Entrevista con Movses Haneshanyan, 103 años, sobreviviente del Genocidio Armenio

Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, el falleciente Imperio Otomano contaba con dos millones de armenios. En 1922, restaban menos de 400.000. Los demás, alrededor de 1.5 millones, fueron asesinados en lo que los historiadores consideran un genocidio.

Como David Fromkin lo plantea en su elogiada historia de la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias “Una Paz para acabar con Toda la Paz”: “las violaciones y la agresión física eran moneda corriente. Todos los que no eran asesinados directamente eran llevados a montañas y desiertos sin alimentos, bebida o techo. Cientos de miles de armenios sucumbieron o fueron asesinados”.

El hombre que inventó la palabra “genocidio”, Raphael Lemkin, un abogado de origen judeo-polaco, investigó acerca del intento de eliminar a un pueblo entero a través de los testimonios de las masacres a los armenios. No acuñó esta palabra hasta 1943, cuando se la aplicó a la Alemania nazi y los judíos, en un libro publicado al año siguiente “El poder del Eje en la Europa Ocupada”.
Las raíces del genocidio se sitúan en el colapso del Imperio Otomano.

El jefe del imperio era también el califa, o líder de la comunidad islámica. A las comunidades religiosas minoritarias, como los armenios cristianos, se les permitía conservar sus estructuras religiosas, sociales y legales, pero estaban frecuentemente sujetas a impuestos adicionales u otras medidas.

Los armenios, según los historiadores, estaban ampliamente concentrados en Anatolia oriental, su mayoría eran mercaderes o industriales, y aparentaban estar claramente mejor en varios aspectos que sus vecinos turcos, quienes eran en su mayoría pequeños campesinos, funcionarios del gobierno mal remunerados y soldados.

Con la aparición del siglo XX, el gran Imperio Otomano comenzaba a mostrar indicios de derrumbe, en parte por las revueltas de los cristianos del norte , vastas franjas de territorio se habían perdido en las Guerras de los Balcanes en 1912-13, y era el motivo de las conversaciones de café a cargo de intelectuales nacionalistas árabes, en Damasco y otros sitios.

Fuente
The New York Times
Traducción: FIRW

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