LA CHEKA DEL TERROR ROJO

Imagen de la Revolución de Octubre.

Imagen de la Revolución de Octubre. Museum of Political History of Russia

Terror y revolución eran para los cuadros bolcheviques que habían alcanzado el poder en el mes de octubre de 1917 dos conceptos indisolublemente unidos. La fascinación de Lenin y Trotski por los protagonistas más siniestros del 89 francés, cuyo modelo les sirvió de inspiración insurreccional, les llevó a concebir en las siguientes semanas un aparato de represión que les asegurase el control del Gobierno. “En menos de un mes”, avisó el 1 de diciembre Trotski, “el terror va a adquirir formas muy violentas, a ejemplo de lo que sucedió durante la gran Revolución Francesa. No será ya solamente la prisión, sino la guillotina, ese notable invento (…) que tiene como ventaja reconocida la de recortar en el hombre una cabeza, lo que se dispondrá para nuestros enemigos”. Lenin, por su parte, trasmitía por esas fechas a su secretario la urgencia de encontrar un “Fouquier-Tinville, que nos mantenga en jaque a toda la canalla contrarrevolucionaria”.

No hubo demasiadas dudas sobre quién sería el elegido. Felix Dzerzhinski, que había jugado un destacado papel en el Comité Militar Revolucionario de Petrogrado, había advertido sobre la necesidad de que la Revolución contara con un órgano de “estructura ligera, flexible, inmediatamente operativa, sin un juridicismo puntilloso. Ninguna restricción para tratar, para golpear a los enemigos con el brazo armado de la dictadura del proletariado“. El 7 de diciembre nacía la Cheka, abreviatura de las iniciales de Comisión Pan-rusa Extraordinaria de Lucha contra la Contrarrevolución, la Especulación y el Sabotaje. “A menos que apliquemos el terror a los especuladores -una bala en la cabeza en el momento- no llegaremos a nada”. La recomendación de Lenin sería aplicada de manera implacable desde ese momento.

La primera ocasión en la que la Cheka actuó como “brazo armado de la dictadura del proletariado” fue contra los funcionarios de Petrogrado, en huelga desde el golpe de Estado bolchevique. Muchos de estos “agitadores” y “enemigos del pueblo” fueron arrestados junto a diputados mencheviques y socialistas. Poco después, el 21 de febrero de 1918, ante el avance de las tropas alemanas, el Gobierno bolchevique hizo una llamada al terror de masas: “Todo agente enemigo, especulador, gamberro, agitador contrarrevolucionario y espía alemán será fusilado sobre el terreno”. Como ha señalado Nicolas Werth, aunque la pena de muerte no fue restablecida hasta el 16 de julio de ese mismo año, la Cheka realizó numerosas ejecuciones sumarias en todo el país, como durante la noche del 11 al 12 de abril, la primera gran redada del órgano represor, en la que fueron detenidos 520 anarquistas y 25 de ellos fueron ejecutados.

CONCEPTOS Y PERSONAJES

Vídeo: Nacho Moreno

Trasladado el Gobierno de Petrogrado a Moscú, la Cheka se instaló en un edificio de la calle Bolshaya-Lubianka en el que se acomodaron 600 efectivos en marzo de 1918. En julio eran ya 2.000. De la misma forma, se crearon organismos locales a lo largo de todo el país. Si en junio de 1918, Dzerzhinski había presidido la primera conferencia de chekas, que agrupaban entre todas a 12.000 hombres, a inicios de 1921 reunían ya a 280.000. Tras su nombramiento en marzo de 1919 como comisario del pueblo para el Interior, Dzerzhinski reorganizó las unidades a su cargo creando un cuerpo especial de “tropas de defensa interna de la República”, que llegaría a contar con 200.000 efectivos en 1921. Además, a partir del decreto de 15 de abril de 1919, dividió los centros de reclusión que existían desde el verano de 1918 en campos de trabajo forzado y campos de concentración, ordenando que hubiese al menos uno en cada provincia. Los reclusos aumentaron de los 16.000, en mayo de 1919, a los 70.000, en septiembre de 1921.

Pero antes, el Gobierno bolchevique decidió instaurar el “terror rojo” para hacer frente a las más de 140 revueltas en todo el país de campesinos que se rebelaron contra las requisas de sus productos agrícolas, las limitaciones al comercio privado y las constantes levas de jóvenes llevadas a cabo por el Ejército Rojo. También, contra los burgueses, profesionales urbanos y propietarios de tierras a los que se sometió a un violento expolio de sus propiedades.

En su decreto de 5 de septiembre de 1918, el Gobierno legalizó las liquidaciones en el decreto Sobre el terror rojo: “En la situación actual, resulta absolutamente vital reforzar a la Cheka (…) proteger la República Soviética contra sus enemigos de clase aislando a estos en campos de concentración, fusilar en el mismo lugar a todo individuo relacionado con organizaciones de guardias blancos, conjuras, insurrecciones o tumultos, publicar los nombres de los individuos fusilados, dando las razones por las que han sido pasados por las armas”. Dzerzhinski, que dos días antes había instado en Izvestia a que “la clase obrera aplaste, mediante un terror masivo, a la hidra de la contrarrevolución“, había conseguido legalizar lo que llevaba practicando desde la creación de la Cheka: la eliminación física de los opositores sin preocuparse del “juridicismo puntilloso”.

Según El libro negro del Comunismo, en el otoño de 1918 las víctimas directas de la Cheka se pueden cifrar en torno a las 15.000. Gracias a la comisión de investigación sobre los crímenes bolcheviques instituida en 1919 por el general Denikin, comandante en jefe de las fuerzas del sur de Rusia, el historiador S. P. Melgunov pudo publicar en Londres, en 1924, El terror rojo en Rusia, 1918-1924, en el que se denunciaban los miles de asesinatos y torturas de los chequistas.

El 6 de febrero de 1922, la Cheka pasa a denominarse GPU, siglas de la Dirección Política del Estado. El organismo represor dejaba así de ser “extraordinario” para convertirse en una institución permanente de terror. La revolución cerraba su ciclo y la dictadura del proletariado se consolidaba en el poder. Luego llegarían el Gran Terror estalinista y el Gulag, como consecuencia lógica de la labor de Lenin, al que le gustaba repetir que “un buen comunista es también un buen chequista”.

http://www.elmundo.es/cultura/2017/03/04/58b932deca4741670a8b45e2.html

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