Anarquistas en Argentina por Fernando Aiziczon

CONICET: http://www.conicet.gov.ar/anarquistas-en-argentina/

11/07/2016 | CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES
Anarquistas en Argentina
A 16 años de la muerte de Soledad Rosas, militante anarquista de origen argentino, Fernando Aiziczon repasa la historia de esta corriente en el país.
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Frente del periódico anarquista “La Protesta” en 1904. Foto: gentileza del Archivo General de La Nación.

En marzo de 1998, María Soledad Rosas, una joven argentina de 24 años, fue apresada en Italia junto a su novio y un amigo, acusados de actos de eco-terrorismo. Eran parte del movimiento squatter que estaba creciendo en Europa y proponía la autogestión a partir de la ocupación de edificios públicos abandonados, con una forma de organización horizontal y un fuerte cuestionamiento al consumismo.

Soledad y sus compañeros se definían como anarquistas y fueron acusados por hechos que nunca se demostraron. La pareja de Soledad, Edoardo ‘Baleno’ Massari apareció ahorcado en su celda. Tres meses después, el 11 de julio mientras cumplía prisión domiciliaria, ella también fue encontrada sin vida. Desde ese momento Sole –que significa ‘sol’ en italiano- y Baleno –que quiere decir ‘rayo’- se convirtieron en un símbolo de las reivindicaciones anarquistas de Italia.

Mientras tanto, ese invierno en Argentina, las tapas de los diarios pasaban de la visita de los Rolling Stones a la euforia mundialista de Francia ‘98. ¿Es que en esta punta del mundo y a fines de la década del ‘90, no había anarquistas o squatters? ¿O sólo era ignorado por la prensa? A 16 años de la muerte de Soledad, Fernando Aiziczon, investigador asistente del CONICET en el Instituto de Humanidades (IDH, CONICET-UNC) hace un recorrido de la historia del anarquismo en Argentina.

 

¿Qué es el anarquismo?

Anarquismo significa sin autoridad ni poder, principios que dieron origen a un movimiento político de izquierda. Nace en Europa, a mediados de siglo XIX, y sus máximos referentes teóricos son Bakunin y Proudhon. Combate al capitalismo y las estructuras jerárquicas y sociales de poder, de allí su lema más famoso: “sin Dios, ni patria, ni amo”. Su crítica a toda forma de opresión y su sesgo anti organizativo chocan no sólo con la derecha sino también con el marxismo, que si bien propone una transformación radical del sistema capitalista, busca durante un período llevarlo a cabo dentro de la forma de organización estatal.

 

¿Cuál era la órbita de intervención de los anarquistas, si no era el Estado?

El anarquismo tuvo una fuerte inserción en el movimiento obrero argentino de principios de siglo XX, y se caracterizó por sus acciones directas: huelgas generales, ocupación de establecimientos, enfrentamiento con los rompehuelgas, la policía y el ejército, entre otras. También denunciaban la explotación laboral de la mujer, estaban en contra de la convención del matrimonio y luchaban por la igualdad de género.

 

¿Cómo imaginaban un cambio tan radical?

Mediante la huelga general insurreccional. Sus reivindicaciones eran totales: destrucción del sistema capitalista y sus estructuras jerárquicas Esos eran los fines, los modos variaban. A grandes rasgos había quienes creían en la acción individual –‘anti organizadores’- y otros que buscaban construir una intervención colectiva organizada; algunos reivindicaban métodos directos como el arrojar bombas a determinados personajes del régimen, mientras que otros priorizaban la esfera organizativa y de acumulación de poder.

 

¿Cómo fue el comienzo de estos movimientos en Argentina?

Entre fines del siglo XIX y comienzos del XX llegaron con la inmigración masiva los primeros activistas. Lograron una aceptación muy grande en el proletariado porque además desarrollaban una intensa vida política con inserción territorial. Fundaban bibliotecas populares y teatros, realizaban actividades para niños y para el poco tiempo de ocio que las jornadas laborales permitían, daban conferencias, editaban libros y periódicos obreros en varios idiomas -como La protesta Humana o La voz de la mujer-. Es decir, en términos culturales el anarquismo no tuvo rivales.

 

¿Y esa aceptación se dio también por parte de los trabajadores?

La corriente anarquista fue hegemónica dentro del movimiento obrero, en términos ideológicos y políticos. Eran sumamente combativos y conmemoraban los primeros de mayo como una jornada de lucha. Su inserción en sindicatos propició que en 1901 se funde la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), que fue el antecedente de la CGT que apareció en los años 30 y con una ideología totalmente distinta.

 

¿Qué repercusiones tenían estas acciones en la esfera pública?

Tenían mucho impacto. Su importancia en la vida política de nuestro país era tal que, por ejemplo, el primer centenario de la revolución de Mayo, en 1910, se celebró bajo estado de sitio para contener la combatividad de la clase obrera influida por el anarquismo

 

¿Hasta cuándo duró este lugar hegemónico?

A mediados de la década de 1910 comienza a decaer y para 1930 prácticamente el anarquismo había dejado de existir. Las principales causas fueron las leyes de Defensa y de Residencia, la fuerte represión estatal y la competencia por parte de otras corrientes de izquierda que sí cultivaban aspiraciones parlamentarias -como el Partido Socialista, o el Partido Comunista-, que son contemporáneos al nuevo escenario que surge a partir de la Ley Sáenz Peña. Finalmente, influyeron ciertos avances del yrigoyenismo en materia de derechos laborales.

 

¿Qué eran las leyes de Residencia y de Defensa Social?

En líneas generales, establecían que cualquier persona que realizara actividades peligrosas o que atentara contra el orden debía ser apresada o deportada sin juicio previo. En la práctica fue una herramienta de persecución y eliminación efectiva de militantes anarquistas. A esto había que sumarle la feroz represión policial, los fusilamientos y la acción de grupos de derecha, como la Liga Patriótica que surgió de las elites dominantes y a partir de la década del ‘20 comenzó a funcionar como fuerza paraestatal que perseguía y asesinaba sistemáticamente a militantes anarquistas.

 

¿Qué acciones eran consideradas peligrosas?

Un movimiento que pretende derribar el sistema reinante era visto como un riesgo, principalmente por las clases dominantes. Además los anarquistas decían que no tenían patria, y para una nación como Argentina que se está conformando, un sujeto que niega la identidad nacional es un peligro. Además, había un sector de estos militantes que vengaba los asesinatos y torturas policiales a trabajadores por vía de acciones directas violentas, como por ejemplo el atentado donde muere el jefe de policía Ramón Falcón perpetrado por Simón Radowitzky, quien pretendía vengar a los huelguistas que sufrieron la brutal represión durante la semana roja de 1909.

 

¿Cómo impactó la Ley Sáenz Peña?

Ésta fue aprobada en 1912 y permitió que en 1916 Yrigoyen sea elegido presidente. Estipulaba el voto obligatorio y universal –para argentinos varones mayores de 18 años-, lo que era percibido como una concesión de poder de las elites que habían gobernado hasta entonces -aunque un sector reformista de ellas sabía que cumplía la función de descomprimir tensiones sociales-. Esto implicó que los anarquistas perdieran su prédica ya que no concebían la posibilidad de integrarse a ese sistema mientras que los socialistas y los comunistas sí formaron partidos y se presentaron a elecciones para realizar modificaciones desde el parlamento. El anarquismo no, queda completamente afuera de ese esquema.

 

Entonces, la represión, la deportación y el encarcelamiento de militantes anarquistas, sumados a los avances en materia laboral, cierta apertura política y a la competencia de otros movimientos de izquierda, terminaron con el anarquismo en Argentina…

Como movimiento hegemónico sí. Después de los años ‘30 quedan pequeños grupos marginales, pero no vuelve a ocupar una posición dominante en la vida política del país. Después, el anarquismo se convirtió en una corriente casi simbólica, que tiene mucho que ver con la imagen que se construyó desde la literatura y que quizás involuntariamente contribuyó a generar una idea épica del militante anarquista.

 

Y en los años ´90, mientras en Italia tenía lugar la persecución de militantes anarquistas, como el caso de María Soledad Rosas, ¿qué pasaba en Argentina?

Si bien emergieron novedosos movimientos de resistencia al neoliberalismo de la época, como los piqueteros, el anarquismo no tuvo intervención alguna. Sí existieron militantes dispersos en los ’90 pero que conformaron micro-experiencias para hacer frente a un sistema con el que no acordaban, pero sin intentar derribarlo. No tienen una estrategia de intervención respecto del movimiento obrero, lo cual marca una diferencia taxativa respecto la corriente clásica, aunque conservan el concepto de autogestión o cultivan un difuso autonomismo, muy de moda a fines de los ‘90. Lo curioso de esta época es que a pesar de haberse perdido como corriente política el anarquismo comienza a ser muy ponderado como objeto de estudio académico, y valorado como corpus de ideas pedagógico.

 

Fernando Aiziczon es historiador e investigador asistente del CONICET. Ha publicado libros sobre autogestión obrera y numerosos artículos que abordan temáticas relacionadas con la acción colectiva, la protesta social y el rol de los militantes en las mismas en la historia argentina de las últimas 2 décadas. En la actualidad desempeña sus actividades científicas en el Instituto de Humanidades (IDH, CONICET-UNC) y es docente en el Departamento de Antropología, Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba.

Por Mariela López Cordero

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El legado de Tucumán y el verdadero alcance de la independencia

PERFIL formuló a siete reconocidos intelectuales -políticos, historiadores e investigadores- tres preguntas para definir el legado del Congreso de Tucumán. 1) ¿Qué significa el Bicentenario de la Declaración de la Independencia argentina? 2) ¿Se mantienen los principios promocionados hace 200 años? 3) ¿Qué quiere decir políticamente hoy ser independiente?

Ayer. La Declaración de la Independencia del 9 de Julio de 1816, tomada por el Congreso de Tucumán, proclamaba valores hacia la conformación de un Estado nacional, independiente de la corona española.

Ayer. La Declaración de la Independencia del 9 de Julio de 1816, tomada por el Congreso de Tucumán, proclamaba valores hacia la conformación de un Estado nacional, independiente de la corona española. | Foto: cedoc

 

Vicente Palermo. Politólogo y ensayista.

1) El Bicentenario en sí para mí no significa nada. No voy a incurrir, como una vez dijo Borges, en la pasión por el sistema decimal. Pero admito que los números redondos –como es el caso– suscitan una cierta emoción conmemorativa, una disposición congregativa, ya que esa conmemoración no tiene lugar en soledad y, tal vez, una idea de que es posible reflexionar sobre una trayectoria y referenciarla –lo que resulta evidentemente bastante arbitrario– en un pasado, en este caso en un pasado tan lejano. Esto da pie a muchas cosas:explicaciones, comparaciones, y rituales celebratorios, entre otras. No cabe duda de que los rituales celebratorios pueden ser importantes. Hace poco Marc Augé decía que si bien los ritos tienen una dimensión histórica o de fidelidad al pasado, hay otra dimensión del ritual que es la apertura al futuro.

Yo no tengo mejores palabras para expresarlo, pero quiero agregar que para que esa apertura al futuro se manifieste, debe haber un punto de ruptura en la propia celebración, un pequeño hecho que conmueva de una manera diferente, o sea, un cambio, una innovación. Es esa discontinuidad la que introduce la posibilidad de que el ritual se abra al futuro. Modestia aparte, esto es lo que hemos hecho en la celebración del Bicentenario del Club Político Argentino, que tiene un componente inédito: será una celebración binacional, con Uruguay. Los uruguayos participarán, no como invitados, de ningún modo, sino por derecho propio, de una celebración que hasta ahora era una celebración nacional –hasta, tradicionalmente, nacionalista– de la Argentina. Creo que ésa es una buena apertura al futuro. Nos alejamos del nacionalismo y nos hermanamos con Uruguay.

2) Es una respuesta que aquellos especialistas en el siglo XIX que, al mismo tiempo, mantienen una mirada inteligente sobre el presente (pongamos apenas como ejemplos a Hilda Sábato, a Marcela Ternavasio) podrán contestar mucho mejor que yo. Pero, ya que no puedo eludirla, comienzo diciendo que probablemente no sea completamente apropiado hablar de “los principios” de hace 200 años, ya que en ese entonces los principios promocionados eran muy diversos entre sí, encarnados por un abanico de fuerzas en pugna. Es posible que se pueda decir que había un cierto ideal común, muy primigenio, convergente hacia la conformación de un Estado nacional. Aunque las provincias como unidades soberanas era una noción fuertísima y lo seguiría siendo por décadas (si algo aprendí de mis lecturas de Chiaramonte), quizás no sea del todo anacrónico pensar que los vientos del romanticismo nacionalista ya soplaban por estas playas y afectaban la cabeza de una parte importante de las élites. Pero más allá de eso, los principios se separaban y como cada uno tiene su debilidad –después de todo ésta es una entrevista y no la defensa de una tesis doctoral–, yo muestro la mía por José Gervasio de Artigas: en el extremo opuesto de los que defendían un principio monárquico (constitucional, por cierto, algo que no tenía nada de insensato), en el extremo opuesto del unitarismo porteño (centralismo menos defendible y que alzó al cabo la divisa punzó de Juan Manuel de Rosas), en el extremo opuesto de los partidarios de que Buenos Aires fuera la capital de la unidad en formación. No le fue bien, a Artigas, y sus ideas confederativas, así como sus orientaciones republicanas, fueron derrotadas.

Tuvimos república, pero una república “posible”, largamente autoritaria, poco ciudadana, nada democrática por mucho tiempo. Diría que en este fracaso de sus sueños lo acompañó Sarmiento –paradójicamente–, porque Sarmiento consideraba a Artigas una emergencia de la barbarie caudillista. Yo a Sarmiento le perdono casi todo, pero hablar así de quien fue el autor de una de las más maravillosas piezas retóricas que conozco (“sean los orientales tan ilustrados como valientes”, 1815) es patético. Pero volvamos al presente, porque creo que muchos buenos principios se mantienen, sí, pero en lucha: hay que luchar por ellos. Hay que luchar por un patriotismo republicano, cívico, que deje en las márgenes nuestro nacionalismo unanimista y territorialista, hay que luchar, ya no por una confederación, pero sí por un mayor equilibrio, una relación más justa, entre las unidades territoriales, y hay que luchar por la libertad, que aunque en gran medida la hemos conseguido al dejar atrás –espero que para siempre– a los regímenes autoritarios, es un derecho y un bien que les falta a tantos argentinos, aquellos que no están en condiciones de ejercerla porque casi no están en condiciones de vivir. O sea que en 200 años se mantienen principios porque se mantiene sobre todo la necesidad de luchar por ellos.

3) No sé. Por qué tendría que saberlo. ¿Alguien lo sabe? La globalización tiene calurosos partidarios y acérrimos detractores. Yo no me cuento ni en uno ni en otro bando, pero es un fenómeno que no podemos ignorar, como no podríamos ignorar la lluvia. Con los procesos de integración puede decirse otro tanto: avanzan, retroceden, sufren crisis como el caso tan reciente del Brexit. Pero forman parte del escenario internacional. La independencia política argentina no debería ser pensada fuera de esos marcos; si cometiéramos ese error, fracasaríamos. Por décadas, la Argentina mantuvo –y no fue por pura estupidez, hay una lógica social detrás de ello– una noción bastante demodé de la independencia, tanto en lo político como en lo económico, y hemos pagado un elevado costo por arraigar esa noción, diría casi autárquica. Pero ahora, no terminamos de salir –ni mucho menos– de esa lógica, cuando la globalización y los procesos de integración se nos vienen encima. Si los enfrentamos con la misma rigidez, sonamos.

Ese problema tiene diversas aristas, pero se me ocurren dos, una de cara para afuera, digamos, y la otra de cara para adentro. De cara para afuera un país incorporado a la globalización e integrado regionalmente tendrá que saber que no es soberano en sentido clásico de su política exterior. No puede hacer cualquier cosa, a su entero arbitrio, y cambiar como se le antoje. Formará parte de redes donde las unidades no deciden apenas por sí solas. Este es un problema frente a la tradición diría de libertinaje de nuestra política exterior. De cara hacia adentro, es evidente que hay varios factores que se conjugan limitando los grados de libertad de los gobiernos y la independencia política: los tratados internacionales, que tienen validez constitucional, la importancia de ciertos movimientos económicos que los gobiernos no pueden dejar de considerar a la hora en que toman decisiones y, los procesos de transferencias de competencias del nivel nacional al supranacional propios de la profundización de la integración (experiencia que no hemos conocido en el Mercosur hasta ahora). Dicho en otras palabras, la interdependencia, la globalización, la integración, cambian mucho la naturaleza de la política.

Conservaremos grados de libertad, pero el arte político se habrá complejizado. Todo esto si estos procesos continúan, si no sobreviene, Dios nos libre, debido a los excesos globalizadores, los fracasos en la integración, los odios nacionalistas, los neoautoritarismos (como el de Putin), una nueva edad de las sombras y los Estados se repliegan sobre sí mismos. Los heraldos de este tiempo ya están tocando sus trompetas, ojalá lo estén haciendo en falso.

Alberto Volonte. Abogado y político uruguayo, ex embajador en Argentina.

1) El Bicentenario de la Declaración de la Independencia argentina es el antecedente de la declaración de independencia de la Banda Oriental el 25 de agosto de 1825, preámbulo de la convención preliminar de paz que permitió el nacimiento de la republica oriental del Uruguay, cuya Constitución juramos el 18 de julio de 1830.  Significa entonces para mí el Bicentenario argentino la razón suficiente que hoy nos permite ser una nación soberana, independiente y orgullosa de una historia y un destino común con la República Argentina.

2) Los principios fundacionales son eternos. Dime cómo naces y te diré cómo vives. No es la nostalgia ni el creer que todo tiempo pasado fue mejor, simplemente la “libertad y la independencia“ junto a la democracia y los valores republicanos son eternos y su vigencia es permanente.

3) Ser independiente, para una nación como la nuestra, es hoy, a mitad de 2016, poder mirar para atrás y comprobar que valió la pena jurar nuestra Constitución el 18 de julio de 1830 y así los que habitamos esta bendita tierra ser quienes hemos resuelto todos nuestros avatares. Los uruguayos fuimos los actores de nuestro pasado, construimos nuestro futuro y resolvemos nuestro presente. No es retórico. Tan uruguayos somos  que en el error o en el acierto elegimos nuestros gobiernos como las mayorías disponen y tenemos una cultura política que envidia la región y el mundo reconoce.

Pablo Alabarces. Investigador del Conicet y profesor de la Universidad de Buenos Aires.

1) Las efemérides suelen ser ocasiones para hacer balances (como los cumpleaños, después de todo), y las cifras redondas se prestan especialmente para ello (como cumplir 50 años, para insistir en el ejemplo). Es preciso ser antipático: la Declaración de la Independencia llegó retrasada (Artigas ya la había reclamado en el año XIII), tironeada por la máscara de Fernando VII y administrada por las élites terratenientes o mercantiles. No fue, de modo alguno, un proyecto democrático ni mucho menos, y por eso apenas podía inaugurar lo que le sucedió: 64 años de guerras civiles. Pero, claro, es el comienzo de un largo proceso jurídico que desemboca en la invención de una Nación Argentina (no en el inicio: se trataba sólo de unas presuntas Provincias Unidas) y entonces es como celebrar el nacimiento de un nene al que luego veremos crecer durante 200 años. El nene nos ha salido un tanto tarambana, egoísta, presumido, pedante y muy injusto, básicamente, de modo que celebrarlo se vuelve difícil. No cuenten conmigo.

2) Sí, porque eran tan elitistas y antidemocráticos como falaces. La tesonera vocación de nuestras clases dominantes por despreciar a sus clases populares y por ocultar sus intereses bajo la fachada del “bien común” se mantiene incólume, posiblemente hoy más que nunca.

3) La independencia tuvo y tiene más efectos jurídicos que políticos. El proceso inaugurado en 1816 desembocó 64 años más tarde en unidad territorial, administrativa y jurídica, pero nunca en independencia política: la Argentina jamás dejó de estar organizada por los intereses de sus clases dominantes y sus alianzas –cambiantes– con potencias e intereses extranjeros. La soberanía popular expresada en el voto (que comenzó sólo un siglo después de la consabida Independencia, y sólo masculina) es condición necesaria pero no suficiente para la construcción de una sociedad democrática. Entonces, la independencia política depende siempre de la efectiva construcción de una sociedad radicalmente democrática e igualitaria. Me temo que al respecto no tenemos nada que celebrar.

Victor Ramos. Historiador, fundador del Inadi.

1) Una tragedia. A 200 años de la Declaración de la Independencia no logramos constituirnos como los Estados Unidos del Sur. Desde ese instante fuimos partidos en treinta países. El general San Martín fue quien más impulsó a los delegados, muchos de ellos temerosos, a votar por la Declaración de la Independencia. Pero de inmediato caímos en la “dependencia” y de allí su decepción.

Norteamérica logró su independencia conformando los Estados Unidos. Su lema fue: “Unidad o muerte”. Y para bien de ellos el sector industrial se impuso al agroexportador.
Nosotros, por el contrario, nos separamos del Uruguay, Paraguay, Chile, Bolivia, Perú y el resto de América. No somos “estados unidos”, sino “estados desunidos”. El proyecto porteño pro británico triunfó sobre el federal latinoamericano. Y para peor, la burguesía comercial porteña agroexportadora aplastó el proyecto industrialista. Los objetivos de Martín de Güemes, Bernardo Monteagudo, Felipe Varela, Gervasio Artigas y José de San Martín no pudieron concretarse. Algunos de ellos fueron desterrados y murieron en el exilio, los otros, asesinados. Fue una verdadera tragedia. Logramos la independencia de España para caer en la británica, pero divididos. El gesto de mayor autonomía política y económica de los últimos 200 años fue la puesta en marcha del Mercosur y no lo estamos cuidando.

2) Sí. Vemos al país gobernando al estilo unitario de Rivadavia o Mitre. Desde Buenos Aires se aplasta a las provincias. Se vuelve la espalda a América Latina y se busca la asociación con Europa y los Estados Unidos. El colonialismo financiero y cultural mantiene los mismos principios. Ayer era Inglaterra quien nos despachaba ponchos y manufacturas producidas por los obreros de Manchester o Liverpool a cambio de carne vacuna. Hoy es China quien nos exporta baratijas tecnológicas a cambio de granos. No es un “neo” liberalismo, sino el liberalismo económico de siempre. En el plano cultural la televisión juega el papel de formador de consumidores. Ya no hace falta un ejército de ocupación para ganar mercados. Como vemos, los principios de los cipayos de ayer siguen vigentes para los de hoy.

Pero también como ayer se mantienen las banderas de la Patria Grande y la unidad latinoamericana, la “Nación inconclusa”, como decía un cercano pensador.

3) Vivimos una independencia formal, en una semicolonia real. No hay duda que la “tercera posición” durante el siglo XX fue una postura valiente e independiente ante el mundo imperialista y estalinista. Hoy el terrorismo es la contracara del Estado policial norteamericano. Uno u otro.

Y en nuestro país pareciera que la contracara del macrismo es el kirchnerismo. Es como si se necesitaran mutuamente para existir. Es difícil ser políticamente independiente cuando el maniqueísmo obliga a optar por los polos. La falsa antinomia deja poco espacio a las mayorías.

El pensamiento político y cultural independiente que se observa con claridad es el del papa Francisco. Defiende e ilumina la situación de los inmigrantes, de los sin techo, de los desocupados, de los sin tierra y de todas las personas que desecha el injusto sistema que predomina.
Fabian Harari. Doctor en Historia, miembro de Ceics y docente universitario.

1) Más allá de cada número redondo, se conmemora el inicio de una experiencia histórica llamada “Nación Argentina”. La evocación de la Independencia remite a dos fenómenos. El primero es la revolución, es decir, la transformación social consciente. Estos territorios pertenecían a la nobleza española, con sus leyes y sus relaciones económicas (servidumbre y esclavitud). Fue así como una clase entonces revolucionaria decidió desobedecer las leyes y las autoridades, y constituir una fuerza social para tomar el poder por asalto para transformar la sociedad toda. El segundo es la construcción de una dominación y de un sistema social particular. La dominación de la burguesía y el sistema capitalista. Por lo tanto, este año se cumplen 200 años de la hegemonía de la burguesía nacional. Una clase que nos llevó adonde estamos.

2) Los principios sí. Las promesas no. Nos prometieron muchas cosas, pero sabían muy bien que sus principios eran otros. La revolución y la independencia no se hicieron para beneficiar a toda la población, sino sólo a los principales propietarios, perjudicados ellos por el régimen colonial. Los verdaderos  principios fueron “propiedad”  y “seguridad”. Propiedad,  porque querían asegurar sus tierras, sus vacas, sus depósitos y sus barcos. Seguridad, porque había que mantener el orden suficiente para que ningún desposeído, y mucho menos una asociación de ellos, quisiera hacer realidad las promesas de “igualdad” y “fraternidad”. El legado se mantiene hasta hoy en día. Los principios liberales de ese momento son los que rigen nuestra Constitución. Vivimos en esa sociedad que ellos querían construir: el capitalismo. Un sistema en el cual la ganancia decide qué es lo importante y la propiedad, quién es realmente un ciudadano. Ambas están por encima de la vida. Miles de personas pueden morir de hambre, sin que ninguna responsabilidad caiga sobre dueño alguno de fábricas o supermercados. En cambio, quien intente evitar la muerte, suya o de sus semejantes, por sus propias manos, irá preso, porque la vida no es sagrada,  pero la propiedad sí.

3) La independencia en sentido abstracto no existe. Ni de los individuos, ni de las naciones. Desde que salimos del estadio de horda carroñera, todos los seres humanos dependemos de la sociedad para vivir. A su vez, todo lo que hacemos “molesta” o “beneficia” a algún otro y todo el tiempo estamos siendo afectados por pensamientos y acciones de gente cercana o lejana (dirigentes, pensadores, artistas, etc.). Lo mismo sucede con  los países. Independencia nacional sólo puede referirse a la capacidad de una burguesía nacional de controlar el territorio, lo que sucede aquí desde casi 200 años. En el sentido económico, no hay ningún espacio “independiente”, casi desde el siglo XVI (por lo menos, en América), ni puede haberlo. Hay una sola economía mundial, que se impone en todos los espacios nacionales. En todo caso, sí hay una dependencia de la que vale la pena liberarnos: la de la ganancia como ordenador de las relaciones y de los recursos. Esa sería nuestra verdadera independencia: la libertad de toda la humanidad de decidir, en forma colectiva y racional, cómo usar sus riquezas.

Gabriel Di Meglio. Doctor en Historia e investigador del Conicet.

1) Lo que se independizó en 1816 no fue Argentina, sino las Provincias Unidas en Sudamérica, un Estado en el que había provincias que hoy son argentinas, pero también algunas que hoy son bolivianas, y en el que no quisieron ingresar provincias que estaban dentro de un proyecto político alternativo, la Liga de los Pueblos Libres, ni tampoco territorios entonces indígenas que más tarde serían ocupados por ejércitos argentinos. Si bien ese experimento de 1816 se derrumbó en 1820, todos los proyectos políticos posteriores tomaron el 9 de Julio, junto con el 25 de Mayo de 1810, como punto de partida, como referencia ineludible de construcción nacional. Por lo tanto, son fechas con un peso enorme, como todo mito de origen. E interpelan a cada generación. Son una celebración comunitaria, una reafirmación de identidad.

2) La Independencia de 1816 fue parte de un período de cambios profundos, “la era de las revoluciones” –la estadounidense, la tupamarista-catarista, la francesa, la haitiana, las de emancipación iberoamericana–, que puso las bases del mundo moderno. Ideas como la aspiración de libertad e igualdad, aunque eternas asignaturas pendientes, y la soberanía del pueblo como fundamento del poder ascendieron al primer plano. Hoy parece difícil poder mantener esos principios.

3) En la actualidad ser independiente es poder tomar decisiones soberanas en política, economía, cultura. Esto es muy difícil y podemos imaginar que las futuras luchas por la independencia serán protagonizadas por Estados queriendo poder tomar decisiones soberanas frente al gran poder del “mercado”, de las grandes corporaciones multinacionales, que realmente dirigen todo. Es decir, defender la idea de soberanía del pueblo ante poderes que no son elegidos pero que tienen una fuerza descomunal.

Hilda Sabato. Historiadora e investigadora del Conicet.

Como cualquier conmemoración histórica, la del Bicentenario tiene su propia historia, que nos habla más de cómo se construyeron los mitos nacionales que de cómo sucedieron las cosas. Es una excelente ocasión, por lo tanto, para reflexionar sobre las dos cuestiones: sobre qué pasó y sobre cómo elegimos recordar lo que pasó. Esta reflexión puede alimentar nuestros debates actuales no sólo sobre el pasado, sino también sobre el presente y el futuro. En este caso, conmemoramos una fecha que evoca un hecho real: la declaración que proclamó, el 9 de julio de 1816, a las Provincias Unidas en Sudamérica libres e independientes de la corona de España así como –se agregó enseguida– “de toda otra dominación extranjera”. Esa fecha adquirió, con el tiempo, un enorme valor simbólico, pues se la revistió de un carácter fundacional, como el momento en que se habría producido la “independencia de la Argentina”. La situación en 1816 era, sin embargo, mucho más incierta. Quienes se reunieron en Tucumán como representantes de diferentes provincias o espacios que habían pertenecido al Virreinato del Río de la Plata bajo dominio español tenían objetivos más inmediatos. Era un momento dramático, pues la mayor parte del territorio hispanoamericano había vuelto al control de los leales a la corona –tanto españoles peninsulares como americanos– y sólo la región del Río de la Plata seguía en manos de quienes reclamaban el autogobierno bajo el principio de la soberanía popular. Proclamarse independientes comportaba un desafío mayor, no sólo al imperio, sino a buena parte de sus socios europeos. Quienes en estas tierras tenían a su cargo librar la guerra contra los leales –como San Martín, entre otros– reclamaban una formal declaración de autonomía, para reforzar la causa que llamaban “patriótica” y presentarse al mundo como un Estado independiente y no como simples rebeldes dentro del imperio. En esas circunstancias, la resolución de los congresistas fue un gesto de decisión política clave para avanzaren su lucha contra la condición colonial. De todas maneras, lo que siguió no fue un camino lineal de consolidación nacional, sino un proceso largo y conflictivo, de resultados impredecibles. Tiempo después, cuando se fue perfilando una República Argentina que buscaba afirmarse como nación, aquella declaración de las Provincias Unidas fue incorporada al mito de origen y desde entonces, reiteramos los rituales que marcan esa tradición. Es difícil transpolar los valores vigentes a principios del siglo XIX a nuestro tiempo. Por lo tanto, más que tratar de explorar qué queda y qué no de todo aquello, interesa cómo redefinimos en cada momento de nuestra historia esos conceptos que fueron centrales en esos años, como soberanía popular, igualdad, libertad e independencia, y que todavía resultan fundamentales en nuestra constitución y reconstitución como comunidad política.

*Producción: Agustina Grasso

200 años al futuro: 200 años de la Independencia Argentina

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Casa Histórica – Fotografía Agustín Haro

¿Breves palabras para un momento tan significativo? Nuestra patria cumple 200 años de independencia, que no son nada pero a la vez son todo, dos siglos independientes de España. Como hablamos en nuestra presentación, 200 años de luchas y pugnas que hasta hoy se intentan cerrar, sectarismos y dualidades, pero 200 años de grandes hombres, descubrimientos, ciencia y cultura sin igual. Como argentinos y como tucumanos, en Revista Historia para Todos, queremos saludar a todos por este día tan especial para nuestra historia y trabajar en nuestra reflexión, para que nuestro futuro sea cada vez más promisorio. ¡Viva la patria!

Vigilia del Bicentenario – En vivo

Si bien son diversos los medios que están cubriendo la vigilia y los espectáculos que se están dando a lo largo y ancho de Argentina, la Televisión Pública nos está mostrando los eventos, mientras que TN está transmitiendo lo que sucede en la Plaza Independencia, plaza central de Tucumán. Para quienes quieran seguirlo…

http://www.tvpublica.com.ar/vivo-2/

http://tn.com.ar/envivo/24hs

Educ.ar: Bicentenario 2016 – El Congreso de Tucuman

El portal educ.ar nos trae la sección bicentenario 

Un conjunto de materiales para estudiar la historia de la Declaración de la Independencia: entrevistas a historiadores de la ASAIH para conocer el proceso histórico del Río de la Plata y su contexto; otros testimonios de expertos de la Academia Nacional de Historia para pensar el significado del hecho; propuestas para los más chicos y guías didácticas con sugerencias de educación digital para trabajar el siglo XIX con herramientas del siglo XXI.

El Congreso de Tucumán

Gabriela Tío Vallejo es Doctora en Historia por el Colegio de México. Se desempeña como Profesora Asociada en la cátedra de Historia de América en la Universidad Nacional de Tucumán. En esta exposición presenta el panorama político de las Provincias Unidas antes y durante el Congreso.

Pueden ver el video desde clickeando aqui

Revista Historia para Todos – Año 2 – Número 3 – Julio 2016 – ISSN 2451 – 6333

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Hoy 6 de Junio y tal como lo anunciamos, lanzamos nuestro tercer número. Sin dudas, sumamente especial por la fecha que se acerca para nuestra historia argentina: el bicentenario de la Independencia. 

Sin lugar a dudas, van a leer la edición más extensa de la revista. Fue un arduo trabajo que comenzó a realizarse a finales del año pasado y que hoy ve la luz con estas cuestiones a tener en cuenta:

La novedad, es que para este número sumamos la “sección bicentenario”, que estuvo abierta en la convocatoria y que cuenta con la participación de investigadoras e investigadores de Tucumán, Buenos Aires y Uruguay. En la misma buscamos mostrar una variedad de voces que traten acerca del complejo proceso independentista, sumando estudios acerca de la época del centenario. 

Consecuentemente, continuamos con nuestras secciones clásicas de la revista, sección de artículos, reseñas críticas y transcripción de documentos.  Como en todo nuestros números, el objetivo de presentar la diversidad como elemento enriquecedor de la disciplina permite crear un número fantástico.

Además, y siguiendo la idea de realizar una difusión de los artistas locales, contamos para este número con la participación de Matias Muzzillo – ilustrador, dibujante y artista – en dos ilustraciones: la portada, un sincretismo entre actores de nuestra historia (Bernardo de Monteagudo, Manuel Belgrano, los pueblos originarios y la estatua de la Libertad de la escultora Lola Mora); y cierra este número, “El Grito Argentino”, que esperamos puedan disfrutar. Queremos agradecerle en nombre de todo el equipo de la revista por sumarse con grandes trabajos para este número 3

Tanto como en el nº1 y nº2, queremos agradecer infinitamente a DOT ESTUDIO GRÁFICO por el magnífico diseño, con la particularidad que van a encontrar en los nuevos colores elegidos para este número tan especial. ¡Mil gracias!. Los recomendamos por su gran profesionalismo y excelencia para trabajar http://www.dotestudiografico.com/

Cada producción tiene su riqueza y ello se demuestra en la calidad de cada una. Por esa razón, queremos agradecerles a todos los que participaron de este nuevo número, a los autores y autoras, artistas, evaluadores y sobre todo a ustedes por acompañarnos a lo largo de este proceso que da inicio a su segundo año. Con ustedes Revista Historia para Todos Nº3

Les comentamos las opciones de lectura y descarga gratuita que tienen:

ISSU: sólo lectura. Podrán poner la revista en pantalla completa y leerla como una revista física

GOOGLE DRIVE: lectura y descarga. Son dos archivos a elección los que pueden leer y descargar, uno se puede visualizar página por página y el otro como revista, al igual que ISSU pero ambos pueden descargarse gratuitamente.

A continuación les dejamos el índice de la revista, nuevamente agradecemos a los autores y autoras que confiaron en nosotros para enviar su publicación y felicitarlos por la fantástica calidad de sus producciones.

SECCIÓN BICENTENARIO

10 | La “desgraciada raza indígena” y la independencia
Cristina del Carmen López
18 | Revisitando la Independencia
Elena Perilli de Colombres Garmendia
28 | Parentesco y poder. Reflexiones en torno al Tucumán borbónico y la Independencia
María Lelia García Calderón
36 | El concepto de libertad en El Sol de las Provincias Unidas (1814)
Carolina Luongo Roca
44 | Conceptos Políticos en la Gazeta de Montevideo hacia el Final del segundo Sitio
(Enero-Junio de 1814). El caso de la Lealtad
Guido Guintela
54 | Costos y beneficios de una economía en guerra. Tucumán 1810-1825
María Paula Parolo
64 | La Iglesia católica frente a las presiones democráticas del Centenario
Miranda Lida
72 | Las mujeres instruidas asumen el desafío de tomar la palabra: representaciones de la Independencia en el fin del siglo
Marcela Vignoli

SECCIÓN ARTÍCULOS

80 | El conflicto de los “ismos” dentro del Revisionismo histórico y en torno a la Guerra del paraguay
Ariel Julián Otal Landi
90 | “El arte en la calle”. Vidrieras de autor y experiencia histórica de las imágenes
Juan Cruz Pedroni
98 | ¡América! Vladimir Mayakovski en México a través de la fotografía de Tina Modotti, 1925
María De las Nieves Rodríguez y Méndez
108 | Cine, censura y catolicismo durante la primera presidencia de Perón (1946-1952): el caso de la revista Criterio
María Alejandra Bertolotto
118 | Historia viva en una narrativa de muerte: el kaidan japonés
Antonio Míguez Santa Cruz
128 | El movimiento sindical ante el “68’ uruguayo” y los “rosariazos de 1969”
Sabrina Alvarez Torres
138 | Dunas de sangre y Estados de arena: una revisión historiográfica sobre las estrategias de integración de las etnias kurdas en Siria e Iraq
Eduardo Núñez Mayeya

SECCIÓN RESEÑAS

150 | Lida Miranda / “Años dorados de la cultura argentina. Los hermanos María Rosa y Raimundo Lida y el Instituto de Filología antes del peronismo” Eudeba, Buenos Aires, 2014, 264 p.
Cecilia Guadalupe Neubauer
154 | Lic. Cristina López / “Arrieros y carreteros tucumanos. Su rol en la articulación regional (1786-1810)” En Revista Andes, Salta, Nº 6, 1993
Julio Javier Córdoba
158 | Munilla Lascasa, María Lía / “Celebrar y gobernar. Un estudio de las fiestas cívicas en Buenos Aires 1810-1835” Buenos Aires, Miño y Dávila Editores, 2013, 295 p. / ISBN: 978-84-15295-42-6
Marcela Ana San Miguel
162 | Fortuny Natalia / Memorias fotográficas: Imagen y dictadura en la fotografía argentina contemporánea La Luminosa, Buenos Aires, 2014
Miguel Ángel Ochoa

TRANSCRIPCIÓN DE DOCUMENTOS

168 | Leyes sobre buenas costumbres y deberes ciudadanos
Andrés Camilo Suarez Garzón
180 | Archivo General de la Nación (México), Causa formada al padre mercenario Fray Melchor Talamantes por infidencia, 1808, colección: Historia, sección: Instituciones coloniales, vol. 586, fs. 184-189
Jesús Ángel Torrijos Mayén

LINKS DE DESCARGA: GOOGLE DRIVE FORMATO REVISTA / GOOGLE DRIVE FORMATO PÁGINA

LINK DE LECTURA: ISSUU

 

La independencia en perspectiva – 8 de julio – Tucuman

8dejulio

Gran evento con la participación de

Gabriela Tío Vallejo (Universidad Nacional de Tucumán. INIHLEP)

María Paula Parolo (ISES-Universidad Nacional de Tucumán)

Gabriela Lupiañez (Universidad Nacional de Tucumán)

Marisa Davio (ISES-CONICET)

Facundo Nanni (CONICET- INIHLEP. Universidad Nacional de Tucumán)

Ana Wilde (Universidad Nacional de Rosario- INIHLEP. Universidad Nacional de Tucumán)

Natalia Sobrevilla (University of Kent, Inglaterra)

Claudia Rosas (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Marcela Echeverri (Yale Univesity, EEUU)

Daniel Gutiérrez Ardila (Universidad Externado de Colombia)

Juan Luis Ossa (Universidad Adolfo Ibáñez, Chile)

Gabriel Di Meglio (CONICET-Universidad de Buenos Aires-Universidad Nacional de San Martín)

Alejandro Rabinovich (Universidad Nacional de La Pampa-CONICET)

Novedad: “Los marroquíes judíos en la Argentina, 1860-1970” de Diana Epstein

NOVEDAD
LOS MARROQUÍES JUDÍOS EN LA ARGENTINA, 1860-1970
Fragmentos de una identidad
DIANA EPSTEIN
"Los marroquíes judíos en la Argentina, 1860-1970. Fragmentos de una identidad" de Diana Epstein
Colección LA ARGENTINA PLURAL

Este libro nos presenta los avatares de una pequeña colectividad que no pocas veces sería subsumida dentro del gran colectivo sefardí o, más ampliamente, dentro de la colectividad judía. Sin embargo, Diana Epstein muestra aquí las particulares y especiales facetas que los marroquíes de origen judío exhibieron en su instalación en la Argentina.

 

Índice del libro disponible aquí

Este libro trata sobre la presencia de marroquíes judíos en la Argentina, que conforman un fragmento reducido del colectivo sefardí, sus tradiciones, sus conflictos y tensiones dentro de la comunidad, entre otros temas.”

Derechos de autor en Revista Historia para Todos

Ante recientes consultas, queremos dejar aclaradas algunas dudas: los derechos del autor en la revista.

Nosotros pedimos producciones originales, pero sabemos cuál es el rol que deseamos cumplir: posicionarnos en un lugar intermedio entre la academia y la divulgación donde aquellos que quieren comenzar a conocer el mundo de las publicaciones puedan animarse, y donde aquellos que ya conocen puedan mostrar sus avances investigativos.

Los derechos del autor una vez que publica en Revista Historia para Todos, son compartidos. ¿Como es ésto?

  1. Si el autor desea publicar el mismo artículo en su página web o en otra revista debe avisarnos a revistahistoriaparatodos@gmail.com para tomar conocimiento, ya que nuestras ediciones están registradas y al ser el artículo publicado el mismo pasa a formar parte de ese registro. El permiso de publicación se da en ese caso siempre y cuando el autor aclare a pie de página donde fue publicado.
  2. Si el autor desea realizar una ampliación de su trabajo publicado, tiene total atribución para poder hacerlo ya que estaría modificando y añadiendo trabajo de investigación al ya efectuado
  3. Atribuciones: La revista no puede ser copiada con motivos comerciales, si puede ser difundida de forma gratuita en medios, páginas web y redes sociales.
  4. Si un tercero copia el artículo sin citar (plagio), estará infringiendo un código ético y legal, ya que Revista Historia para Todos se encuentra registrada, y tanto el autor como nosotros podrá accionar al respecto
  5. En caso de ser un tercero y use alguno de los artículos publicados en Revista Historia para Todos, deberá ser citado, sea su uso en: páginas web, redes sociales o trabajos de investigación personales

Desde ya, muchas gracias. Respetemos nuestros derechos. No al plagioLogo revista historia para todos f-06

1 de julio: Dia del Historiador (Argentina)

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Hoy en Argentina celebramos el “Día del Historiador”, y por esa razón desde Revista Historia para Todos queremos desearles a todos los investigadores, sean historiadores titulados o no, tengan papeles o no, sean de oficio o no, que tengan un excelente día, que la historia como muestra de nuestra realidad, la historia como problema y el gusto por la curiosidad nos persigan por muchísimos años más. Feliz día!

Ley 25.566
Declárase Día del Historiador el 1° de julio de cada año.
Sancionada: Marzo 14 de 2002.
Promulgada: Abril 4 de 2002.
El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos en Congreso, etc. sancionan con fuerza de Ley:
ARTICULO 1º — Declarar Día del Historiador el 1º de julio de cada año a los efectos de recordar y homenajear el esfuerzo que han realizado y realizan los escritores, investigadores, profesores y aficionados dedicados al estudio, propagación y análisis de los acontecimientos de carácter histórico.