence, the need for provocative shock tactics.”

 

This fear was dramatized by Situationists, who—like Yippies in the States—generally preferred absurdist street theater to earnest political action. And it provided the thesis of one of the most radical texts to come out of the tumultuous times, Guy Debord’s The Society of the Spectacle. In a historical irony that would have Debord “spinning in his grave,” the Situationist theorist has himself been co-opted, recognized as a “national treasure” by the French government, writes Andrew Gallix, and yet, “no one—not even his sworn ideological enemies—can deny Debord’s importance.”

The same could be said for Michel Foucault, who found the events of May ’68 transformational. Foucault pronounced himself “tremendously impressed” with students willing to be beaten and jailed, and his “turn to political militancy within a post-1968 horizon was the chief catalyst for halting and then redirecting his theoretical work,” argues professor of philosophy Bernard Gendron, eventually “leading to the publication of Discipline and Punish,” his groundbreaking “genealogy” of imprisonment and surveillance.

Many more prominent theorists and intellectuals took part and found inspiration in the movement, including André Glucksmann, who recalled May 1968 as “a moment, either sublime or detested, that we want to commemorate or bury…. a ‘cadaver,’ from which everyone wants to rob a piece.” His comments sum up the general cynicism and ambivalence of many on the French left when it comes to May ’68: “The hope was to change the world,” he says, “but it was inevitably incomplete, and the institutions of the state are untouched.” Both student and labor groups still managed to push through several significant reforms and win many government concessions before police and de Gaulle supporters rose up in the thousands and quelled the uprising (further evidence, Anne-Elisabeth Moutet argued this month, that “authoritarianism is the norm in France”).

The iconic posters here represent what Steinfels calls the movement’s “utopian impulse,” one however that “did not aim at human perfectibility but only at imagining that life could really be different and a whole lot better.” These images were collected in 2008 for a London exhibition titled “May 68: street Posters from the Paris Rebellion,” and they’ve been published in book form in Beauty is in the Street: A Visual Record of the May ’68 Paris Uprising. (You can also find and download many posters in the digital collection hosted by the Bibliotheque nationale de France.) 

Perhaps the co-option Debord predicted was as inevitable as he feared. But like many radical U.S. movements in the sixties, the coordinated mobilization of huge numbers of people from every strata of French society during those exhilarating and dangerous few weeks opened a window on the possible. Despite its short-lived nature, May 1968 irrevocably altered French civil society and intellectual culture. As Jean-Paul Sartre said of the movement, “What’s important is that the action took place, when everybody believed it to be unthinkable. If it took place this time, it can happen again.”

via Dangerous Minds/Messy N Chic

Christina Larner. “Enemies of God: The Witch-Hunt in Scotland”, Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1981

No hay texto alternativo automático disponible.

Éste es, sin duda, uno de los libros con mayor influencia en los estudios sobre género y caza de brujas. En su texto, Christina Larner se pregunto tanto por el rol del Estado en la persecución como por la forma en qué se “identifica” (es decir, se construye) a los y las sospechosas de brujería. Los trabajadores de feministas como Mary Faly (Gyn/Ecology, 1978), y Barbara Ehrenreich y Deidre English (Witches, Midwives and Nurses, 1973) ayudaron a construir el mito de la bruja como sanadora de la comunidad que habría sido satanizada por el poder. Un mito que continúa en el activismo hasta el día de hoy (véase: http://bit.ly/2mYcjQb/), pero que carece de todo sustento historiográfico. Aquí Larner desecha esta idea, reemplazándola por el arquetipo de la bruja como factor de miedo y preocupación por parte de la propia comunidad.

Frente al rol del género en el proceso, la autora encuentra una relación que merece ser estudiada, pero también matizada. Estamos ante un fenómeno “gender-related, but not gender-specific”. Frente al rol del Estado, la conclusión de la historiadora es que la caza es un proceso motorizado desde arriba, que necesita sí o sí los resortes del poder “público” para iniciar. Sin embargo, este análisis se encuentra demasiado ligado a las formas particulares del derecho en la península británica (common law) como para poder ser extrapolado al resto de Europa (roman law).

En definitiva Las brujas no eran quemadas por ser mujeres, sino por ser… brujas. El propósito de la persecución fue, para la autora, extirpar a los elementos disidentes frente a Dios, el Estado y las comunidades campesinas. Sin embargo, a pesar de que las mujeres hayan sido el 80% de las ejecutadas por brujería, esta discriminación no está determinada por el propósito original de los procesos judiciales, ni se puede decir que la cacería fue una herramienta de disciplinamiento específicamente anti-femenino. El orden patriarcal sería, más que la causa, el “contexto”..

DE FACEBOOK

Los creadores de la nueva Edad Media

Edad Media
Detalle del Pórtico de la Gloria, del maestro Mateo, en la catedral de Santiago de Compostela.  W. BUSSDE AGOSTINI /

En el arranque de El reino de los cielos, la película de Ridley Scott sobre las Cruzadas, dos individuos entierran a una mujer que se ha suicidado. Tienen que cortarle la cabeza al cadáver. “Peor sería si fuese bruja”, afirma uno de ellos. En 10 minutos de metraje, ya han surgido la servidumbre, el derecho de pernada, el hambre, la suciedad… Y un protagonista que asegura: “Pensaba ser enterrado a 100 metros de donde nací”. Es imposible concentrar más tópicos sobre la Edad Media en tan poco tiempo. Porque, por ejemplo, las grandes cazas de brujas en Europa tuvieron lugar entre los siglos XV y XVII, en la Edad Moderna, como muchos otros horrores que automáticamente situamos y relacionamos con el medievo.

“En Europa, el periodo en el que las poblaciones fueron más desdichadas no es la Edad Media, sino el siglo XVII. Y no hay forma de corregir ese prejuicio”, explicaba en una entrevista el medievalista francés, experto en animales y colores, Michel Pastoureau. Su libro Una historia simbólica de la Edad Media Occidental (Katz, 2006) es uno de los ensayos que explican el profundo cambio que se ha producido en nuestra percepción de este larguísimo periodo medieval, que se prolongó durante casi 1.000 años. Pastoureau pertenece a la segunda generación de la llamada Escuela de los Anales, de la que surgieron dos de los grandes medievalistas europeos: los franceses Jacques Le Goff (1924-2014) y Georges Duby (1919-1996).

Umberto Eco (1932-2016) fue un gran admirador del trabajo de estos dos investigadores y manejó muchas de sus ideas para escribir El nombre de la rosa, la novela más popular sobre esta época —con perdón de Ivanhoe, de Walter Scott, y Los pilares de la Tierra, de Ken Follett—. Pero Eco fue también un importante teórico e investigador, uno de los primeros que supieron encontrar el hilo que nos conecta directamente con la época de los castillos y de los caballeros. “La Edad Media fue una inmensa operación de bricolaje en equilibrio entre la nostalgia, la esperanza y la desesperación”, escribió en La nueva Edad Media (Alianza, 1997), un libro colectivo que tuvo una gran repercusión en los setenta, cuando las obras de estos autores comenzaron a encontrar una difusión importante.

Le Goff había ofrecido una visión similar en uno de sus ensayos más populares, En busca de la Edad Media (Paidós, 2003). En esa obra rechaza, por un lado, la visión idealizada de este periodo, la del amor romántico y las gestas, pero también se niega a caer en el oscurantismo. “Si toda época pasada vive en el presente, creo que la Edad Media está particularmente viva y es fundamental para comprender la sociedad actual. Estoy seguro de que seguirá inspirando su futuro. Mi Edad Media se ha formado en la reflexión común sobre el pasado, el presente y el futuro”, afirma en este ensayo-entrevista.

Pero probablemente el ensayo más perdurable sobre el periodo sigue siendo La época de las catedrales (Alianza, 2003), de Georges Duby. Su tesis es que esos templos inmensos del medievo representan el resurgir de las ciudades —sostiene que París es la primera gran capital de un reino en Europa— y, a la vez, encarnan el intercambio de ideas y de personas. Las rutas de peregrinos, como el Camino de Santiago, eran la savia del continente. “En la Europa de las catedrales se impone el poderío de los reyes”, escribe Duby. Los Estados modernos comienzan a surgir entonces, como la división del tiempo o redes comerciales que todavía hoy utilizamos. Umberto Eco tenía razón cuando decía que vivimos una nueva Edad Media.

http://cultura.elpais.com/cultura/2017/04/13/actualidad/1492086138_666144.html?id_externo_rsoc=TW_CC&utm_content=buffer58a78&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer

Reflexiones sobre el rol del historiador frente al gran público

na28fo01

Hace poco estuvimos leyendo un artículo del historiador Gabriel Di Meglio publicado en Investigaciones y Ensayos Nº 63 (Julio – Diciembre 2016) titulado “Hay un mundo allá afuera. Reflexiones sobre algunas ausencias en la formación profesional de historiadores”. Aquí el historiador plantea la divulgación como una tercera rama disciplinar de la historia, y se lo compartimos para poder entrar en discusión.

Revista Historia para Todos se caracteriza por ser un espacio de alta divulgación, abierto a distintas perspectivas y queremos revalorizar esta rama, a veces tan denostada en ámbitos académicos como posible de resultar parte inicial de un proceso de investigación, bajo la idea de no perder de vista la estructura de una “historia – problema”

¿Que opinan?

https://www.academia.edu/32437577/Hay_un_mundo_all%C3%A1_afuera._Reflexiones_sobre_algunas_ausencias_en_la_formaci%C3%B3n_profesional_de_historiadores

GEOFFREY PARKER – LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS

No hay texto alternativo automático disponible.

 

Una de las peores épocas de la historia humana. En países como Alemania o Francia, murió más gente en este conflicto que en II Guerra Mundial. Si en clases no terminaste de entender porqué se tuvo que dividir geográficamente a la gente según su religión en Alemania, un verdadero fracaso generalizado como sociedad, éste es tu libro. Y cuando un evangélico te hable de los indicios de que estamos en el fin del mundo, sólo infórmale que hubo una época mucho peor

LINK

Marc Bloch fusilado…

Del grupo de facebook, HISTORIA EN PDF

Finalmente rompo el silencio, el doloroso silencio que guardo desde hace semanas. Ya no queda ninguna duda en mi espíritu. Marc Bloch, retirado el 16 de junio de 1944 de la celda en la que los alemanes lo habían encerrado, en primavera, en Lyon, en el siniestro fuerte de Montluc, fue fusilado con veintiséis compañeros, otros veintiséis franceses de buena cepa, detenidos, como él, por la Gestapo. Fue fusilado en un campo, en el sitio llamado “Les Russilles”, en el camino de Trévoux a Saint-Didier-de-Formans, a unos veinticinco kilómetros al norte de Lyon. 16 de junio de 1944: era el momento en el que el invasor sentía cercana su partida, “vaciaba las prisiones” y sembraba los campos, lejos de las ciudades, de cadáveres de patriotas asesinados sin juicio, cuya identidad se encarnizaba en destruir…
No ha llegado el momento de decir aquí ni que lo que fueron esos últimos meses de una vida llena de nobles trabajos, tan henchida de promesas descontadas por todos, ni lo que significa, en su conjunto, la obra de ese gran sabio, de ese alto espíritu que hacía tanto honor a esa Geleherte Europa que, antes, Alemania respetaba. Ya rendiremos a Marc Bloch el homenaje que merece, pero que no liberará ni nuestros espíritus ni nuestros corazones frente a él. Usaré entonces, para hacer más digno de él este comentario, la correspondencia que no habíamos dejado de intercambiarnos, él y yo, durante la guerra, tan libre como lo exigían nuestros humores, a pesar de las restricciones, tan frecuente como lo permitían las circunstancias. Por el momento no puedo más que registrar una pérdida, y qué pérdida si es cierto que, de todos nuestros grandes muertos de la Resistencia, Bloch es, quizás, el más grande por el espíritu, el más luminoso por la influencia, uno de los más fuertes también por su energía lúcida. Esta pérdida francesa… ya sé como se sentirá en el extranjero, donde hará nacer los mismos sentimientos de horror que en Francia…
En 1939, a pesar de su edad (iba a cumplir 58 años cuando murió), a pesar de sus altas funciones en la enseñanza, a pesar de tantas razones que tenía -tan luego él, magnífico combatiente de 1914- para mantenerse apartado de una movilización que ya no le imponía el estricto deber de partir, en 1939, muy simplemente, Marc Bloch había retomado el uniforme. Destinado a un cuartel general del ejército, se le había confiado una tarea pesada: la del dirigir y asegurar la distribución de combustible en una de nuestras grandes unidades de combate. Esa tarea la cumplió hasta el final con una autoridad, una maestría y, cuando fue necesario, con un coraje físico y moral ejemplares. Después de ello, exitoso en su intento de evitar el cautiverio, se unió a los suyos en el Centro. Fue para conocer pronto la amargura y la vergüenza de las persecuciones que inauguró sin disgusto un régimen que habría deshonrado a Francia si tal deshonor hubiera dependiendo de él. Inscripto por sus colegas en la lista de algunos miembros de la Enseñanza Superior que parecía que los alemanes, provisoriamente, no quería tratar exactamente como trataban, en conjunto, a todos aquellos que excluían de un “arianismo” que sus excesos, sus crueldades sádicas, sus abominables violaciones de los derechos más sagrados de la persona humana, tornaba tan execrable como fuera posible, Bloch se refugio, primero, en Clermont-Ferrand, en la ex Universidad de Estrasburgo refugiada en la ciudad de Pascal. Pasó luego a Montpellier donde, a pesar del mal recibimiento que le dispensó un personaje poco escrupuloso, enseñó en la Facultad de Letras hasta el día que el enemigo franqueaba su propia línea de demarcación y Bloch recibió de las autoridades locales el consejo de partir inmediatamente, cosa que hizo. Por ello, los personeros de Vichy le revocaron su permiso, y, como no retrocedían ante nada, lo incriminaron ¡”por abandono del puesto ante el enemigo”! No se sabía que Alemania, a la que servían dócilmente, fuera su “enemigo”. Entretanto, en París, los alemanes le habían robado toda su biblioteca: cuidadosamente empaquetada, guardada en cajas, fue trasladada hasta el último libro, como poco antes lo había sido la biblioteca de otro de nuestros grandes sabios y amigos, Henri Hauser. Y no estoy enumerando…
Entonces, Bloch abandonó la legalidad. A su edad, con su salud que no era para nada perfecta, con su aspecto lo suficientemente reconocible como para que le fuera difícil pasar inadvertido, se lanzó valientemente a esa vida clandestina de la Resistencia, de la que, para quien no la conoció, resulta imposible imaginar los peligros, las fatigas, las continuas alertas y también las satisfacciones. Debemos señalar que, en vísperas del armisticio, habría podido pasar a los Estados Unidos, como tantos otros. Se le ofreció. Podía decirse a si mismo que, libre, serviría a la causa de su país. Se las arregló, sin embargo, para que su partida fuera imposible. No podía dejar a su familia, a su país. Entonces, todo podía preverse, y fuimos muchos, entre sus amigos, los que lo prevenimos y los que, vanamente, se lo dijimos. Expulsado de Montpellier, en Lyon llegó a ser una de las cabezas del movimiento que, a pesar de las represiones salvajes, iba a ampliarse sin cesar. Y Bloch trabajó en él hasta el día en que fue capturado en una gran redada por la Gestapo.
Enviado al fuerte de Montluc, ese gran sabio, conocido y respetado tanto en el exterior como en su patria, ese hombre que honraba la ciencia y la humanidad, sufrió todos los ultrajes, todas las violencias que brutos sádicos y desencadenados infligían en frío a los patriotas. Bestialmente golpeado golpeado en el rostro, molido a golpes, las muñecas casi destrozadas, sometido al suplicio del baño helado, estuvo a punto de morir de bronconeumonía. En el hospital lo curaron. Volvió a prisión. Entre tanto, su mujer, que valientemente compartía sus peligros y esperanzas, murió súbitamente en Lyon. Uno de sus cuñados fue fusilado y su cuñada deportada. Sus hijos habían alcanzado África atravesando España o se escondían en Francia. En su celda, Marc Bloch permanecía calmo, sonriente y alegre. Sí, alegre. “Nos alentaba -cuenta uno de sus compañeros de cautiverio-, nos animaba, nos hablaba de Francia y de su pasado, nunca desesperaba…” Sin embargo, no se hacía ilusiones sobre la suerte que le esperaba. En Lyon se preocupaban por salvarlo, preparaban planes de evasión… Demasiado tarde. El 16 de junio de 1944, cuando vinieron a sacarlo de su celda para llevarlo a morir, muy lejos, en el anonimato, estaba listo. No ha muerto solamente como mártir de una patria cuya eterna grandeza él conocía mejor que nadie. Pensando en sus últimas cartas, en sus últimas conversaciones, en esa depuración continua de su pensamiento y sus sentimientos, quiero decir, y digo, que murió una muerte santa.
Está muerto. Y no llego a asumir plenamente lo que implican esas tres palabritas. Para la ciencia, para Francia, también para los Annales y para mí mismo. Desde hace veinticinco años, Bloch se dirigía a mí cada vez que una dificultad grave se levantaba ante su conciencia de hombre o de sabio. Del mismo modo, yo me dirigía a él cada vez que tenía necesidad de acercarme a un hombre, a un firme juicio de hombre. A veces nos chocábamos, tan cercano y diferentes el uno del otro. Nos echábamos en cara, recíprocamente, nuestro “mal carácter”; después nos reecontrábamos, más unidos que nunca, en el odio común a la mala historia y a los malos historiadores -y a los malos franceses que también fueron malos europeos. Ahora me quedo aquí, como un árbol al que el rayo ha despojado de la mitad de sus ramas. Tanto peor: digo las palabras que él mismo habría pronunciado si nuestros destinos hubieran sido inversos: más que nunca los Annales deben continuar. Esos Annales en los que, hasta su último día de libertad, Marc Bloch no dejó de pensar y de trabajar, robando a su trabajo cansador el tiempo para escribir esas notas, esas últimas notas que, a pesar de las censuras, yo hacía pasar con la firma de “M. Fougères”.
Los Annales continúan. Mientras duren, algo de Marc Bloch permanecerá entre nosotros, vivo, activo, fecundo.
Lucien Febvre

No hay texto alternativo automático disponible.

CONVOCATORIA PERMANENTE (IMPORTANTE)

duchamp2

De la mano con nuestra publicación anterior, nuevamente queremos agradecerles a todos por confiar en nosotros día a día para evaluar sus participaciones. Realmente disfrutamos realizar Revista Historia para Todos y nos emociona ver cómo crece día a día, gracias al apoyo de todos ustedes

Ahora bien…habiendo cerrado el nº6 ¿que sigue?

CONVOCATORIA ABIERTA: ¿Que es?

Es sencillo, Revista Historia para Todos no tendrá convocatoria por número ni por año, sino una continua. Ustedes desde ya pueden ir enviando artículos, reseñas críticas y transcripciones de documentos (de acuerdo a nuestras normas) y ya comenzarán a ser evaluados para el nº7. Cuanto antes, mejor, una vez que cierre cada número, las producciones que vayan llegando irán a números siguientes (con la aclaración de rigor al autor/a)

Sin más, les agradecemos infinitamente y los invitamos a seguir participando, así que cuando deseen pueden seguir enviando sus producciones a revistahistoriaparatodos@gmail.com

AVISO IMPORTANTE RESPECTO A LA CONVOCATORIA

220px-edvard_munch_-_anxiety_-_google_art_project

¡Buenos días a todos! El motivo de este anuncio es por dos cuestiones: primero que nada, para agradecerles, porque la recepción que tuvo esta primera convocatoria anual fue impresionante. Fue tal, que como saben, tuvimos que cerrar con anticipación la convocatoria al nº5.

Bueno, ahora debemos anunciar que la recepción para el nº6 de diciembre fui igual de importante. Por esto, queremos agradecerles por el apoyo que recibimos de forma cada vez más constante, en su confianza para buscar ser evaluados y publicar sus artículos con Revista Historia para Todos. 

Queremos anunciarles con gran alegría, que la convocatoria para el nº6 de diciembre se encuentra cerrada, tenemos un par de artículos que están terminando de ser evaluados y ya no recibiremos más.

Pero como siempre hay un “pero…”, les comentaremos en una próxima publicación que va a suceder.

Ante todo, nuevamente, muchísimas gracias por confiar en nosotros y esperamos que sigan disfrutando tanto de la web, como de cada número que sale.

Recordatorio “Simposio Internacional” (2º Circular)

17309276_1871957779728139_1320946380307045593_n

Compartimos la 2º circular de la convocatoria del IV Simposio Internacional “Jornadas de Historia y Geografía” a realizarse en Concón (Chile) en el mes de octubre de 2017. A cargo de nuestros colegas y amigos de la Sociedad de Estudios Históricos, Arqueológicos y Geográficos de Chile.

Mas info: http://www.shgchile.com/Documentos/2017/IV%20Jornadas%20de%20Historia%20circular%202.pdf

Julián Casanova, “La Historia Social y los Historiadores”

18425454_1432423680147054_1384550514281575566_n

«Desde hace unas décadas -escribe Julián Casanova- sociedad, economía y cultura han cautivado la atención de los historiadores», reemplazando su vieja dedicación exclusiva al estudio de la política, identificada con las acciones y las aspiraciones de los grupos dirigentes. De esas tres posibilidades alternativas la historia social es, sin duda, la que despierta en estos momentos un mayor interés entre nosotros; pero tal vez sea también la que requiere un mayor esfuerzo de clarificación. Al reeditar este libro, que tuvo una gran acogida por parte de los jóvenes estudiosos e investigadores, el profesor Casanova le ha añadido un nuevo capítulo, «El secano español revisitado», en el que estudia las influencias que orientaron durante los años noventa la investigación de los historiadores españoles y repasa los cambios que se han producido en la forma de abordar la historia social y las repercusiones que ha tenido la irrupción del postmodernismo, con sus debates sobre la objetividad, la verdad y la narración.

DE FACEBOOK

Debate en Annales ¿de vuelta a la “larga duración”?

Compartimos este recurso desde Historia Global Online

18423740_1471270389560099_4635982343683722265_n

[OPEN ACCESS] Debate organizado por la revista AnnalesHss en torno a la necesidad por retornar a los análisis de larga duración, tal como lo plantearon Jo Guildi y David Armitage en el libro “Manifiesto por la Historia”.

Participan del debate Lynn Hunt, Claudia Moatti, Francesca Trivellato, Claire Lemercier, Christian Lamoroux.

Pueden leer los artículos en este enlace:

https://www.cambridge.org/core/journals/annales-histoire-sciences-sociales-english-edition/issue/DC9017ACF3432E5B1F97D1AF33DD254D?utm_source=Facebook&utm_medium=Hootsuite&utm_campaign=ANE_DUREE_MAY17

CLAVES PARA ENTENDER NUESTRO TIEMPO