Hallan una colección de vinos del siglo XIX en un castillo checo

Las botellas están muy bien conservadas y la colección completa podría alcanzar un valor de un millón de dólares

SÁBADO 11 DE JUNIO DE 2016 • 16:53
Los vinos hallados en un sótano del castillo checo datan de 1892 en adelante
Los vinos hallados en un sótano del castillo checo datan de 1892 en adelante. Foto: AFP
BECOV NAD TEPLOU, República Checa (AFP).- Unos aristócratas checos sospechosos de colaboracionismo con los nazis huyeron apresuradamente de su castillo al final de la Segunda Guerra Mundial, no sin antes esconder un tesoro que incluye una colección de vinos del siglo XIX.

“Castillo de Yquem 1896”, “Pedro Ximenes 1899”, “Porto 1892″… se lee en las placas, al lado de las botellas colocadas en los estantes de una caja de madera, en una bodega fría y cerrada con llave.

Se hallan en el castillo de Becov nad Teplou, con vistas a un valle del oeste de la República checa, entre Karlovy Vary y Plzen. “Degustar un vino de más de 20 años ya es una experiencia única, pero saborear uno del siglo XIX es casi irreal. Sólo sucede una vez en la vida”, reconoce el sumiller Jakub Pribyl.

El castillo de Becov nad Teplou tenía secretos escondidos
El castillo de Becov nad Teplou tenía secretos escondidos. Foto: AFP

Él tuvo la oportunidad de hacerlo gracias al sistema Coravin, que permite acceder al vino sin descorchar la botella y dejar intacto el resto del contenido.

“Además de los años, la colección es única por las circunstancias de su descubrimiento y por su diversidad: hay vinos diferentes de varios países, como Francia y España. íY su estado es fantástico!”, declara.

Las primeras estimaciones alcanzan los 20 millones de coronas (740.000 euros) por esta colección, oculta durante décadas bajo el suelo de una capilla, junto a una obra maestra de orfebrería. Pero el precio podría dispararse en una subasta.

Algo oculto en algún sitio

Los miembros de la familia Beaufort-Spontin, propietaria de Becov nad Teplou desde 1813, se fueron a toda prisa del castillo en 1945, pero antes escondieron tesoros que no habrían pasado desapercibidos para los soviéticos y estadounidenses.

Cuatro décadas más tarde, en nombre de la familia, un empresario estadounidense pidió permiso a la administración checoslovaca comunista para recuperar un objeto oculto en alguna zona de Bohemia a cambio de 250.000 dólares.

Como necesitada de divisas occidentales el gobierno checo aceptó, pero al mismo tiempo pidió a la policía que emprendiera la búsqueda a contrarreloj de “algo” oculto “en algún sitio”.

“La investigación se centró en tres familias de la nobleza y en sus antiguas residencias. En noviembre de 1985, unos quince días antes de la fecha prevista de la transacción, los agentes acudieron con detectores de metales a Becov nad Teplou”, cuenta Tomas Wizovsky, administrador del castillo.

“Buscaban en los jardines, pero como hacía mal tiempo, entraron en el interior. Y la primera puerta a la derecha es la de la capilla”, prosigue. Los policías vieron el relicario de Saint-Maur, uno de los objetos de orfebrería más valiosos en el territorio de la República Checa, junto con las joyas de la corona real en el castillo de Praga.

Botellas polvorientas

El hallazgo de una pieza excepcional del arte medieval, fabricada entre 1225 y 1230 en la provincia de Namur en Bélgica, eclipsó a las botellas de vino encontradas en el escondite. El relicario consta de un núcleo de madera de roble y un cofre de plata y cobre, cubiertos de relieves, filigranas y gemas. Se cree que contiene una falange de San Juan Bautista.

“Me imagino que las botellas polvorientas no llamaron demasiado la atención. Los policías las metieron en una caja” y no se interesaron por ellas, contó el administrador. El vino salió de nuevo a relucir con motivo de su reciente inscripción en la lista de objetos del castillo.

El cambio de tapón de las botellas, indispensable para prolongar la vida del vino, se hará próximamente en Francia, en el castillo d’Yquem, en la región de Burdeos. Pero la polémica sobre el destino de la colección sigue abierta.

“La diferencia entre una botella de vino y un cuadro es que un Gauguin siempre será un Gauguin, mientras que el vino pierde valor”, afirma Pribyl. “Sería razonable vender en subasta al menos las unidades más valiosas”, considera el sumiller. La decisión está en manos del Estado.

“No se han previsto subastas, la dispersión de la colección no tendría sentido, su valor radica en su conjunto. Las botellas se quedarán donde están y algunos expertos podrán acceder a ellas en casos excepcionales”, reacciona Wizovsky, el administrador del castillo.

Todo apunta a que el licor de higos “Saint-Maur” elaborado actualmente en Becov nad Teplou será el único consuelo para los aficionados.

LA NACION

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