Nazis en América

GAB

DE CIENCIA HISTÓRICA. Artículo de Jesús García Barcala

Imaginad un auditorio repleto hasta la bandera. Veinte mil hombres y mujeres llenan las gradas vestidos con uniformes paramilitares, pantalones y faldas negras con camisa blanca, y listones rojos en sombreros y mangas. Grandes banderas con la svástica colgando de columnas (y otra con la efigie de george Washington), música marcial alemana de fondo, al tiempo que los seguidores de Hitler extienden el brazo arriba y adelante en la guisa romana. Imaginad que esto sucedió el 20 de febrero de 1939, sólo meses antes de que las tropas alemanas invadieran Polonia desatando el conflicto más sangriento de nuestra historia. Imaginad que esto sucedió en el neoyorquino Madison Square garden. Ahora dejad de imaginar, pues todo esto sucedió en la vida real.

GAB

El rally había sido organizado por la German American Bund (Asociación Germano-Americana), una organización abiertamente pro-nazi formada mayoritariamente por alemanes con nacionalidad estadounidense. Su principal objetivo, al menos en público, era promover una mejor opinión de la Alemania nazi, por entonces no muy favorable entre los norteamericanos.La GAB fue fundada en 1936, a imagen y semejanza del partido alemán para suceder a la organización Friends of New Germany apoyada por Rudolf Hess, y cuyo líder, Heinz Spanknöbel, había fusionado en 1933 varias organizaciones pro-nazis activas en los Estados Unidos desde una década antes. Pero en 1935, Spanknöbel fue deportado por no haberse registrado con las autoridades competentes, tras lo cual FONG fue disuelta. Al contrario de la FONG, la GAB no disfrutaría del apoyo del gobierno alemán.

El primer líder de la GAB fue Fritz Julius Kuhn, un ciudadano estadounidense nacido en Munich y veterano de la Primera Guerra Mundial que ostentaba el título de Bundesführer, o Líder de la Federación. Las tácticas de Kuhn eran mucho más agresivas y abiertamente anti-semíticas que las de Spanknöbel, y fue precisamente eso lo que le alejó de sus correligionarios en Alemania, pues loFritz Julius Kuhn último que quería Hitler era ganarse la enemistad del pueblo estadounidense. Hitler nunca pensó que la ideología nazi tuviera el éxito suficiente en Norteamérica como para poder ganar unas elecciones y formar un gobierno de corte fascista. Su única intención, era intentar ganarse el favor de los ciudadanos para que el gobierno se lo pensara dos veces antes de intervenir en una guerra contra Alemania. En el verano de 1936, cuando durante los Juegos Olímpicos Kuhn viajó a Berlín junto con otros miembros con la intención de entrevistarse con el Führer, lo único que consiguió fue que este los saludara, sin que mediara ninguna consulta. Aún así, Kuhn volvió a los Estados Unidos mintiendo sobre su encuentro y asegurando que contaba con el apoyo de Hitler.

Bajo el liderazgo de Kuhn, la GAB aumentó su membresía mayoritariamente entre los alemanes recién llegados. Los descendientes de alemanes ya integrados en la cultura norteamericana no sucumbieron a los cantos de sirena de un régimen totalitario, al contrario,Miembros de la GABconforme la organización de Kuhn incrementó su presencia en las calles y en los medios, contrarrestaron la actividad nazi con sus propias asociaciones alemanas pro-democráticas. Kuhn organizó la GAB geográficamente en tres GAU (regiones), Gau Ost (Este), Gau Oeste y Gau Oeste Medio, y estas a su vez en Ortsgruppen(agrupaciones locales). En su apogeo, la GAB llegó a tener a cerca de 40,000 asociados, un número que en un país con una población de 130 millones de habitantes no era más que una gota en el mar. Aún así, puede resultar extraño que se permitiese una agrupación de tales orígenes en el país de las libertades, pero hay que tener en cuenta que precisamente ese amor por la libertad permite a cualquiera expresar sus opiniones, por muy groseras que sean. Todo esto mientras se respete la ley. Finalmente, sus diatribas en contra del Presidente Roosevelt, a quien llamaba Frank Rosenfeld, en contra de los judíos y de los comunistas, eran muy populares entre sus seguidores, pero también atrajeron la atención de asociaciones judías y de las autoridades.

Sin duda el culmen de la actividad nazi en los Estados Unidos fue el rally en el madison Square Garden. Varias organizaciones judías alertaron a las autoridades de la posibilidad de altercados si se les permitía un evento de aquella envergadura, pero  Kuhn había prometido a los administradores del célebre auditorio que no habría símbolos nazis ni discursos antisemitas y alegó su derecho a la libertad de expresión y de asociación para evitar que le negaran su uso. Kuhn rompió sus promesas y no faltaron los símbolos nazis ni los ataques a los “enemigos” de siempre. Durante el discurso del Bundesführer, un hombre judío intentó interrumpirlo, pero fue rápidamente detenido por los “stormtroopers” de Kuhn, quienes le golpearon violentamente, y sólo gracias a la presencia de la policía, salvó la vida. Por la tarde de aquel 20 de febrero, la policía de Nueva York tuvo que montar un dispositivo masivo para proteger a los asistentes al rally, lo cual no impidió que en los alrededores, sus antagonistas montaran sus propias manifestaciones.

Rally del 20 de febrero de 1939 en el Madison Square Garden.

Y no eran ya sólo los judíos y otros alemanes. La población norteamericana se veía cada vez más alienada por el discurso de odio de los nazis en su propia tierra. Peor aún, el agravamiento de la situación de los judíos en Alemania y la posición cada día más beligerante de Hitler, obligó a las autoridades estadounidenses a mover ficha. Sólo dos meses después del rally, Kuhn fue detenido por un cargo de malversación de los fondos de la GAB. Según versaba la acusación, Kuhn había desfalcado 14,000 dólares para sus gastos personales, incluídos regalos a una prostituta que frecuentaba. La GAB no secundó la acusación, pues creían en el Führerprizip,que otorgaba a su líder el poder absoluto, pero eso no impidió que este fuese sentenciado a entre dos y medio y cinco años de cárcel en diciembre de 1939. En 1943, poco antes de ser liberado, le fue retirada la nacionalidad estadounidense, y cuando en junio de ese año salió de la cárcel, fue inmediatamente arrestado por ser ciudadano de un país en guerra contra los Estados Unidos. Al final del conflicto fue deportado a Alemania, donde moriría en 1951, pobre y olvidado.

La German American Bund sobrevivió unos meses más bajo la tutela de Gerhard Kunze, ya casi una organización clandestina. Cuando un año después del inicio de la guerra, el gobierno impuso el servicio militar obligatorio, la GAB recomendó a sus miembros evadir el reclutamiento, un delito grave a ojos de las autoridades, por lo cual Kunze tuvo que huir a México. En todo caso, la eventual declaración de guerra por parte de Hitler borró cualquier influencia y presencia pública del movimiento nazi en los Estados Unidos. Esto, al menos por unos años, pues en los años 50, una nueva camada de fanáticos racistas, y no precisamente alemanes, despertó el sueño de una América nazi, que durante las siguientes décadas continuaría avergonzando a sus compatriotas. Pero eso es ya otra historia…

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