Calle Nueva York: sumergida en el olvido a pesar del prometido rescate

Abarca seis cuadras, en Berisso; en 2005 la declararon lugar histórico, pero todavía no fue recuperada; tuvo su apogeo cuando funcionaban los frigoríficos Armour y Swift; ahora proliferan las casas tomadas

Por Agustina Mac Mullen  | LA NACION

Una calle. Eso es lo que hay. En Berisso, unos 60 kilómetros al sur de la Capital, hay una calle que hace diez años fue declarada lugar histórico. Se llama Nueva York: son seis cuadras adoquinadas con viviendas de chapas, conventillos y pasillos oscuros. Se parece a Caminito, pero sin colores ni turistas, en La Boca. Ésta es gris y el vaho cloacal inunda todo.

A metros del Puerto La Plata está este sitio golpeado por el olvido, a pesar de que hace diez años el decreto presidencial 735 resolvió que la calle Nueva York, desde Valparaíso hasta Alsina, es un lugar histórico nacional. En el texto del decreto, publicado en el Boletín Oficial, dice que tuvo su auge en 1930 -con los frigoríficos Armour y Swift como imán de fuerza de trabajo obrera-, que fue la “más cosmopolita de la provincia de Buenos Aires” y que “es un ejemplo de tipologías arquitectónicas de fines del siglo XIX y principios del XX”.

 
La entrada a la antigua casa de los obreros en la calle Nueva York. Foto: Santiago Hafford
 

Hoy, por una puerta de madera agrietada que alguna vez fue el ingreso a una pensión obrera, sale una mujer a barrer la vereda: “Me mudé acá -dice- porque usurparon mi casa cuando estuve internada”. María Rechifort, 56 años, no parece estar enojada. Su antigua vivienda queda a tres cuadras; ahora vive en esta pieza oscura, con manchas de humedad y techos rotos, pero ella sonríe.

En el barrio es común escuchar que alguien le tomó la casa a otro. Se corre la voz de que los inmuebles fueron abandonados por sus dueños o que éstos murieron. La gente los ocupa, los hereda de palabra o compra sus llaves por 10.000 pesos, sin firmar contrato. Pagan el precio de estar atrapados en una zona de nadie.

A comienzos del siglo pasado la Nueva York bullía: fue cuando los inmigrantes llegaron como mano de obra industrial. Sin dinero, pero con la garantía de un proyecto, construyeron sus vidas en torno a estas seis cuadras, a metros de los frigoríficos. Era el camino obligado que hacían unos 18.000 empleados para llegar a Swift y a Armour. Trabajaban por turnos, de modo que en las pensiones les alquilaban camas por hora. La calle nunca dormía.

 
Uno de los 120 locales que funcionaron en el antiguo barrio fabril. 

Hasta que, entre fines de los 60 y comienzos de los 80, los frigoríficos cerraron. El Armour fue demolido y, en lo que había sido el Swift se asentaron fábricas, aserraderos. La gente comenzó a sobrar. Unas se fueron y, las menos, se quedaron. Luego llegaron otras: migrantes de zonas aledañas que no tenían un techo y sabían que acá había viviendas precarias para ocupar.

Ahora viven ahí 4000 personas. Una de ellas es Santiago Rodríguez, de 53 años, El Tucu. Vino de Tucumán hace 50 años para buscar algo mejor y encontró la Nueva York en sus últimos años de esplendor. La vio caer, pero se quedó. “Ésta era una mansión de obreros. Acá había una usina. Allá, una panadería. En la esquina, un conventillo. Enfrente, una fonda griega. En ese baldío, un cine, que fue demolido. Y en el fondo, los vicios: burdeles y casas de juego”, enumera. Todo está cerrado con cadenas y candados.

De todo eso ya casi no queda nada. El Tucu señala un charco en la calle: son las cloacas que, si llueve, rebalsan. Se detiene frente a una construcción vieja, en la esquina de Marsella y Nueva York. “Te voy a mostrar las reliquias del barrio”, promete. Entonces abre el bar que regentea: es el antiguo Dawson, fundado en 1918 por el inglés Tomás Guillermo Dawson, hoy bautizado Raíces. Adentro hay un mostrador, mesas y sillas de madera, y un escenario donde tocan bandas.

El bar tuvo otros regentes: el más recordado, quizá, sea el padre del actor Lito Cruz. “Ayudaba a mi viejo. Como no llegaba al mostrador, me paraba en un banquito para atender. En el 70 lo vendimos”, dice Cruz. Ahora apadrina un proyecto más ambicioso: inaugurar un teatro frente al bar, futura sede del Grupo Comunitario de Berisso. La compra del terreno y la construcción de la sala son subsidiadas por el Ministerio de Infraestructura bonaerense.

De la revalorización prometida cuando la calle se declaró lugar histórico sólo se hizo el readoquinado y se restauró la Escuela N° 9, informaron fuentes de la municipalidad de Berisso. También dijeron que en junio se abrieron los sobres de la licitación para la “reparación de las veredas, la instalación de desagües pluviales y la reconexión de los hogares a la red cloacal”, en el que se prevé invertir $ 6.192.206. Por ahora, todo sigue siendo igual de gris.

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