Hashshashin: la fuente de inspiración de Assassin’s Creed

No es la primera vez que destacamos el gran potencial que tiene la Historia como fuente de inspiración para el mundo del ocio y el entretenimiento. De hecho, aunque ya subrayamos en más de una ocasión que una película, una novela o un videojuego no pueden ser concebidos como fuentes históricas, a menudo suelen ser un gran aliciente para que aquellos que se sienten atraídos por el tema comiencen a experimentar una curiosidad que los lleve a investigar de manera más profunda y rigurosa en él.

Es el caso, por ejemplo, de la saga de videojuegos Assassin’s Creed, que sin dejar de ser una forma más de ocio, está basada en hechos que tienen su parte histórica, y que hoy nos gustaría contaros. Los «assassin» o «hashshashin», en su origen, fueron un grupo minoritario del Islam, una secta ismaelita dentro de la corriente del chiísmo. Sin embargo, van a cobrar una gran importancia entre los siglos XI y XIII no tanto por su cantidad de seguidores como por sus llamativos asesinatos de dirigentes políticos y militares muy relevantes.

Fotograma del videojuego Assasin´s Creed
Fotograma del videojuego Assassin’s Creed

Para situarnos mejor, debemos señalar que este grupo se constituirá en la zona de la actual Irán, donde la mayoría de la población era sunní, si bien tuvo en principio su gran centro de poder en la capital del Califato Fatimí, El Cairo. Pero las disputas sucesorias en esta zona hacia la última década del siglo XI llevarían a una escisión dentro del imaelismo entre aquellos partidarios de Al-Mustali (quien se acabaría alzando con el título de califa) y su hermano Nizar, al que apoyarían estos «hashshashin», a partir de ahora más conocidos como «nizaríes».

Aunque sus actividades como grupo se remontan a mucho tiempo atrás, podemos considerar como fecha clave la de 1090, cuando se refugian en la inexpugnable fortaleza de Alamut, un castillo emplazado en un valle entre las montañas de Elburz, al norte de Irán. Desde allí, y bajo el mandato de Hassan-i-Sabbah, a quienes apodarían «El Viejo de la Montaña», comenzarían a propagar sus creencias y promoverían la construcción de un complejo y amplio entramado de fortificaciones similares en las que se constituirían como un movimiento cada vez más poderoso.

«El Viejo de la Montaña» en representaciones medievales
«El Viejo de la Montaña» en representaciones medievales

De Hassan-i-Sabbah se contaron muchas historias, algunas de las cuales parece que pudieran ser más verídicas y otras menos, lo que hace que resulte difícil saber distinguir realmente entre la realidad y la ficción. En cualquier caso, no deja de resultar llamativo que muchas versiones cuentan cómo suministraba hachís a sus súbditos (de ahí el nombre «hashishinos» o «consumidores de hachís», del que luego derivaría el término «asesino») para hacerlos sentir en un estado similar al que experimentarían en el paraíso, y cómo luego conseguía que cumplieran cualquier orden a cambio de ese paraíso prometido, incluyendo los asesinatos de personajes importantes en público que conllevarían una muerte segura. Por su parte, los actuales seguidores del ismaelismo chií lo muestran como un hombre piadoso y gran intelectual.

Se cuenta que durante la época en que este personaje ocupó el liderato de la secta, fue cuando se empezó a consolidar el movimiento, aunque lo cierto es que a su muerte, en 1124, éste no hizo sino crecer cada vez más hasta convertirse en un auténtico quebradero de cabeza tanto para cristianos como para musulmanes, y especialmente para los sultanes selyúcidas, con quienes mantuvieron una tensa disputa. De hecho, como grupo minoritario que era, aprovechó las rencillas entre cristianos y musulmanes para actuar en uno y otro bando según la ocasión y conseguir mantener un equilibrio y sobrevivir. Si me permiten el anacronismo, en determinadas ocasiones podría decirse que fueron «sicarios» de uno u otra bando, lo que le permitió finalmente resistir como una importante fuerza en sus fortificaciones hasta el siglo XIII.

Fue entonces cuando la irrupción de los mongoles de Hulagu Khan, nieto del famoso Gengis Khan, pusieron fin a este auge de los naziríes, arrasando prácticamente todas sus fortalezas y acabando con la vida de sus principales líderes. La inexpugnable Alamut dejaría de serlo precisamente en 1256, pero la supervivencia de algunos naziríes permitió que el movimiento no muriera del todo y viviese un renacimiento siglos después.

La fortificación de Alamut
La fortificación de Alamut

Así fue como en el siglo XV, algunos de ellos consiguen volver a predicar, esta vez en la India, las doctrinas de los «hashshashin», constituyéndose una poderosa fuerza de nizaríes indios también conocidos como «khodjas», que perviviría a lo largo de los siglos venideros. Y ya en el siglo XIX, Hashan Ali Shah, heredero lejano del único hijo superviviente del último imán nazirí, conseguiría que el Sha de Irán le concediese el título de Aga Khan. Desde 1848, instalaría su sede en Bombay y se convertiría en la gran autoridad de los ismaelíes indios o khodjas, legado que llegaría hasta nuestros tiempos, siendo Shah Karim al-Hussayini el más reciente heredero con el nombre de Aga Khan IV.

Como vemos, no se trata de los mismos personajes exactamente ni se puede otorgar completa fiabilidad al videojuego que hemos comentado, pero estamos convencidos de que el gran éxito de éste puede ayudar a fomentar la curiosidad e interés por un periodo histórico tan complejo y fascinante como es la Edad Media.

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