Falleció Josefina Ludmer

Una noticia que nos llena de tristeza en la noche del 9, falleció la gran Josefina Ludmer, Q.E.P.D 

Docente, ensayista y polemista afilada, Josefina Ludmer fue una de las críticas literarias y de la cultura más destacadas e influyentes del país. Falleció el viernes en la ciudad de Buenos Aires.

Foto: LA NACION

Cordobesa, había nacido en la localidad de San Francisco en 1939, se graduó en Letras en la Universidad Nacional de Rosario en 1964 y, ya en Buenos Aires, tuvo maestros del relieve de David Viñas, Noé Jitrik y Tulio Halperin Donghi. Ella alcanzaría años después ese mismo relieve en el campo de la docencia y la intervención crítica.

En 1972 publicó Cien años de soledad. Una interpretación, un estudio sobre el título clave de Gabriel García Márquez.También escribió un libro sobre el autor de El astillero: Onetti. Los procesos de construcción del relato. Durante la dictadura militar, sus talleres privados de teoría literaria fueron fundamentales para que otros pudieran conocer obras e ideas de autores nacionales y extranjeros considerados “peligrosos” por los censores de entonces.

Fue investigadora principal del Conicet y profesora de Teoría Literaria en la Universidad de Buenos Aires entre 1983 y 1991, y desde 1991 hasta 2005 profesora de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Yale. Dio también cursos de doctorado.

A la vanguardia

Daniel Molina, periodista y crítico cultural, fue alumno de Ludmer en la UBA. “En la universidad de la recuperación democrática, la Facultad de Filosofía y Letras contaba con un seleccionado de grandes maestros, desde David Viñas hasta Beatriz Sarlo, de Enrique Pezzoni a Beatriz Lavandera. En ese grupo, brillaba Josefina Ludmer -dice Molina-. Era la que iba más lejos, la que estaba a la vanguardia, la que abría puertas que ni sabíamos que existían. Cuando fui a su primera clase sobre la poesía gauchesca a comienzos de 1985 casi enloquezco: nunca había escuchado a nadie argumentar de tal manera, pensar con tanta erudición y libertad. Fue lo más parecido a Borges que dio la crítica argentina.”

Años después Ludmer publicaría un libro único en la tradición local: El género gauchesco. Un tratado sobre la Patria, donde, entre otras cosas, señalaba el aporte específico de la Argentina al genio literario universal. “Con los años nos hicimos amigos -cuenta Molina-. Escribí sobre su obra. La entrevisté. La invité a dictar dos seminarios en el Centro Cultural Rojas, organizados por Tamara Kamenszain: en 1987, sobre la poesía gauchesca, y en 2000, sobre el año 2000 visto como el futuro de la ficción, que al fin había llegado.” En 2016, se publicaron sus clases de 1985 con el título Algunos problemas de teoría literaria.

Ludmer fue autora además de El cuerpo del delito. Un manual y Aquí América Latina: una especulación, donde anticipaba cuestiones que la teoría y la producción literaria recogerían con entusiasmo. Su perspectiva para leer y pensar la literatura fue siempre original. Vio antes que otros la “perforación” de los géneros, literarios o no, en otros, la hibridación formal, la mixtura lingüística en las nuevas ficciones, la convivencia simultánea de lógicas y temporalidades en la literatura latinoamericana.

En los últimos años, participó de debates sobre el conservadurismo y la falta de novedad de la cultura nacional y sobre la necesidad de que las creaciones artísticas y la crítica se volvieran, a su manera, “activistas”.

“Empezar de cero es una idea constante en mí. Me gusta. Es difícil borrar lo que uno tiene. Empiezo a buscar materiales. Me gusta lo nuevo. Lo busco. Trato de descubrirlo”, declaró en una entrevista de este año con LA NACION, donde también contó que trabajaba en una autobiografía.

En 2016, la Fundación Konex le otorgó el premio Konex de Platino por sus aportes en el campo de la teoría lingüística y literaria.

“Estoy verdaderamente consternada por la muerte de Josefina, que me regaló su amistad en los últimos años. Era una maestra descomunal, una disparadora de talento y una maga en hacer asociaciones audaces para insertar la literatura en su verdadero contexto: la historia, la política. Mi tardía relación con ella estuvo signada por la gratitud. Aprendí a adorar su candorosa maldad, esa ironía punzante que podía destruir una obra con solo una sonrisa”, dijo Gabriela Massuh.

Ayer, la escritora la despidió así: “Anoche murió la gran Josefina Ludmer, maestra generosa y amiga. Adiós, querida China, nos va a faltar tu humor, tu inteligencia, tu gracia”. Queda, entonces, para siempre, la palabra viva de sus escritos.

LA NACION

INFOBAE:

Josefina Ludmer —la “China”, como le decían sus amigos— es una de las referentes imprescindibles de la literatura argentina, alguien que mantuvo el pensamiento crítico aún en las épocas más oscuras del país. Profesora de Literatura Latinoamericana en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA desde 1973, tras el golpe militar continuó dando clases en su casa, formando parte así de una universidad paralela conocida como la “Universidad de las Catacumbas”. Recién volvería a la UBA tras el retorno de la democracia, en 1984. Para entonces ya había estudiado el doctorado en la Universidad de Princeton y recibido la prestigiosa beca Guggenheim.

“Josefina era una iluminación”, la recuerda con emoción el crítico Daniel Molina. “En la carrera de Letras, con genios como Enrique Pezzoni, David Viñas, Beatriz Sarlo, Nicolás Rosa, Ramón Alcalde (su ex marido) y muchos otros de ese nivel, Ludmer estaba más allá de todo. Era otra cosa. Siempre miraba más lejos, siempre mostraba algo que nadie había visto. Tuve la suerte de cursar cuatro seminarios con ella y luego ayudar en la organización de otros dos que dio en el Centro Cultural Rojas (lo hice junto a Tamara Kamenzsain): uno sobre la Poesía Gauchesca y otro sobre la utopía del año 2000 (que lo dictó en el mismo 2000). La vi en Yale en 1999. Fui su amigo desde que la conocí. Era única. No conozco a nadie que haya estudiado con ella, que la haya tratado como profesora o intelectual, y no se sienta transformado. Fue una verdadera maestra. La formadora de los mejores intelectuales argentinos de las últimas tres generaciones”.

Ludmer integró la nueva camada de críticos que modernizó la carrera y planteó nuevos objetivos y modos de lectura. “Si uno piensa la literatura desde el punto de vista de una práctica autónoma”, decía en una entrevista pública de hace un par de años, “no puede someterse a una división del estilo ‘presidencia tal’, ‘literatura tal’. Eso es someter la literatura a lo político, a una historia política, cuando la historia misma está buscando modos de dejar de ser una historia meramente política y plantearse como historia de la intimidad o historia de los cuerpos o historias de cualquier otra cosa”.

Murió Josefina Ludmer. Es un cierre de época para los que cursamos Filosofía y Letras al comienzo de al Democracia. Ella fue un faro.

Con brillantez para reconocer los clásicos de la época, entre sus libros se destacan: Cien años de soledad. Una interpretación (1972), Onetti: los procesos de construcción del relato (1977), El género gauchesco. Un tratado sobre la patria (1988), El cuerpo del delito. Un manual (1999), y Aquí América latina. Una especulación (2010). Cada uno de sus trabajos supuso una nueva interpretación de la literatura argentina y latinoamericana.

“Me interesa el problema de los clásicos del siglo XX aquí en América latina y en Argentina”, decía Ludmer en Aquí América latina.

“Me interesa el problema de los clásicos del siglo XX aquí en América latina y en Argentina”, decía Ludmer en Aquí América latina.

Hace algunos meses, la editorial Paidós publicó el volumen Clases 1985. Algunos problemas de teoría literaria. “El libro”, dice el crítico español Antonio Jiménez Morato, “está lleno, repleto, de citas posibles, de pasajes memorables”. Por ejemplo, aquel en el que Ludmer avanza sobre las teorías de la especificidad desde los formalistas rusos hasta Derrida, un capítulo lleno de rispideces en el programa de estudios. Entonces una alumna desde el fondo dice que no entendió nada:

“Ludmer”, explica Jiménez Morato, “les recuerda a los estudiantes que el objetivo del seminario no es tanto desentrañar determinados textos como aportar herramientas para el pensamiento. Les dice abiertamente que es muy posible que sigan transitando por el resto de las clases sin comprender nada, pero que en el momento en que tengan esas ideas latentes en su cerebro y emprendan la lectura de producciones literarias concretas, van a comprender el verdadero alcance del seminario. No se trata de aprender material sino de conocerlo y prepararse para su uso.”

Josefina Ludmer murió anoche. Tenía 77 años.

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