Herramientas: Le Goff – El Orden de la Memoria

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El concepto de memoria es un concepto crucial. Si bien este artículo está dedicado exclusivamente a la memoria como partícipe de las ciencias humanas (y sustancialmente de la historia y de la antropología) —tomando por eso en consideración sobre todo la memoria colectiva más que la individual— tiene en cuenta describir sumariamente la nebulosa memoria dentro de la esfera científica en su conjunto. La memoria, como capacidad de conservar determinadas informaciones, remite ante todo a un complejo de funciones psíquicas, con el auxilio de las cuales el hombre está en condiciones de actualizar impresiones o informaciones pasadas, que él se imagina como pasadas. Bajo este aspecto, el estudio de la memoria penetra en la psicología, en la parapsicología, en la neurofisiología, en la biología y, para las perturbaciones de la memoria —en las que la principal es la amnesia—, en la psiquiatría. Algunos aspectos del estudio de la memoria, dentro de una u otra de esas ciencias, pueden denunciar, ya de modo metafórico, ya de modo concreto, aspectos y problemas de la memoria histórica y de la memoria social. El concepto de conocimiento, importante para el período de adquisición de la memoria, lleva a interesarse por variados sistemas de educación de la memoria existentes en las diferentes sociedades y en épocas diversas: la mnemotécnica. Todas las teorías que, cual más cual menos, apuntan a la idea de una actualización más o menos mecánica de las huellas mnésicas, han sido abandonadas en favor de concepciones más complejas de la actividad mnemónica del cerebro y del sistema nervioso: «El proceso de la memoria en el hombre hace intervenir no sólo la preparación de recorridos, sino también la relectura de tales recorridos», y «los procesos de relectura pueden hacer intervenir centros nerviosos complicadísimos y gran parte de la corteza cerebral », con la condición de que exista «un cierto número de centros cerebrales especializados en fijar el recorrido mnésico». En particular, el estudio de la adquisición de la memoria en el niño ha dado un modo de constatar la gran función que tiene la inteligencia. Én la línea de esta tesis, Scandia de Schonen afirma: «La característica de los comportamientos perceptivo-cognoscitivos que nos parece fundamental es el aspecto activo, constructivo de tales comportamientos»; y agrega: «He aquí por qué podemos concluir auspiciando que tuvieron lugar ulteriores investigaciones que tienen por objeto el problema de la actividad mnésica, que se dirigen hacia el problema de las actividades perceptivo-cognoscitivas, en el ámbito de las actividades dirigidas ya para organizarse de modo nuevo dentro de una misma situación, ya para adaptarse a situaciones nuevas. Quizá sólo pagando este tributo lograremos un día captar la naturaleza del recuerdo humano, que tan admirablemente pone en situación difícil nuestra problemática». De aquí derivan varias concepciones recientes de la memoria, que ponen el acento sobre los aspectos de estructuración, sobre las actividades de autoorganización. Los fenómenos de la memoria, ya en sus aspectos biológicos, ya en los psicológicos, no son más que los resultados de sistemas dinámicos de organización, y existen sólo en cuanto la organización los conserva o los reconstituye. De ese modo algunos estudiosos han sido inducidos a apoyar la memoria en los fenómenos que ingresan directamente en la esfera de las ciencias humanas y sociales. Pierre Janet, por ejemplo, «sostiene que el acto mnemotécnico fundamental es el “comportamiento narrativo”, que él caracteriza ante todo basándose en su función social puesto que es una comunicación de una información, hecha por otros a falta de acontecimiento o del objeto que constituye el motivo de éste». Aquí interviene el «lenguaje, también producto social». Así Atlan, estudiando los sistemas autoorganizadores, pone en contacto «lenguajes y memorias». «El empleo de un lenguaje hablado, y luego escrito, representa en efecto una extensión formidable de las posibilidades de alcance de nuestra memoria, la cual, gracias a eso, está en condiciones de salir fuera de los límites físicos de nuestro cuerpo para depositarse ya en otras memorias, ya en las bibliotecas. Esto significa que, antes de haber hablado o escrito, un dato lingüístico existe bajo forma de alarma de la información en nuestra memoria». Aún más evidente es que después de las turbaciones de la memoria que, junto a la amnesia, pueden manifestarse también a nivel del lenguaje con la afasia, en muchos casos deben explicarse también a la luz de las ciencias sociales. Por otra parte, a nivel metafórico pero significativo, la amnesia no es sólo una perturbación en el individuo, sino que determina perturbaciones más o menos graves de la personalidad y, del mismo modo, la ausencia o la pérdida, voluntaria o involuntaria de memoria colectiva en los pueblos y en las naciones, puede determinar perturbaciones graves de la identidad colectiva. Los lazos entre las diversas formas de memoria pueden, por lo demás, presentar caracteres no metafóricos, sino reales. Goody, por ejemplo, observa: «En todas las sociedades, los individuos retienen un gran número de informaciones en su patrimonio genético, en la memoria a largo alcance y, al mismo tiempo, en la memoria activa». Leroi-Gourhan considera la memoria en sentido muy lato, distinguiendo de ésta tres tipos: memoria específica, memoria étnica y memoria artificial: «La memoria, en esta obra, está entendida en un sentido muy amplio. No es una propiedad de la inteligencia, sino la base, cualquiera que sea, sobre la que se registran las concatenaciones de los actos. Podemos a este respecto hablar de una “memoria específica” para definir la fijación de los comportamientos de las especies animales, de una memoria “étnica”, que asegura la reproducción de las comportamientos en las sociedades humanas, y, del mismo modo, de una memoria “artificial”, electrónica, en su forma más reciente, que procura, sin deber recurrir al instinto o a la reflexión, la reproducción de actos mecánicos concatenados». En época muy reciente, los desarrollos de la cibernética y de la biología han enriquecido considerablemente, sobre todo metafóricamente, en conexión con la memoria humana consciente, el concepto de memoria. Se habla de memoria central de las calculadoras, y el código genético es presentado como una memoria de la herencia biológica. Pero esta extensión de la memoria a la máquina y a la vida, y paradójicamente a la una y a la otra en conjunto, ha tenido una repercusión directa sobre las investigaciones llevadas a cabo por los psicólogos en torno a la memoria, haciéndolas pasar de un estadio eminentemente empírico a un estadio más teórico: «A partir de 1950, los intereses giraron radicalmente, en parte por la influencia de ciencias nuevas como la cibernética y la lingüística, para desembocar en un camino más decididamente teórico». Por último, los psicólogos y los psicoanalistas han insistido, ya a propósito del recuerdo, ya a propósito del olvido (en particular sobre la guía de los estudios de Ebbinghaus), sobre las manipulaciones, conscientes o inconscientes, ejercitadas sobre la memoria individual por los intereses de la afectividad, de la inhibición, de la censura. Análogamente, la memoria colectiva ha constituido un hito importante en la lucha por el poder conducida por las fuerzas sociales. Apoderarse de la memoria y del olvido es una de las máximas preocupaciones de las clases, de los grupos, de los individuos que han dominado y dominan las sociedades históricas. Los olvidos, los silencios de la historia son reveladores de estos mecanismos de manipulación de la memoria colectiva. El estudio de la memoria social es uno de los modos fundamentales para afrontar los problemas del tiempo y de la historia, en relación con lo cual la memoria se encuentra ya hacia atrás y ya más adelante. En el estudio histórico de la memoria histórica es necesario atribuir una importancia particular a las diferencias entre sociedad de memoria esencialmente oral y sociedad de memoria esencialmente escrita, y a períodos de transición de la oralidad a la escritura, eso que Jack Goody llama «la domesticación del pensamiento salvaje». Por lo tanto, serán estudiadas en orden: 1) la memoria étnica en las sociedades sin escritura, denominadas «salvajes»; 2) el desarrollo de la memoria de la oralidad a la escritura, de la prehistoria a la antigüedad; 3) la memoria medieval, el equilibrio entre lo oral y lo escrito; 4) los progresos de la memoria escrita, desde el siglo XVI a nuestros días; 5) las mutaciones actuales de la memoria. Esta impostación se inspira en la de André Leroi-Gourhan: «La historia de la memoria colectiva se puede dividir en cinco períodos; el de la transmisión oral, el de la transmisión escrita mediante tablas o índices, el de las simples esquelas, el de la mecanografía y el de la clasificación electrónica por serie». Se cree preferible, a fin de poner mejor en relieve los lazos entre historia y memoria que constituyen el horizonte principal del presente capítulo, mencionar aparte la memoria en las sociedades sin escrituras antiguas o modernas, distinguiendo en la historia de la memoria, en aquellas sociedades que disponen al mismo tiempo de la memoria oral y de la escrita, la fase antigua de predominio de la memoria oral en la que la memoria escrita o figurada tiene funciones particulares, la fase medieval de equilibrio entre las dos memorias en la que se verifican transformaciones importantes en las funciones de entrambas, la fase moderna de progresos decisivos de la memoria escrita ligada a la impresión y a la alfabetización, reagrupando en compensación las mutaciones, acaecidas en el último siglo, de aquello que Leroi-Gourhan llama «la memoria en expansión».

[Jacques LE GOFF. El orden de la memoria. El tiempo como imaginario. Barcelona: Paidós, 1991, Segunda Parte, § I “Memoria”, pp. 131-135]

NOTA BENE. Recordemos que los textos que conforman esta obra de Jacques Le Goff fueron publicados por primera vez en italiano entre 1977 y 1979 en forma de entradas para los distintos volúmenes de la notable Enciclopedia Einaudi, dirigida por el historiador Ruggiero Romano. Aquí consignamos los capítulos en castellano de la obra y, entre paréntesis, el número del volumen en que apareció junto con la paginación y el año de publicación de cada uno: “Edades míticas” (V, pp. 886-914, 1978); “Escatología” (V, pp. 712-746, 1978); “Decadencia” (IV, pp. 389-420, 1978); “Memoria” (VIII, pp. 1068-1109, 1979); “Calendario” (II, pp. 501-534, 1977) y “Documento/monumento” (V, pp. 38-48, 1978).

https://introduccionalahistoriajvg.wordpress.com/2013/07/22/%E2%9C%8D-el-orden-de-la-memoria-el-tiempo-como-imaginario-1977-1979/

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